Carrera de la esperanza

Carrera de la esperanza

HOMENAJE A LA MUJER POR SU FUERZA CONTRA LA LUCHA DEL CÁNCER

Participar en la carrera de la vida

es luchar, experimentar y sentir cada célula

de nuestro cuerpo para que

las que están dañadas

recobren su brillo y fuerza.

La vida no se sobrevuela, la vida se saborea

aunque haya momentos en que el cuerpo se estropea,

se arruga, se encoja de miedo, dolor y sufrimiento.

La carrera por la vida no es ir deprisa,

es lanzarse al vacío con las invisibles alas

de la confianza y esperanza.

Con mano y puño de hierro la mujer

baila con deseo de gritar al viento

que desea vivir porque la vida es

amar y ser amada, es luchar con coraje

para recibir la frescura y el frenesí

como recompensa de haber

saboreado las especias al vivir.

La mujer sigue bailando con esa sonrisa

enigmática que la caracteriza, a pesar

de su suspiro porque tiene la boca

llena de soledad y tristeza,

sabe que las mujeres risueñas

no caminan, sino que danzan por la vida

porque en su corazón

está inscrito a fuego el amor.

La carrera de la vida es una actitud de lucha,

de fuerza, de amor, de esperanza para todas las mujeres

que han experimentado como su cuerpo se frunce

y, sacando miedos, que como hojas mecidas

por el aire del otoño, bailan con paso firme

y, al ritmo de las maracas

avanzan en la carrera de la vida

que es la carrera de la esperanza.

 

La mujer y la guerra de sexos

La mujer y la guerra de sexos

Cuánta tinta se ha derramado en el papel y cuántas voces se han alzado para recordarnos la triste realidad de que la mujer no es considerada ni reconocida en algunos países como parte integrante de la humanidad.

La mujer ha librado muchas batallas porque ha vivido silenciada por ser una sombra durante mucho tiempo, incluso, en nuestra época actual, en ciertos territorios se la sigue considerando un objeto que se puede romper, sin consecuencias.

Siempre en la historia de los humanos, ha existido sabios que han defendido la unidad de la Humanidad, sin distinción de género (femenino y masculino), pues ambos proporcionan el florecimiento de la civilización. Sin embargo, sabemos que a la mayoría de estos sabios los mataron debido a que su mensaje de igualdad, fraternidad, libertad no convenía a ciertos individuos porque significaba que su poder disminuía, así empezó un acoso hacia la mujer para arrinconarla y someterla a la voluntad de su encarcelador.

Siempre ha habido mujeres valientes y guerreras que han dejado su huella y no se han rendido, incluso cuando su vida estaba a punto de apagarse, el grito de libertad salió desde su profunda garganta para que el viento llevara su eco a todo el planeta. Así, ese eco ha llegado a nuestros días y aunque este panorama sea tan doloroso, la mujer sigue luchando por recuperar el lugar que le pertenece tanto individual como social.

Una pequeña muestra de mujeres heroicas que han defendido con coraje y valentía la vida y el conocimiento, cambiando el rumbo de la historia de la humanidad, la tenemos en Teano (s. VI a. C.), Hipatia de Alejandría, (s. IV), Fatima al Fihriyya (s. IX), Hildegarda de Bingen (s. XII), Juana de Arco (s. XV), Frida Kahlo (s. XX), Teresa de Calcuta (s. XX), Hannah Arendt (s. XX), Golda Meir (s. XX)… Durante muchos siglos la mujer ha dejado huellas que, aunque, las han querido borrar, vuelven a la superficie trayendo mensajes de fuerza y entereza. En la actualidad hay mujeres heroicas de renombre y otras anónimas —científicas, pintoras, periodistas, políticas, defensoras de derechos humanos, amas de casa, cantantes, empresarias, visionarias de la moda, revolucionarias…—, todas luchadoras por la libertad, por la igualdad, por la vida, siendo las voces de esperanza en lugares donde solo se oyen ecos de lágrimas silenciosas de sufrimiento por su imposibilidad de ser o existir por ellas mismas.  A todas esas violaciones de los derechos humanos de la mujer, hay que añadir los crímenes por violencia de género en cada país de la tierra y que van en aumento —¡triste realidad! —, donde el grito de respeto y derecho a la vida queda ahogado con el último suspiro de vida.

La mujer, muchas veces, se siente ultrajada por tantas injusticias, pero no está asustada, pues tiene valor suficiente para levantarse y caerse cuantas veces sea necesario para luchar y defender el espacio que le pertenece. Durante sus batallas ha sido esclava, sanadora, guerrera, protectora de su familia, científica, filósofa, soberana, educadora, creadora… obteniendo grandes logros a costa de muchas lágrimas, pero su máximo prodigio es ser portadora de la luz de otro ser humano y para ello es necesario amar incondicionalmente a pesar del agravio. Su valor, coraje e ímpetu no tienen límites, su lucha es implacable, por eso es capaz de resurgir de las cenizas como el Fénix una y otra vez.

Su lucha es por el reconocimiento de ser y existir, por eso baila vestida con colores de luz y pies descalzos al ritmo de los latidos de su corazón que son ritmos de libertad para no ser nunca más fragmentada por abusos de ignorancia y violencia.

(Dibujo Carla Hoyos.  Libro: “La Sabiduría de las palabras”)