por Ángeles Carretero | Ago 26, 2026 | Artículo
Manos llenas de vida
Hace tiempo que debía ir de visita a casa de una amiga, pero las circunstancias de la vida la fueron posponiendo. Me hacía mucha ilusión poder verla y charlar, como solo se habla con las amigas: confidencias, sentimientos, problemas y alegrías. Al final pudimos cuadrar nuestras agendas y fui a pasar unos días a su casa.
Tenemos por costumbre tomar un aperitivo al atardecer en su terraza con vistas al jardín de múltiples flores de colores —rosas, margaritas, lirios— junto a bellos árboles donde anidan pájaros que con su canto alegran a todos. Estaba tan absorta en este decorado que un ligero ruido me sobresaltó. Me volví y vi a una señora sonriente, de pelo blanco, cuya cara es la prueba del reflejo de todas sus vivencias. Ayudada de su bastón, poco a poco llegó a su lugar favorito, un sofá rojo, que se encuentra frente a mí. Era la madre de mi amiga. Nos miramos, sonreímos, pues hacía mucho tiempo que no nos veíamos; comenzamos a charlar sobre la belleza del jardín y, poco a poco, empezó un viaje hacia sus recuerdos; viaje donde el tiempo saltaba, donde los recuerdos trotaban y las palabras dibujaban.
Yo escuchaba atentamente y revivía con ella sus propias vivencias; sus ojos claros se llenaban de melancolía, de alegría, de tristeza, de generosidad por esas vivencias que tallaron su vida.
Sus ojos claros sonreían porque la fuerza de su alma seguía intacta; el tiempo lineal cansa y debilita el cuerpo biológico, mientras que el alma aprende de cada experiencia. Su cara se iluminaba al sentirse viva. “Le encantaría volver a tener amigos porque prácticamente todos se han ido, para conversar y aprender cosas de la vida”, decía. Esto me hizo sentir una alegría serena. Observé que la fragilidad del cuerpo es ajena a la fuerza del alma.
Poco a poco, su relato se hizo más intenso. Historia real contada por alguien que vivió duras y amargas experiencias cuando vivía en el norte de Francia y los alemanes llegaron. Siendo muy niña, su padre las envió a otra región; dejando absolutamente todo atrás, era cuestión de horas, no hubo tiempo de coger ni un muñeco, solo quedaron los recuerdos del corazón y las huellas sangrantes de la huida.
Familia de refugiados, sin documentos, que conocieron las ausencias, las carencias, la soledad y los desplazamientos. Recordaba que cuando tenía que hacer un viaje largo por su seguridad, era una prueba tremenda a su temprana edad, pues todo el viaje era un continuo sufrimiento aumentado por la separación de sus padres; sin embargo, también era un bálsamo al estar con sus tíos porque hacían que la ausencia fuera menos intensa, así como las carencias.
Estas experiencias, a una edad tan temprana, fueron importantes y se quedaron impresas en su corazón; creció con un sentido del deber profundo que aún hoy en día sigue latiendo en su corazón. Ayudar a su familia era primordial, ya que las penurias y la hambruna cobraron un alto precio a su alrededor. Trabajó muy duro, y muchos de sus sueños se fueron en bicicleta. Unas lágrimas agridulces llenaron sus ojos azules, y su fragilidad se hizo más patente, si puede decirse. Recuerdos que tocaron su alma. Dejé que ese momento íntimo la llenara de serenidad.
Después de unos minutos, observé que su mirada era profunda, una sonrisa amable de confidencia y gratitud. Supe al instante que nuestra conversación era muy importante para ella, pues era revivir su vida desde otra perspectiva, desde la añoranza de cosas que pudieron ser diferentes; sin embargo, hoy en día se siente orgullosa de su vida, de sus logros, de su familia.
Le pregunté qué vivencias fueron las más bonitas en su larga vida y sin dudarlo, respondió: el nacimiento de su hija y el encuentro con su marido. Cada noche, sin excepción, antes de dormir, dedica un tiempo para dialogar con él y termina con una plegaria para que vuelvan a estar juntos en el otro mundo. Una sonrisa y unas lágrimas dulces resbalaron por esos surcos del río de la vida.
El silencio se instauró y de pronto dijo: “Cuando repica la campana, la vida cambia, cambia de horario, cambia la vida, y también anuncia el descanso”. Me quedé en silencio y la miré para que siguiera ese hilo de recuerdos. Domingos en la iglesia, descanso después de un duro trabajo, ropa hilvanada por ella para pasear del brazo de su marido, orgullosa y bella.
Tiempos de escasez, tiempos de añoranzas, tiempos de migraciones, tiempos de reencuentro, tiempos de trabajo duro para poder comer algo, ya que la guerra siempre es injusta, mata y destruye hasta los campos.
Estas palabras están dedicadas a esa persona especial, cariñosa y alegre que la vida me ha presentado para aprender de esa mirada serena y alegre, y me repite una y otra vez que la vida es lo más hermoso que tenemos, que ella desea vivir unos años más para poder conversar, aprender y confiarse a ese amigo que desea encontrar.
Siempre me ha gustado conocer personas y sentarme a charlar para compartir vivencias, alegrías y penas que son el fruto de una vida vivida durante nuestra efímera existencia.
Algunas vidas nacen cuando las campanas repican y otras vidas dejan ausencias cuando doblan las campanas.
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Estas palabras son un reconocimiento afectivo hacia esta persona tan amable, cuyos ojos sonríen porque siguen sintiendo esa fuerza de Vida a pesar de sus luces y sombras.
También es un homenaje a todas las personas mayores cuyas voces se apagan porque no las escuchamos y olvidamos que gracias a sus esfuerzos construyeron la vida que hoy tenemos. Pienso en mi madre, que nos ha educado con principios, valores y mucho esfuerzo; que nos ha querido con su corazón tierno, aunque a veces en silencio, y nos ha ayudado con todo lo que ha podido.
Gracias de corazón a todas ellas por los surcos que la experiencia de la vida les ha dejado en la fortaleza de sus almas.
por Ángeles Carretero | Jul 26, 2026 | Artículo
La memoria arcaica está presente en todo y todos y es necesario rememorarla para comprender nuestra modernidad individual y social. El presente está inscrito en el pasado.
La soberanía es propia del ser humano, al igual que es propia a todos los pueblos de la tierra y abarca territorio, cultura, tradición, idiosincrasia, gobierno, es decir, lo que llamamos patria —grande o pequeña—. La soberanía es la unidad de la pluralidad del individuo y del pueblo.
La soberanía implica dejar a cada pueblo ser quien es y a través de su cultura, buscar la mejor forma de vida para todos; una vida que no destruya moralmente al otro por la codicia de algunos.
Cada país, sea de la talla que sea, tiene derecho a su existencia, a su riqueza, a su libertad, a su gobierno. Cada país debe guardar como un tesoro único su cultura, sus tradiciones, sus creencias, creando un tejido social donde todos quepan y al mismo tiempo, compartirlos con otros seres humanos en el respeto. La visión de cada persona sobre su vida depende de sus propias experiencias, ya que son nuestros recuerdos, emociones, pensamientos, decisiones los que dictan las normas de nuestra conducta. Si somos coherentes con nuestra forma de pensar y actuar, observaremos como el presente está enraizado con nuestro pasado. Así podemos transformar nuestro presente futuro en un movimiento ascendente.
Es importante que seamos conscientes de la soberanía individual y colectiva para crear lazos de solidaridad, fuente que nutre el bienestar entre todos los pueblos de la tierra, sin importar su talla. No podemos vivir en un desierto afectivo donde no existan ojos que brillen, caras que sonrían, manos que escriban poesía para que las voces canten a la vida. Todos somos seres humanos y formamos parte de la única familia humana que existe en el planeta.
La soberanía, al ser un derecho innato, es dignidad, honor, belleza, y que mejor que la poesía de la vida para expresar su existencia. A la poesía le gusta cantar a la belleza de la verdad, al bien, a las alegrías y a las penas, porque todo es vida, pero jamás cantará para disminuir a otro ser humano.
Las palabras que componen el canto a la soberanía del ser son palabras de resistencia al descontrol, a la manipulación, a la violencia. En estos momentos actuales, el tiempo se acelera porque vivimos en una espiral de movimiento acelerado dirigido hacia una sima donde la soberanía no es un derecho, sino un eslabón de una cadena invisible.
El autorrespeto y el autoconocimiento son necesarios para que nuestra soberanía del ser sea respetada y que los pueblos avancen entrelazados en su diversidad —cultura, saber, idiosincrasia— y en su individualidad, en su soberanía.
La soberanía es un derecho inherente a todas las tribus que pueblan el mundo, llámense pueblos, estados, naciones… Todos somos soberanos y nos debemos respeto, creando leyes con justicia para todos, que se cumplan y que todos podamos vivir mejor.
Miles de personas anónimas son gigantes humanos que dejan huella en nuestros caminos para recordarnos que cada nuevo día es una nueva oportunidad para que no abandonemos nuestros sueños de libertad propios a nuestra soberanía.
por Ángeles Carretero | Jul 12, 2025 | Artículo
La arrogancia es peligrosa y somete con amenazas a la gente a través del miedo; nos postramos ante ella porque nos sentimos débiles, frágiles, indefensos ante las consecuencias. Sin embargo, los países amenazados deben unirse para hacer un frente común de fuerza a esas amenazas.
Echando una mirada al pasado y al presente, observamos que la puerta de la libertad sigue en pie. La puerta de la libertad —vida, paz, compasión, amabilidad, dignidad y respeto— está construida por los deseos más profundos de los seres humanos que buscan el bienestar general. Esta puerta es indestructible pese a los ataques de los nuevos gobiernos totalitarios, donde el diálogo político no existe y se aterroriza a la sociedad. La soberbia y la crueldad ganan batallas inmediatas, pero la libertad siempre saldrá victoriosa al final, porque la fuerza del espíritu que cada ser humano posee es más poderosa, pues es fuente de vida.
En este mundo globalizado, los gobiernos arrogantes tienen por objetivo unificar en una sola regencia el poder del planeta y esto se consigue anulando la libertad y la dignidad de los seres humanos.
Ante las atrocidades a las que asistimos, no podemos ser indiferentes; debemos alzar la voz por aquellas personas que no pueden y por nosotros mismos; es intolerable estas matanzas que hay en todos los continentes del mundo. Nos dirigimos hacia el abismo, hacia un mundo de estatuas de barro.
Los gobernantes poderosos creen que tienen el derecho de arrebatar vidas y de anexionar territorios porque su política expansionista y absolutista lo dice; no olvidemos cuál es su objetivo. Un ejemplo lo tenemos con la IA, recordemos que detrás de ella hay humanos que todo desean controlar. Nuestra identidad profunda, nuestra libertad y libre pensamiento se están enterrando en subsuelos de rejas para que nuestra conciencia permanezca dominada. Estos tiranos ignorantes no saben que la libertad y la conciencia vuelan, porque son la fuerza de vida en el universo y en la tierra, y jamás serán dominadas.
En estos momentos, el poder del materialismo ha desbancado al poder humanitario, a los derechos civiles, a los derechos internacionales, a los compromisos de paz. Estos autócratas se creen intocables; sin embargo, la puerta de la libertad cada día se hace más grande porque los partidarios de la NO VIOLENCIA tocan los corazones sensibles de los humanos que luchan por la paz y cuyo eco hace vibrar a otros corazones.
El grito de sí a la vida, sí a la paz, sí a la convivencia, sí a las culturas, sí a la humanidad, es el grito de la humanidad unida, contra el terrible sinsentido de nuestro actual escenario. Si perdemos nuestra humanidad y valores, perderemos el sentido y el control de nuestra vida, para entregarlo a los devoradores de libertad, que violentan las leyes según les plazca, aniquilando culturas, tradiciones, conocimiento y saber para someternos bajo la bandera unicolor, el poder planetario.
Vivimos en un planeta precioso donde todos cabemos, cada uno con su cultura, su tradición, su forma de pensar. Somos una humanidad múltiple, diversa y esa es nuestra riqueza. Tenemos que alzar la voz de la NO VIOLENCIA para recuperar el orden, la vida, la dignidad, la libertad.
La voz de los silenciados vuelve a oírse con más fuerza; no se permitirá aniquilar a más pueblos, culturas, tradiciones para obtener más poder y control. Los que esculpen al monstruo de mil cabezas para destruir el planeta y a la humanidad deben saber que al final serán ellos los devorados.
El planeta no puede poseerse, forma parte del universo y seguirá así eternamente; en cambio, el ser humano pertenece a la tierra, es efímero, frágil y con una corta vida, y a la hora de partir no se llevará ni su nombre.
Pacifiquemos las relaciones entre los humanos para entrar por la puerta de la libertad junto a los partidarios de la NO VIOLENCIA y mejorar nuestra vida, creando nuevos escenarios de paz.
por Ángeles Carretero | Jun 7, 2025 | Artículo
La serenidad es un sentimiento que se adquiere cuando nos esforzamos por hacer el Bien —vivir con dignidad frente a nosotros y a los demás, vivir con generosidad, con orden y con justicia—, así, todo a nuestro alrededor florecerá. En cambio, cuando nos alejamos de la serenidad, entramos en el campo de batalla de la confusión, la violencia y el conflicto.
Hay que recordar en dos líneas de dónde proviene la causa del alejamiento del Bien. La razón y la ciencia hicieron huir a los dioses en el siglo XVII y se culminó con la revolución francesa en el siglo XVIII, al colocar en el pedestal a la diosa razón —momentos de terror, barbarie e irracionalidad—. Momentos oscuros que, como paradoja, se denominan “iluminación”. Como contrapartida a esas situaciones terroríficas que tocaron a toda Europa, surgió, entre otros, el movimiento Romántico del siglo XVIII/XIX, cuya mirada se volvió hacia la antigüedad, a los dioses, a los héroes, a las tradiciones para salir de esa oscuridad que había elevado a la razón como ser supremo.
Estos románticos nacieron como reacción al racionalismo y se volvieron hacia Grecia, Roma, Edad Media, se hicieron las grandes peguntas de antaño sobre el ser humano, buscaron la estética, la belleza, afloraron los sentimientos, las emociones —al ser partes esenciales del ser humano—, cuya expresión se plasmó en el arte, la literatura, la música. Estos románticos sentían melancolía del pasado, donde los “dioses” se codeaban con los hombres. Lo invisible volvía a formar parte de lo visible.
En la actualidad, creemos que lo antiguo es obsoleto, y que ahora somos los más inteligentes con tanto progreso y globalización, pero en mi opinión no lo somos y estamos muy lejos de acercarnos a esa Belleza del Bien; en cambio, somos marionetas guiadas por personajes que no desean que reflexionemos por nosotros mismos, nos hacen creer que somos libres, pero no lo somos, aunque vivamos en nuestro confort, estamos controlados por todos los artilugios tecnológicos. Sin embargo, hay millones de personas que sobreviven bajo la crueldad de unos cuantos que airean sus atrocidades en banderas. Los conflictos armados actuales son hordas de criminales que destruyen a seres humanos para conseguir un trozo de tierra, o por alcanzar más control social. Vivimos en el inframundo de los seres oscuros, un lugar frío y feo, alejado de los dioses y de la Belleza.
Otro punto importante es la homogeneidad como denominador común, y cuanto más iguales somos, más nos adormecemos y nos robotizamos. Sabemos que el precio a pagar por la diferencia es el aislamiento. La historia de la humanidad está para conocerla y tratar de no cometer los mismos errores una y otra vez: miles de años de guerras, millones de personas muertas y millones de víctimas. Vivimos en una época de “progreso tecnológico y científico”, pero seguimos actuando como chusmas terroríficas.
Cambiar este panorama es labor de todos, alzando nuestra voz junto con la de los dioses que, a través de las palabras del alma, nos dicen que el Bien es el mayor valor de la Vida que tenemos para que todos podamos vivir en paz. La Humanidad es un ente vivo cuya diversidad y mestizaje nos maravillan si somos capaces de abrir los ojos a la Belleza; no podemos privar a nadie de sus creencias y culturas.
Tal vez deberíamos hacer como los Románticos, romper con esa “manipulación” y volver la mirada hacia el Bien y la Belleza que nos traen serenidad.
La NO VIOLENCIA es la herramienta que vence a la violencia. Hagamos el silencio para escuchar la voz de nuestra alma que nos permite sentir seguridad que es la base de vuestro bienestar, la serenidad.
La esperanza nos dice que la luz siempre penetra la oscuridad.
(Foto privada. “La Punta del Hidalgo”, Tenerife)
por Ángeles Carretero | May 20, 2025 | Artículo
La Naturaleza está formada por células de materia que corresponden a la vida terrestre, al igual que los seres vivos que la habitan, incluidos los seres humanos. Sin embargo, toda fuente de Vida proviene de la energía vital del Alma; sin esa energía vital, nada existiría. La Naturaleza es, pues, un ser vivo que interacciona con todos sus habitantes.
Oigo y siento, en lo más profundo de mi ser, el lenguaje universal de la Naturaleza. Mi consejero y amigo, el “Roble”, mi árbol sagrado, que tanto me ayudó y me sigue ayudando, me enseñó que la Naturaleza es alegría, que debía abrir mi corazón para poder oír sus palabras y melodías y ver y sentir la esencia de la belleza en sus colores y fragancias. Desde mi encuentro con él, hace varias décadas, mi vida cambió profundamente y el amor por la Naturaleza y la Vida creció abriéndome a nuevos horizontes. Me gustaría compartir parte de esas enseñanzas y vivencias para que seamos conscientes del lugar en que vivimos y de los compañeros que tenemos.
Como sabemos, el ser humano es el intermediario entre el cielo y la tierra, así como los árboles, gigantes verticales, que absorben la energía solar y la transmiten al mundo subterráneo para su alquimia y hacer brotar las semillas. El mundo subterráneo es un lugar mágico donde miles de animales fertilizan a la tierra y las raíces de todos los vegetales se comunican, se ayudan y guardan su memoria para renacer continuamente según sus ciclos naturales.
En la antigüedad, el humano y la naturaleza formaban la Unidad. Nuestros ancestros tenían un gran conocimiento de las leyes universales y vivían conforme a ellas. Hoy en día, el ser humano se ha distanciado de la Naturaleza, de sus leyes naturales y la ve como algo separado, por este motivo no vemos la excelencia de otros pueblos, y esa diferencia nos produce confusión al vivir en las apariencias de la vida social, cuando en realidad esa Unidad es un tesoro que palpita en nuestro interior.
Los bosques han estado en la tierra desde hace millones de años y los seres humanos que la habitaban vivían en armonía con ellos y sus habitantes. Nuestros ancestros sabían que la Naturaleza es una inteligencia colectiva, que todo está unido porque todo procede de la misma energía, aunque todo lo manifestado sea diverso y múltiple. Para comprender esta enseñanza tenemos que unir y no dividir. No podemos seguir destruyendo nuestro medio de vida porque destruimos nuestras vidas.
Estos bosques primigenios enseñaron a los humanos sus secretos, se establecieron lazos de cooperación, amistad, respeto, conocían la magia de sus espíritus y guías, ya que interactuaban para establecer la armonía. Conocían el lenguaje universal de la Tierra, la existencia de los mundos invisibles y visibles; subterráneos y manifestados; por ello conocían los ciclos de la naturaleza, ese movimiento vivo que es renacer continuamente. Los autóctonos de todos los países del mundo saben que el bosque sagrado de la Naturaleza es fuente de Vida, medicina sagrada para todo aquel que lo necesite y lugar de descanso de todos sus habitantes.
En nuestro mundo actual observamos la vida desde una pequeña perspectiva, investigamos en nuestros cuerpos biológicos desde la muerte, no tenemos en cuenta la fuerza vital de la Vida. Nos hemos alejado tanto de las leyes naturales de la Naturaleza que hemos olvidado que somos parte integrante de la Energía Universal creadora porque somos seres de luz y humanos, espíritu y materia.
Gaia es un lugar sagrado y contiene la energía vital necesaria para crear vida. Solo hay que abrir el corazón para sentir esta energía universal. Estos bosques sagrados se encuentran por todo el planeta y no pertenecen a ningún pueblo o raza porque son nuestra herencia sagrada. Cada país, cada cultura aporta su sabiduría, de ahí la importancia de respetar a todo y a todos.
El lenguaje universal de la concordia forma parte de nosotros y de nuestros ancestros, de los bosques, de Gaia y del cosmos. Todo en el cosmos interactúa con la Naturaleza, ya que es tierra ancestral y su energía proviene del Alma creadora.
La Vida de Gaia, nuestro querido planeta, habla con silencios musicales para que nuestra vida sea alegre y nos unamos a ese árbol vertical que solo espera un abrazo para ayudarnos a comprender y a elevarnos.
(Dibujo Lorena Ursell. Libro «Biografía de mi Alma»)
por Ángeles Carretero | Nov 30, 2024 | Artículo
Somos hijos de la tierra y del cielo estrellado; por lo tanto, somos artesanos alfareros de nuestra obra.
La desventura, la humillación, la manipulación producen un dolor profundo que deja una huella para siempre si no sabemos sanarla desde su esencia, para ello es necesario atravesar el abismo entre la discordia y la armonía.
La vida comienza con caminos de esperanzas que van cambiando o no, de acuerdo a nuestros pasos; llegado el momento, los recuerdos de esa vida, que son un baremo de nuestras vivencias, nos harán tomar conciencia de nuestras decisiones, porque somos capaces de elegir entre el bien y mal en nuestro corazón.
La alquimia trabaja en profunda correspondencia con la mística para ennoblecer a la humanidad, uniendo el alma humana con el alma suprema del universo. El profundo deseo de saber nos lleva a realizar el máximo esfuerzo, antes de juzgar lo que desconocemos, debemos estudiar e investigar para comprender que la Sabiduría nos enseña que el corazón es libre y debemos encontrar el coraje para seguirlo, solo bebiendo de ella seremos conscientes de que la naturaleza en toda su gran dimensión es un ser vivo, que todo está en correspondencia (emociones con colores, planetas con metales —el sol con el oro, la luna con la plata…–); comprendiendo la interdependencia universal asumiremos nuestro rol en la tierra con tolerancia, respeto y compasión.
La mística es el camino espiritual que conduce al ser humano a la unión íntima con lo sagrado, a través de nuestro interior —somos maestros y discípulos, a la vez—, lo que nos permite trascender lo irracional; comprender que somos espíritu y materia. El espíritu se encuentra en cada lugar, cosa y en cada gesto, pues es la fuerza esencia que ES, materializándose en nuestro cuerpo para que podamos vivir, existir y ser; llegado el momento, la materia, también, se espiritualiza para comenzar conscientemente el camino vertical hacia los recuerdos primigenios. Esta energía, si no la sentimos y experimentamos, está fuera del razonamiento humano.
La alquimia es universal, ha estado presente en todas las civilizaciones antiguas —India, Egipto, Persia, China, Grecia antigua…—, es decir, es tan antigua como el ser humano. Los antiguos alquimistas dejaron símbolos, imágenes para que otras personas pudieran comprender y descodificar esos “códigos”, ya que esos símbolos tocaban algo universal en su interior y abrían puertas en su mente, por ejemplo, la unión del sol y la luna como ejes de la vida. También esos alquimistas comprendieron que la naturaleza es una fuerza viva que contiene todo el conocimiento terrestre, pues sin ella nada existiría, ni siquiera nosotros, sin embargo, para adentrarnos en esa sabiduría hay que respetar sus leyes naturales (observarlas, conocerlas, comprenderlas) para que sus misterios nos sean revelados.
La mística y la alquimia se unen para realizar la transmutación (cambio de conciencia) en el corazón/atanor, donde los contrarios se disuelven y se crea el nuevo embrión de nuestro ser. De ahí la importancia de la alquimia en nuestra vida. Lo sagrado no puede disociarse de la conciencia humana porque forma parte de su constitución, es un elemento de su estructura. Lo sagrado nos lleva a desvelar el misterio del hombre universal. Lo sagrado es lo que da sentido a nuestra vida; somos conscientes de por qué hacemos las cosas.
Cuando Carl Jung descubrió la alquimia, la consideró vital para conocer y transmutar la psicología de las profundidades.
“El yo es el centro de la conciencia, isla, (mundo conocido) que existe en el océano inconsciente (mundo desconocido), sede del Ser. El objetivo de cada ser humano es llegar a la individuación, ser indivisible, unidad.
Jung marcó cuatro etapas que debemos recorrer para llegar al Ser:
Primera. Es la etapa de la confusión, de lo que no aceptamos, de lo que negamos. Nuestro yo se enfrenta a sus sombras.
Segunda. Es la fase de la correspondencia, todo está entrelazado. Asumimos, aceptamos, observamos sin juicios nuestras sombras. Es la etapa de la purificación. Es aquí cuando nos volvemos más seguros de nosotros mismos, empezamos a tener consciencia de nuestra isla y de nuestro océano. Empezamos a cambiar nuestra actitud.
Tercera. Encuentro con los arquetipos del subconsciente. El hombre posee parte femenina (Anima) y la mujer parte masculina (Animus). Uniendo a los contrarios nos elevamos como seres completos, sin discriminación. Aceptando que somos un todo, nos abrimos a una energía más sutil.
Cuarta. Es la unión del Ser con la Luz. Ser un humano universal que trasciende culturas, civilizaciones, tiempo/espacio”.
La mística y la alquimia nos llevan a la búsqueda de lo Absoluto. La bondad en el corazón es necesaria para iniciar el proceso en el atanor, horno alquímico. Estas pinceladas que he expuesto, son para que podamos comprender el proceso que se repetirá a lo largo de nuestra vida, una y otra vez, a medida que vayamos avanzando y evolucionando en nuestra conciencia.
El ser humano que busca conocerse es porque siente nostalgia de su Ser (aunque sea inconscientemente), se esfuerza por encontrar el sentido de su vida, y aunque su confusión y dolor lo hagan caer cientos de veces, su deseo de saber se fortifica para seguir su búsqueda; es vital conocer la intención de nuestros actos.
En nuestros días hemos dado la espalda a nuestra isla y océano, conciencia e inconsciencia, lo que nos genera confusión, malestar, violencia, ira al alejarnos de la unidad porque nos identificamos a las máscaras de las apariencias, estamos tan absortos en nuestro pequeño ego que creemos que somos más inteligentes e importantes que la naturaleza, cuando en realidad debemos ser humildes ante ella.
La mística y la alquimia espiritual se revelan a través de imágenes, símbolos para que podamos entender como humanos su significado, que no son fantasías imaginativas. Ambas ciencias se experimentan en nuestro interior y están envueltas en secretos, misterios que hay que investigar y descubrir para comprender que es en la unión de los contrarios cuando se engendra el embrión de la Unidad.
Realizar el arte de la alquimia mística como símbolo y conexión entre lo terrestre y celeste y viceversa, nos lleva a construir el puente que une el alma humana al alma suprema del universo, pues, somos hijos de la tierra y del cielo estrellado.