HEKA, la magia de los dioses

HEKA, la magia de los dioses

Los seres que aceptan las enseñanzas que provienen de tiempos inmemoriales es porque su espíritu, así se lo sugiere, sienten ansia de buscar la Verdad, el Amor, la Belleza, esencias que le llevan a la armonía del Ser.

Esos seres se maravillan de los misterios de la Naturaleza y del Universo, así como de la naturaleza intrínseca y profunda del ser humano. Sienten el espíritu natural del alma del mundo y del alma humana, por eso sienten sosiego y equilibrio, energía que produce bienestar y coraje para explorar la vida; en tiempos pretéritos ese conocimiento y esa fuerza primigenia se denominaba magia, y el aprendiz a esa sabiduría tenía que pasar unos años de estudio y pruebas antes de las diversas iniciaciones, sabiendo que podía pagar un alto precio; el objetivo principal era recuperar la memoria primigenia, es decir saber quiénes eran y así saber de dónde provenían. Sabían que si eran capaces de recordar podían conectar con esa energía mágica que es el alma universal.

En el antiguo Egipto, a esa potencia creadora de unión, de relación, de transformación, de magia se la llamaba HEKA. Sabían que existía el macrocosmos —universo—, el microcosmos —ser humano— y la parte intermediaria que une a ambos universos, el mesocosmos que contiene parte del alma universal y parte del alma humana. Si logramos ser conscientes de estas tres partes, entramos en el mundo de la magia, de la unión, del universo de Maat, armonía donde la magia del Ser se hace realidad.

Los pájaros cuando vuelan en grupo dejan una estela para que los que vengan detrás puedan seguirla. Así, también nosotros seguimos las huellas de nuestros ancestros cuya trayectoria nos ha llevado al presente. Todo en la Vida está relacionado con nosotros mismos, con los demás, con la naturaleza y con el universo, y cuando rechazamos una parte, consciente o inconscientemente, nos sentimos mal, angustiados, cansados, tristes porque estamos en desequilibrio.

Cada civilización, cada sociedad ha tenido y tiene una visión diferente del mundo. Cada sociedad crea leyes para mantener un orden dentro de sus fronteras, aunque esas leyes no sean iguales para todos los ciudadanos, hoy en día el más fuerte es el que gana, no él más justo. Toda la sociedad necesita de una acción justa para evitar que gobernantes tiránicos impongan sus injusticias. Para evitar las injusticias es necesario que todos nosotros nos curemos el alma de la codicia del poder y dinero, de la mediocridad de ser débiles y no tener coraje para enfrentarnos a la vida; de la ignorancia que nos impide discernir para ver con claridad, del egoísmo que nos lleva a la indiferencia con otro ser humano. No olvidemos que la historia la hacen los seres humanos para bien y para mal, no los países como trozo de tierra ni los dioses.

Ya en tiempos inmemoriales se desarrolló un profundo conocimiento del ser humano, de la naturaleza y del cosmos —del ser humano como ente biológico y alma; de la naturaleza como un principio dinámico cuya fuerza todo mueve y se transforma creando vida para que los seres vivos puedan desarrollarse e ir más allá de lo aparente, yendo de lo uno a lo múltiple y viceversa; del cosmos como ente primordial que todo contiene y es fuerza creadora que genera Vida a través de la Conciencia Universal, en diferentes escalas, evidentemente. El cosmos es el caos ordenado para que la razón humana pueda comprender con todos sus cuerpos su verdadera naturaleza primigenia. Hoy en día hemos perdido la perspectiva del Ser y nos centramos en la pequeña mente racional donde todo se fracciona en lugar de buscar la unidad. Vivimos en lo opuesto a HEKA.

Para volver al mundo de la magia de los dioses hay que desearlo en el corazón dorado, hay trabajar sobre uno mismo, esforzase por comprender los enigmas de nuestra vida y de nosotros mismos, rompiendo velos para ver más claro; como decía Epicteto ir creando nuestra propia escultura, lo que implica quitar lo superfluo. Penetrar en el mundo de HEKA es reconocer el alma, elevar el espíritu hacia el Bien, esencia de Todo, porque cuando hacemos lo correcto todo se armoniza en nuestro interior y como consecuencia nuestro exterior, cambia. La persona está dispuesta a quitarse la máscara y verse como parte indivisible, individuo, entrando en la unidad y sintiendo la vibración de la magia de los dioses, HEKA. El humano que se maravilla de la naturaleza del universo, de la naturaleza como planeta y de la naturaleza del ser humano, vive la magia en su interior, vive libremente y la luz de su interior irradia a través de sus ojos.

Hoy en el siglo XXI pensamos que lo que tenemos prima sobre lo que somos, de ahí vienen el desequilibrio y el desorden tanto en la política social como individual, vivimos en un desorden interior porque nos hemos alejado del orden del cosmos. Hemos perdido el objetivo que es conquistar nuestra libertad y serenidad para poder vivir con dignidad y armonía. Si estamos en la dinámica de buscar la armonía, tomamos distancia de las situaciones, de las emociones y vemos las cosas con otra perspectiva, comprendemos las situaciones, las relaciones y no nos lanzamos de cabeza al conflicto porque nuestro discernimiento nos mantiene en el equilibrio, dejamos de estar en la reacción para centrarnos en la acción de construir y observar para aprender, pues todos aprendemos de todos.

HEKA, la magia de los dioses es el nudo invisible que todo entrelaza, que une el mundo visible de lo manifestado al mundo invisible del universo, cuya fuerza todo anima —el alma del universo, el alma del mundo, el alma del ser humano—.  Somos almas vivas y eternas y podemos sentir en todos nuestros cuerpos la armonía del Universo, principio de Vida. Solo tenemos que recordar para conectar, por eso los antiguos filósofos daban tanta importancia a la memoria.

Vivir en la magia del Alma, de la Vida que todo anima es vivir en otra dimensión donde la justicia y la dignidad son dioses que hay que respetar para vivir en Maat, diosa de la armonía, que gobierna el timón de nuestro Ser donde las potencias de lo Bello, de lo Justo, de la Verdad residen, así podemos vivir según nuestros parámetros sin necesidad de echar la culpa a otros de nuestra torpeza y errores, somos conscientes de nuestra responsabilidad, esta es la magia del ser humano.

Como he dicho anteriormente, la historia la hacemos las personas, no los países, ni Dios. Solamente, los seres humanos creamos el conflicto al olvidar el orden en nuestro interior, somos un reflejo del cosmos y no podemos olvidar los derechos y obligaciones que tenemos.

Aprender a vivir, aprender a observar, aprender a amarnos, aprender a respetarnos, aprender a deleitarnos con la Naturaleza que todo engloba, es HEKA, la magia de los dioses, así dejaremos una estela en el cielo y en la tierra para que los que vengan detrás encuentren fácilmente el camino.

(Libro: “La Naturaleza Sagrada del Ser Humano”. Dibujo Lorena Ursell)

La dimensión de lo invisible

La dimensión de lo invisible

Séneca, decía: “No hay que esperar a que pase la tormenta, hay que aprender a bailar bajo la lluvia”.

Aunque creamos que estamos bien porque tenemos un trabajo, una casa, familia, amigos, vida social, etc., nuestra serenidad y alegría depende del estado que sintamos dentro de nosotros siendo una actitud individual.

En la actualidad nos hemos acostumbrado a vivir bajo el dominio mental y hemos olvidado el corazón, sede de la sabiduría, de la intuición, de la imaginación, estamos perdiendo la memoria porque la delegamos pulsando botones y así nuestra creatividad, se apaga. La memoria es importante para recordar lo esencial que es conocernos.

El conocimiento universal irriga todas las civilizaciones, se ha transmitido oralmente y se han escrito obras sobre el coraje, la amistad, el valor, la justicia, el honor que han calado en lo profundo del ser humano, llevando al apogeo un saber que permitió un bienestar social, sin embargo, también la ignorancia, codicia y miedo de algunos hicieron tambalear dichos pilares de equilibrio creando caos y ruinas; y como todo es cíclico, vuelta a empezar.

El conocimiento es una fuerza manifestada de la sabiduría que proviene del mundo invisible.  Los antiguos simbolizaban esa fuerza como un círculo, con su centro, de donde todo emana; los radios van del interior al exterior y viceversa, así como de arriba abajo, es decir, todo está contenido en ese círculo: lo oculto y la apariencia; nosotros llevamos ese círculo, impreso en nuestro corazón.

Hay un denominador común en los seres humanos mientras vivimos en el mundo —sufrimiento, traiciones, celos y también alegría, amistad, confianza, es decir, estamos siempre en la lucha de los contrarios y esto es nuestra norma de vida—. Los extremos siempre son fuerzas poderosas de manipulación, esclavitud y control. Para equilibrar los opuestos es necesario llegar al equilibrio y para ello tenemos que conocer nuestra relación entre nosotros y los demás, tomar distancia para observar y así comprender nuestra situación y la del otro.

Los seres humanos cuando no entendemos tenemos miedo, por eso estamos tan apegados a nuestro mundo material porque sentimos algo parecido a la seguridad y al bienestar, aunque pocos viven una vida plena de serenidad y alegría. Sin embargo, si nos conocemos y podemos averiguar en qué nos equivocamos, qué deseamos enmendar y qué realizar, la dimensión invisible aparecerá como un sendero para que podamos caminar.

La dimensión invisible va más allá del conocimiento, nos enseña a relacionarnos con nosotros mismos, a tomar distancia para mejor observar, a pensar con el corazón, a ser eficaces porque somos lo que hacemos, nos da claridad de pensamiento y lo mejor es que esas experiencias se viven en la cotidianidad de nuestra vida.

Kabir dijo: “la vida es un juego entre el alma de cada hombre y Dios”.

Einstein dijo: “Soy en verdad un viajero solitario y los ideales que han iluminado mi camino y han proporcionado una y otra vez nuevo valor para afrontar la vida, han sido la belleza, la bondad y la verdad”.

La dimensión invisible nos conduce a la eternidad porque entramos en la dimensión de Maat.

Guía del canario que más sabe de las islas para conocer sus misterios: “Existen los encantamientos”

Guía del canario que más sabe de las islas para conocer sus misterios: “Existen los encantamientos”

  • José Gregorio González expone en ‘Guía mágica de Canarias’ los grandes misterios y leyendas que esconde el archipiélago

  • ¿Qué explica que miles de personas afirmen haber divisado San Borondón, la isla que aparece y desaparece?

  • Los avistamientos de luces misteriosas son populares en la islas, pero el periodista afirma que por el momento “no tiene una explicación”

Canarias, ese archipiélago del que parece que muchos solo recuerdan cuando tienen que planear sus vacaciones para disfrutar del buen tiempo, el sol y la playa, tiene mucho más que ofrecer. Desde las tradiciones propias de cada isla, a la gastronomía y las leyendas que envuelven sus parajes. De esto último sabe mucho el periodista José Gregorio González, autor de ‘Guía mágica de Canarias’ (Ediciones Luciérnaga), un libro que es una actualización del que ya publicó en 2015 y que para él ha sido “apasionante. Con cada tema que afrontaba surgían varios más dignos de ser plasmados”, cuenta a Uppers.

 

En sus páginas te alejas del sol y la playa para adentrarte en los misterios, la mitología o la magia que envuelve al archipiélago canario. A pesar de llevar décadas dedicándose a los secretos de Canarias, González asegura que creando esta guía ha descubierto muchas cosas que le han sorprendido de las que no tenía conocimiento y que, obviamente, ha plasmado en el libro para todo aquel que quiera saber más sobre San Borondón, los guanches o las leyendas que forman parte de las costumbres y fiestas canarias.

 

¿Hay algún misterio que se haya quedado fuera y que tenga ganas investigar? 

Hay bastantes, en especial historias relacionadas con los archivos de la Inquisición en Canarias sobre pactos con el diablo o brujas vampiras. También hay personajes en el ámbito religioso que fueron señalados como hacedores de prodigios. Una cosa que me encantaría hacer en el futuro es sumergirme en aguas de Pechiguera, en Lanzarote, para filmar unas estructuras submarinas que parecen artificiales, callejuelas, escalones, plataformas, es muy sugerente.

 

¿Cuál de todos los enigmas es el que más interés te despierta? 

Soy una persona extremadamente curiosa, de manera que me involucro con verdadero interés en todos. Puestos a elegir, me encanta el enigma de las ‘luces populares’, extrañas luminarias que muestran un comportamiento aparentemente inteligente y que son vistas de manera recurrente, desde hace siglos, en diferentes islas. Me fascina su duración, las reacciones que parecen tener, el número tan grande de testigos… La Luz de Mafasca en Fuerteventura o el Hacho de La Laguna, en Valleseco, Gran Canaria, son dos ejemplos.

 

¿Uno sobre el que te gustaría conocer más? 

Hay un caso ocurrido en La Palma, en 1628, conocido como El Alma de Tacande. Fueron 87 días de fenómenos paranormales que llevaron al Obispado a abrir una investigación y, tras eso, ordenar a todas las parroquias que oficiaran una misa con la que dar luz a dicha alma. En la crónica de ese caso hubo interrogatorios y objetos que surgieron de la nada o marcas dejadas por manos invisibles. Me encantaría encontrar esos documentos y materiales.

 

¿Crees que las Islas son los restos de la Atlántida? 

La historia de Canarias, desde el punto de vista mitológico, está vinculada a la Atlántida. En cuanto a lo geológico y cultural, yo soy partidario de un modelo de Atlántida diferente, vinculada con la configuración de los territorios antes de la última glaciación. En esa etapa, las costas atlánticas de África, la enínsula Ibérica y Canarias eran muy diferentes y el clima era muy propicio para el establecimiento de una gran cultura, como el Sahara como un vergel. Eso cambio al derretirse el hielo y subir el nivel de las aguas. Creo que la Atlántida era una gran civilización ribereña que tuvo que dispersarse, no un continente que se hundió en medio del Atlántico.

 

 

¿Por qué nos fascina tanto el misterio de San Borondón? 

Una de las claves está en que evoca a los paraísos perdidos y las tierras por descubrir, algo que movió a la humanidad durante milenios. Hoy la tecnología nos permite rastrear al milímetro el planeta, y la posibilidad de que existan territorios por explorar, ciudades por descubrir o incluso animales desconocidos, es estimulante. San Borondón nos remite a una isla perdida, escurridiza, envuelta en un encantamiento, en la que se creyó con tanta fuerza que se enviaron expediciones en su búsqueda, además de tener su propio obispo y capitán general. Se cuentan por miles los testigos que la han visto en el horizonte, apareció en una decena de mapas antiguos, fue perfilada numerosas veces, empapando la cultura e identidad canaria. La más reciente observación, con fotos incluidas, fue del diciembre pasado, con lo cual, el fenómeno que originó la leyenda sigue activo.

 

¿A qué cree que se debe el origen de la isla que aparece y desaparece?

Posiblemente es un tipo de espejismo o efecto óptico, con sus rarezas, según los expertos. No son nubes ni es la sombra del Teide, de manera que, descartando que realmente sea una isla fantasma, la solución debe estar en lo óptico. En Canarias existe el fenómeno de los ‘encantamientos’, que nos remite a ciudades y poblados que aparecen en el mar o tierra adentro en determinadas fechas, como la víspera de San Juan. No obstante, geológicamente hablando, el nombre de San Borondón se le asignó a uno de los muchos islotes submarinos que han sido descubiertos por los buques oceanográficos.

 

¿Se comunicaban los guanches de una isla a otra? 

Ese es un debate que sigue abierto. Hay alguna leyenda, como la de Gara y Jonay, que habla de comunicación entre La Gomera y Tenerife, además de referencias en la crónica normanda Le Canarien y especialmente en la obra de Leonardo Torriani. Este ingeniero genovés enviado a las islas por Felipe II planteaba una ruta costera por Gran Canaria, navegación entre Gran Canaria y Fuerteventura, y entre Gran Canaria y Tenerife. Pero, salvo algunos grabados rupestres y lecturas toponímicas, no tenemos restos de estas embarcaciones. Por eso se sigue discutiendo, pero el sentido común también apunta a la existencia de navegación.

 

¿Eran muy diferentes sus costumbres entre islas? 

Las fuentes escritas, las orales y la investigación arqueológica revelan una cultura troncal, es decir, pertenecían al mismo ámbito bereber, pero seguramente eran de tribus y localizaciones geográficas distintas. Eso, y la propia evolución por islas, así como las influencias externas, fueron diferenciándolas en detalles distintivos, como el tipo de construcciones, el arte rupestre, etc.

 

¿Tenían los ojos azules? 

Un porcentaje importante, quizá un 30-35%, los tendrían claros, como el pelo y la piel, predominando el pelo castaño. Eran sujetos altos y fuertes, adaptados a una vida en la naturaleza. Todo ello los singularizaba físicamente frente a los europeos.

 

¿Cuáles son los principales misterios que sigue envolviendo a la población guanche? 

Muchos. Su lugar exacto de procedencia, el origen de su técnica de momificación, los contactos que mantuvieron con otras culturas, el significado de su escritura y arte rupestre, la utilidad de las pintadera e ídolos, la localización de las grandes necrópolis guanches, etc.

 

¿Qué se sabe de las pirámides de Güimar? 

El debate sigue abierto y creo que hace falta valentía para llevar a cabo una verdadera investigación arqueológica que disipe las dudas. En su momento se hicieron sondeos, muy condicionados por la posición belicosa de la Universidad de La laguna.

 

¿Cree que están más relacionadas con la agricultura o con la astronomía? 

Astronomía y culto astral, aunque ligado a la productividad de la tierra y el ganado, todo ello en un contexto aborigen. Sin embargo, las estructuras actuales, de gran monumentalidad, fueron ampliadas y ‘mejoradas’, siguiendo un modelo anterior, por agricultores en el siglo XIX.

 

Habla en el libro de los avistamientos de luces misteriosas. ¿Ha visto alguna? 

En el libro abordo las luces populares, un fenómeno muy misterioso vinculado al ámbito rural, y también menciono el tema OVNI, que tiene un componente, al menos en apariencia, más tecnológico. OVNIs no he visto, pero luces populares sí, en el interior de la Caldera de Taburiente, en una madrugada en la que nos vimos obligados a acampar en un barranco. Fue fugaz, pero las vimos muy próximas.

 

¿Cómo cree que se explican? 

Una vez investigados y descartados aquellos casos que no son genuinos, para el resto de alta extrañeza, no tengo explicación para ninguno de los dos fenómenos. Hace unos meses se publicó un estudio muy riguroso, internacional, que plantea que el plasma, el cuarto estado de la materia que abunda en capas altas de la atmósfera, podría ser una forma de vida, o pre-vida, no biológica. Es un asunto muy interesante, ya que los investigadores lo relacionaban con algunas manifestaciones de OVNIs.

 

También hay mucha magia relacionada con la religión, como la ermita de los Dolores en Lanzarote, construida en honor a la Virgen que frenó las coladas de lava de Timanfaya. ¿Por qué estas historias han calado tanto en la población? 

Vivimos en un territorio volcánico, con una fuerza de la naturaleza imparable, devastadora. En la antigüedad se relacionó con lo maligno y las culturas indígenas realizaban ofrendas para contenerlas. Obviamente, desde el pensamiento cristiano, solo se podían detener por mediación divina, de manera que vírgenes, santos o cruces, intercedían o eran el vehículo de supuestos prodigios que implicaban que la lava se detuviera o se desviara. En la desesperación e incertidumbre, buscamos a qué aferrarnos y respuestas, eso ocurre cada día en la vida individual, y también en la colectiva.

 

¿Puede ser este libro una guía para un turismo alternativo, alejado del sol y la playa que caracteriza a las islas? 

Puede serlo, pero también es complementario a ese turismo, no pretende ser excluyente. Canarias recibe millones de turistas anuales por ese reclamo de playas y sol, así que en ese turismo más de ocio también hay espacio para que conozcan las islas desde sus misterios. Esta guía permite salir del ‘todo incluido’ y la tumbona, y disfrutar con mayor alcance de este territorio.

 

Ofrece siete rutas mágicas, una por isla, ¿cuál es su favorita? 

Imposible elegir. Me encanta la serenidad que trasmite Fuerteventura, la manera en la que las fuerzas de la naturaleza te envuelven en La Palma, los mil misterios de La Gomera, la potencia del Teide o el Roque Nublo. Es imposible elegir.

 

Fuente: UPPERS.ES

El pequeño y la montaña sagrada

El pequeño y la montaña sagrada

Las montañas desde la antigüedad más remota son símbolos sagrados, encierran secretos que son desvelados al buscador del camino de su alma y que esté dispuesto a pasar las pruebas. Las montañas han vivido millones de historias que guardan en sus archivos arcanos dentro de sus cuevas profundas.

Cada nuevo día se sienten pletóricas cuando saludan al astro rey al compás de la música de las musas y este les devuelve el saludo bañándolas con sus átomos de luz para que sigan siendo las hermosas heroínas de las leyendas.  La majestuosidad, la belleza, la fortaleza, la sabiduría de las montañas son arquetipos que nos hablan e inspiran, por eso estamos atraídos por ellas.

Entre millones de historias estaba la de Inko —un niño de mirada brillante y profunda, pero al mismo tiempo sus ojos de ébano transmitían dolor y miedo—, que se acercó a este reino de belleza y silencio. Este pequeño estaba exhausto, su carita mostraba la huella de surcos de ríos secos y su cuerpecito era como pequeñas ramas delgadas sin hojas. Había llegado en una pequeña gruta donde había huellas de otros ocupantes que hicieron un alto en el camino antes de aventurarse por el sendero. El pequeño muchacho se tumbó y se durmió en el acto.

Cuando nuestro compañero el sol emergió para saludarnos, le dijimos que proyectara sobre la cueva sus rayos de luz para que calentaran y despertaran al pequeño, pues hacía dos días que dormía. Así los rayos templaron y despertaron al niño. Estaba aturdido, no sabía dónde estaba, pero se sentía seguro, sus tripas rugieron de hambre. Los pájaros cantores le ofrecieron su trino y su ánimo se elevó, se sintió feliz después de tanto tiempo; salió y vio el riachuelo que traía vida a nuestro valle. Se acercó y bebió el agua que necesitaba, luego se metió en esas aguas azules para lavarse las heridas de su malherido cuerpo. Secándose al sol, sus tripas volvieron a quejarse, se levantó y buscó algo para comer. Descubrió que, a poca distancia, el valle estaba lleno de árboles que le ofrecían sus frutos frescos, también había raíces de plantas que él conocía y que le ayudarían a recuperarse.

Mi reino es la montaña sagrada, solitaria, colosal, eterna, poderosa y da la bienvenida a los valientes que, aunque estén heridos, siguen su camino; ahora le tocaba el turno a ese pequeño hombrecito.

El pequeño Inko era valiente e inteligente, decidió establecerse y explorar las cercanías de su nuevo hogar. Descubrió un camino escarpado y de difícil acceso para aquel que ose molestar a las hojas ambarinas que preceden al silencio y a la gran piedra azul en forma de cubo. Solo aquellos que tienen un corazón sincero pueden acceder a esa gruta donde vive la señora de blanca túnica y corazón azul, una vez hayan superado la prueba. Todo aquel que se aventure en mi reino debe estar en armonía con la naturaleza y con él mismo, si solo visita mi dominio para dar un paseo, el velo del secreto cerrará sus ojos y solo verá una montaña con vistas hermosas sobre un fértil valle.

Al cabo de un tiempo, Inko subió el sendero con determinación, llegó a un terraplén donde había una gran piedra azul en forma de cubo. Se sentó y miró a su alrededor, el paisaje le conmovió, una ligera brisa de arpas trajo belleza, serenidad, armonía, silencio. Mientras estaba recogido y disfrutando de ese regalo de la naturaleza, oyó una suave voz de mujer, el pequeño Inko casi no se cae del susto, no la había oído llegar. “Naki” así se llamaba la señora que viendo al pequeño bañarse en el río de serenas aguas, semanas atrás, supo que era la persona que esperaba desde hacía mucho tiempo —vienen muchos visitantes, pero pocos corazones puros—. Conocía su historia y su valor. Sabía que podía vivir en armonía porque conocía la belleza y el sentido de la vida, el dolor y el miedo, la crueldad y el amor, y ante las vicisitudes en su corta vida, su espíritu se mostró indomable con la violencia. No alberga rencor ni ira, solo una gran herida.  Por eso, su alma lo había llevado a su destino.

Me comunico con mis buscadores a través del sueño y de la meditación, haciéndoles sentir una vibración de alegría para que conecten con sus recuerdos y vuelvan a revivir la grandeza de su ser. Necesitan coraje y voluntad para este viaje que empieza en la cueva de las serpientes o tal vez ramas rotas. Quien controle su mental vencerá en la lucha. Siempre hay un momento en la vida en que el grito de desesperación es el comienzo de un nuevo ciclo que da paso a la esperanza. La vida se percibe intensamente en cada manifestación, sea mineral, vegetal, animal, humano. Todo forma parte de la misma unidad en otra realidad. Naki era la abuela del chamán del poblado de Inko y desde muy pequeño dio señales de que era diferente, no en apariencias, pero sí en su interior. Así poco a poco las enseñanzas se fueron transmitiendo antes de llegar a mí.

Durante su larga estancia en ese maravilloso lugar, aprendió a recordar y a conectar, a sentir y a escuchar la naturaleza, a reflexionar y a meditar. Visitó los archivos arcanos de la gran cueva, comprendió el significado de la Naturaleza, el misterio del ser humano (un átomo de luz crea vida y es ese átomo el que nos devuelve los recuerdos perdidos y nos enseña el camino de regreso).  Una tarde subieron a la piedra-cubo para hacer unos ejercicios y restablecer la energía. Después, se sentaron a ver el atardecer y cuando apareció el sol, algo mágico pasó, se había vestido con sus ropajes reales de púrpura, violeta y dorado, para que Inko viera y sintiera la magnificencia del universo en ese horizonte que es la frontera del sueño donde todo se hace posible al conectar con el recuerdo de la verdad en otra realidad.

Ese atardecer fue especial, Naki también vestía su túnica blanca y azul, reflejo de su corazón. Inko supo de inmediato que algo extraordinario iba a pasar. Cuando volvieron a la cueva sagrada, un hombre alto, fuerte, de pelo largo y ojos sagaces e insondables, les estaba esperando. Se sentaron formando un triángulo; sintió una conexión muy fuerte con ese personaje, este le dijo que tenía que hacer un viaje largo y si quería acompañarlo. Inko estaba perplejo, no quería dejar a Naki y al mismo tiempo deseaba ir con él.

Naki le dijo que había llegado el momento de aprender otras cosas y más tarde, en su momento, regresaría si ese seguía siendo su deseo. Mañana te diré lo que he decidido. Tumbado en el suelo de la cueva y oyendo el silencio de la naturaleza, rememoró su niñez. Las heridas se habían sanado, pero los recuerdos estaban vivos. “Vivía en un pequeño poblado, en el valle, las yurtas de colores, la gente amable, sonriente, los niños jugábamos y aprendíamos de todos los mayores. Era una vida simple y dura debido al tiempo, sin embargo, era una vida tranquila y alegre. Una mañana se oyó ruidos de cascos de caballos y unos jinetes con flechas y lanzas entraron, saquearon y mataron. Yo había ido al bosque a recoger hierbas, por eso no estaba en el poblado. Los vientos trajeron el sonido de la locura. Lágrimas de penas y dolor volvieron a correr sin poder detenerlas. No hay palabras para describir el dolor, el terror y la soledad que deja la crueldad. Toda mi vida desapareció en las cenizas que dejaron de mi pueblo. Unos días más tarde empecé a caminar hacia la montaña sagrada porque el chamán hablaba siempre de una mujer sabia”. ¿Cómo sabré que es la montaña sagrada?, me preguntaba mientras caminaba y una voz suave me decía: “la reconocerás porque cuando la veas no verás una montaña sino belleza”.

Durante un tiempo Inko viajó en compañía de ese hombre atemporal que forma parte de esa fraternidad de sabios que protegen a la Humanidad, se llamaba Itumi “el persa”, así transmitió a Inko secretos, ritos y leyendas, la verdad se va transmitiendo oralmente para que las palabras bailen y el ritmo del viento lleve su mensaje a través del aire. En sus viajes conoció a otros personajes que le instruyeron en diferentes conocimientos, todos ellos tenían un denominador común, la unidad de la humanidad, porque solo en la unidad los valores primigenios del universo pueden ser esculpidos en el interior de cada ser humano para darle un sentido a la vida y que encuentre así su destino. Si no hay sentido, no hay destino.

En uno de sus viajes, conoció a una mujer preciosa y de corazón puro, el viaje con Itumi había terminado, el momento del regreso había comenzado.

Naki les dio la bienvenida y al atardecer volvieron a la piedra-cubo para restablecer las energías y enseñar a la preciosa compañera de Inko el lenguaje del silencio para que pudiera oír las leyendas vivas de las hermosas montañas, el canto de las aves nocturnas, el susurro del agua y el baile de las hojas ambarinas que preceden al silencio, todo forma parte de la naturaleza sagrada del cosmos en la tierra.

Una semana más tarde, Naki llamó a Inko para entregarle las llaves de su reino, la montaña sagrada, y comenzar así un nuevo ciclo.

(Foto privada)

Lúa y la gota de agua dorada

Lúa y la gota de agua dorada

Después de tantas historias fascinantes con algunos seres humanos a través del mundo, nos preparamos para una nueva aventura, el clarín ha sonado para reagruparnos en nubes, los vientos soplan y así comienza el baile para descender a la Tierra.

Esta vez los vientos nos llevan a un hermoso y tranquilo paraje en medio del Atlántico, una pequeña isla poblada por gentes amables y generosas. Hay un volcán cuya energía es especial, aunque muchos lugareños lo hayan olvidado. Existen montañas muy altas de lava que crean paisajes muy hermosos que dan vida a épocas pasadas.  El choque entre dos nubes produjo un fuerte destello de luz y formamos unos fuegos artificiales de gotas doradas que bañaban esa naturaleza extraordinaria.

Me llamo Lúa, en esa época tenía diez años, era traviesa, vivaracha y muy alegre. Vivía en un pequeño pueblo de pescadores en una pequeña isla del Atlántico. Iba al colegio de mi barrio. Era obediente, aunque no estaba de acuerdo con muchas cosas tanto en casa como en el colegio. Esto ya me trajo algún que otro problema a mi corta edad, pero vivir como una marioneta nunca me gustó. Soy diferente solo por el hecho de no seguir la corriente.

Todo comenzó hace muchos años cuando una noche de verano empezó a caer una gran tormenta de rayos y mucha agua. Sentí una curiosa sensación, necesitaba salir al jardín para sentir esa fuerza indomable de la naturaleza, oía gritar a mi madre: “¡no salgas!”, sin embargo, no pude contener ese impulso y salí. Vi una cortina de agua cristalina con destellos dorados, caía con tal ímpetu que me quedé embriagada y paralizada al contemplar esa belleza. Sentí una energía tan grande que abrí los brazos para recibir ese baño de agua de las estrellas.  Recuerdo que por mi cara fluían pequeños riachuelos y una gota dorada penetró en mi boca, sentí un extraño sabor en mi garganta.

En ese momento, mi pequeño cuerpo se convirtió en el universo donde el vacío y el todo eran uno, millones de puntos luminosos en continuo movimiento, cuya vibración producía una música sutil y armoniosa. Vi un puntito en el infinito universo, la Tierra. Observaba todo el conjunto a la vez y recordé que muchas veces, en esos momentos de silencio perfumado por las estrellas de los jazmines, miraba al cielo y veía chispas doradas, moviéndose en el aire a toda velocidad, sin chocar, todo está impregnado de ellas. Mi mirada volvió a ese universo de puntos luminosos; de pronto un grito me devolvió a la realidad física, esa experiencia duró una milésima de segundo, fue instantáneo, pero mi alma todo absorbió. Mi madre enfadada salió a buscarme y me hizo volver a casa. Esta vez su regañina no me importó, ese instante mágico cambió mi vida para siempre. Mis padres estaban acostumbrados a mis “arrebatos incoherentes”, mi comportamiento no les parecía el apropiado a una niña pequeña.

Decidí no contar mi experiencia, esa noche soñé con riachuelos que nacían en la ciudad de cristal, con reflejos de colores del arcoíris que recorrían mi cara, como rayos dorados que desembocaban en el océano de mi corazón, algo cobraba vida en mi interior. En el silencio de la noche estelar oí notas musicales que envolvían mi alma, oí una voz: “aunque pequeña, eres curiosa y valiente, tesoro que debes guardar siempre; siente la magia de tu alma para que elijas quien quieres ser; cada mañana el sol iluminará tus ojos para que paso a paso comprendas el sentido de tu vida. No seas una marioneta, sigue tu camino, posees el coraje de tu corazón y la valentía de tu alma, ambos necesarios para levantarte cuando caigas y seguir avanzando por el camino del silencio de los jardines de la vida. Solo encontrarán alegría en el juego de la vida, las personas que se maravillan cuando ven la belleza y el coraje de una flor que lucha por nacer en una roca; las personas que se embriagan del perfume del rocío de las estrellas; las personas que oyen el vals del otoño cuando las hojas caen al ritmo del viento para unirse a la tierra y volver en primavera. Afronta la realidad y no te dejes embaucar por los miedos que se forman en tu imaginación. Cuando te sientas confundida ve a tu corazón donde todo guarda su memoria y te recordará que para avanzar caerás y te levantarás con más fuerza y claridad”.

La esfera dorada me llevó a través de mares y montañas para que viera la grandeza y belleza de la naturaleza. Nos adentramos en montañas primigenias, valles con hermosos árboles centenarios, ríos impetuosos donde habían crecido grandes civilizaciones que dejaron una huella en los templos construidos según el código de belleza. En un momento dado, la gota dorada se posó sobre un loto blanco que crecía en un precioso lago de montaña, tranquilo y sereno, donde se reflejaba el cielo, que solo la brisa del viento lo mecía suavemente cantando canciones de antaño. Visitamos las profundidades del lago, ese mundo subterráneo tan rico y diverso cuyas raíces son el alimento de todo lo que vemos. No soy Lúa, soy parte de ese misterio del universo que todo contiene y es.

Me desperté serena, rememoré mi sueño y esa voz del aire se hizo palabra en mi diario. Sentía esa fuerza que vibraba en mi interior y me empujaba a buscar respuestas, ese instante mágico fue mi punto de inflexión.  El día era, como siempre, soleado, salí a coger lapas con mis amigos, disfrutaba de su compañía, de nuestras risas y juegos. También había un deseo oculto, deseaba sentir esa magia del agua, sin embargo, solo sentí un recuerdo, y, una vibración muy profunda me hizo llorar, supe que esa maravillosa gota de agua se unía a ese gran océano azul para poder elevarse de nuevo al mundo celeste y proseguir sus viajes eternos en el corazón de los humanos. Le agradecí con toda mi alma esta aventura.

A partir de ese momento fui “normal” para mis padres y amigos y “diferente” para mí, la magia de mi universo interior empezó a germinar como una semilla. De niña fui muchas veces incomprendida; solitaria, de adolescente y feliz de madura. He pasado por cientos de aventuras, con caídas y sueños rotos, pero me he levantado porque esa voz me repetía: ¡no te rindas! Así mi vida se ha ido forjando con mis decisiones y hoy soy la persona que quiero ser, vivo la vida que me hace crecer y sentir bien. La vida es el camino de regreso a la conciencia universal, comprender nuestros pensamientos, emociones, acciones, para decidir si queremos nutrirnos del mundo celeste y terrestre o solo de las apariencias exteriores.  Los seres humanos tenemos la capacidad de crear y destruir, solo depende de nuestra elección.

Recuerdo a menudo la extraordinaria experiencia de la gota dorada, la magia de la vida, los misterios de los seres humanos que van unidos a los misterios de la naturaleza, por eso nos sentimos tan bien cuando estamos en medio de un bosque, del mar, de la montaña porque la naturaleza nos ama y nos protege.  Heráclito decía: “La naturaleza ama esconderse, sin embargo, revela sus misterios a quien la ama”, somos parte de ese mundo visible e invisible.

Los padres tenemos la responsabilidad de ser guías para nuestros hijos y no imponer nuestros criterios a golpes sin dialogar con ellos. Los niños deben ser respetados, amados y dejar que su creatividad emerja y se desarrolle; todos los niños tienen un gran poder de captación, de observación, de sentimiento, de creatividad que no hay que apagar, sino todo lo contrario, seguir alimentando esa llama de vida que es la que guiará sus vidas.

(Foto privada)