El Cristo olvidado

El Cristo olvidado

“El hombre dice: “esto es bueno, aquello es malo, pero ignora todo el sentido del par”.  Sabiduría Maasaï.

Siempre ha habido grandes eventos en la historia de la vida que nos han enseñado a corregir la imperfección del mundo a través  de nuestras acciones individuales y colectivas.

El ritmo de la vida se mueve en un continuo vaivén sereno y equilibrado, en cambio los seres humanos nos movemos en un continuo desequilibrio debido, entre otras cosas,  a la aceleración con que vivimos la vida –no tenemos tiempo de detenernos un instante para plantearnos preguntas y menos aún para oír las respuestas que, seguramente, nos llevarán a algún lugar desconocido.  No vemos a nuestro vecino. No sentimos el coraje de la flor cuando emerge después de un duro invierno. Ignoramos que  la nieve esconde tesoros bajo su capa blanca y da de beber a todo aquel que lo necesita, además de preparar el terreno para que en primavera todo emerja con fuerza y belleza. No viajamos a través de la ventana de nuestra creatividad, pues hemos olvidado el puente de cristal que nos lleva hacia nuevos universos–. Al vivir tan acelerados nos encadenamos a nuestro mundo material, frágil y efímero mediante eslabones de nubes oscuras que nos impiden ver el cielo azul y ser seres verdaderos en permanencia porque seguimos siendo niños asustados tocados por nuestros miedos. Sin embargo, cuando nos movemos al compás del vaivén sereno y equilibrado de la vida vemos lo bella que esta es –su complejidad y multiplicidad son hilos de colores luminosos y cristalinos de una misma madeja, la humanidad, y para seguir tejiendo lazos hermosos y complejos debemos comprometernos con nosotros mismos y saber cuál es el sentido de la vida–.

Cuando somos seres humanos en permanencia nos damos cuenta del sentido de la unidad y somos capaces de comprender que el “otro” es una prolongación de nosotros mismos, al ser todos parte de un Todo, como dice la enseñanza del Cristo olvidado; aunque muchas personas sigan intentando fragmentar dicha unidad para dividir y controlar mejor, lo que lleva al enfrentamiento de las leyes terrestres binarias: “bien y mal”.

La energía de Cristo es la presencia invisible del átomo universal que todo crea y está en todas partes –en la risa, en la tristeza, en el vagabundo, en el príncipe–, esa presencia invisible nos hace sentir que somos algo más que un cuerpo material y nos permite cambiar la  desdicha de nuestra vida en dicha, siempre y cuando aceptemos en nuestro corazón de cristal la esencia del alma y no sigamos rechazando lo que somos como ser humano. También, es el nexo entre lo visible e invisible que extiende sus rayos en la profundidad vulnerable de la miseria humana para que podamos tomar consciencia de nuestros sentimientos y actos y, así, volver al corazón de cristal, unidad de la esencia del Ser Humano verdadero.

Durante eones hemos construido edificios a base de creencias absurdas –pecados, culpabilidades, mentiras, oscurantismos y miedos–, sin embargo, muchos sabios a través de los grandes eventos de la vida, han dejado su huella de conocimiento y sabiduría en libros de piedra para que las generaciones venideras pudieran tener una vida mejor, insistiendo en que hay que “ser éticos y morales, buscar el bien común para todos; usar el discernimiento, ser disciplinados, respetuosos, transigentes, generosos y aceptar quiénes somos”, lo que nos procura sabiduría, coraje y lucidez para encontrar la puerta de salida  del laberinto de los deseos, pasiones, soberbia, avaricia, vanidad, complejos y sufrimiento.  Es hora de ir dejando a un lado los dogmas impuestos de castigo y culpa para entrar en la vibración del amor, lucidez, sentido común y alegría a través del  autoconocimiento, conciencia, responsabilidad ética y moral.

La reconciliación entre los seres humanos es necesaria y vital,  no existe mayor atrocidad que el fratricidio. La ley universal de la no violencia debe aplicarse para que las masas se puedan liberar y vuelvan a recordar que la energía de Cristo es la energía de la Unidad. Esa unidad produce una vibración que nos hace saber que somos creadores de nuestra vida a través de nuestros pensamientos, palabras y acciones. Cada uno es su propio jefe interior y nadie ni nada puede quitarnos esa libertad de elección.

Para recuperar al Cristo olvidado debemos recuperar la alegría y la verdad que son el origen de toda creación y nos ayudan a cambiar las circunstancias, restableciendo el equilibrio. Recordemos que la felicidad es ser feliz uno mismo y ofrecer esa felicidad al otro, así cumpliremos el objetivo de nuestra vida que es vivir en paz con uno mismo.

(Foto national Geographic de la web)

El camino de la libertad

El camino de la libertad

Un punto de inflexión es la forma natural que tiene la vida de marcar el antes y el después de una experiencia y nos lleva a la línea de salida para otra nueva vivencia, dándonos la oportunidad de dejar atrás al antiguo yo y renacer al nuevo yo.

Toda nuestra vida es un sendero por el que debemos recorrer paso a paso; la libertad es el derecho que tenemos para transitar conforme a nuestras elecciones las cuales siembran nuestro camino. Nuestra actitud optimista o pesimista nos pone en un camino u otro, llevando en nuestra memoria celular la huella que nos ha dejado  nuestra experiencia anterior a nivel físico y psíquico –cada emoción tiene una carga emotiva lo que provoca reacciones en el cuerpo biológico–; no podemos olvidar que la perseverancia y el esfuerzo son recompensados.

El camino de la libertad exige consciencia y responsabilidad. La libertad interior refleja nuestro mundo exterior del cual somos autor y actor.  Antes de sentir la magnificencia de la libertad hay que comprenderla; mientras vivimos en el mundo del ego damos vueltas y vueltas en nuestro laberinto de pensamientos intransigentes, dogmáticos, etiquetando erróneamente cualquier creencia o diferencia que no comprendemos por ser diferente a la nuestra; con la incomprensión nace el juicio que nos encadena a ese dolor que proviene de nuestra elección. Hay que aprender a desaprender los conceptos  impuestos, las medias verdades e ideas erróneas  que nos han inculcado desde pequeños y mucho antes; solo así podemos empezar a ver para aprender a observar nuestro cuerpo biológico y nuestra psique que nos mandan señales de que algo no va bien, ayudándonos a comprender lo que nos pasa para corregir nuestros errores en lugar de iniciar una lucha interna y externa que solo hiere a todos.

El deseo es uno de los carburantes más poderosos que poseemos los seres humanos. La libertad implica un cambio en nuestra vida y cuando estamos en la línea de salida estamos preparados para  trascender los velos que nos envuelven y ver lo que hay detrás de ellos, la Vida. Muchos anhelan dicho cambio, pero se sienten incapaces de hacerlo debido al miedo y prefieren seguir viviendo en su vulnerable protección, han olvidado que el antídoto al miedo es el coraje que existe dentro de ellos. Una vida sin entusiasmo es vivir en la indiferencia, en la monotonía del aburrimiento de nosotros mismos.

La vida de los seres humanos está definida por la polaridad, pero cuando unimos esas dos fuerzas opuestas encontramos el equilibrio que nos lleva a la unidad y no a la división, es decir, a vivir la vida con una mente abierta y no egocéntrica.  Vivir es estar en la polaridad, crear o destruir; la libertad nos permite elegir, sabiendo que todo tiene su efecto y causa.

El camino de la libertad es el camino de la sabiduría cuyos puntos de inflexión, a través de nuestra experiencia, nos hacen sentir que somos capaces de elevar nuestra consciencia para engendrar el embrión de trascendencia que nos lleva a una vida mejor. La libertad nos proporciona coraje y nos muestra el objetivo que deseamos alcanzar cuando luchamos por un mayor bienestar tanto individual como social. Todos tocamos en positivo o en negativo la creación de nuestro mundo y nos acerca a las diferencias de los demás. Hay que abandonar el rechazo de reconocer al otro el derecho de pensar diferente, de respirar a su ritmo, de amar cuando su corazón vibra.

El camino de la libertad es nuestro sendero de vida y se alimenta con nuestras decisiones, si son optimistas construiremos pueblos de soñadores –restituyendo la memoria de los valores perdidos en la humanidad–, donde la utopía triunfa sobre la distopía; si son pesimistas seguiremos en nuestro mundo conflictivo, creando guerras y caos que solo nos trae sufrimiento y dolor porque los valores de la humanidad siguen perdidos.

Todo depende de nuestra elección porque somos libres de elegir, así es  el ciclo natural de la vida.

(foto privada)

El desafío del renacer

El desafío del renacer

“Philoteus Jordanus Brunus Nolanus, (…) profesor de la sabiduría más pura e inocente, conocido en las mejores academias de Europa, filósofo (…), despertador de los espíritus dormidos, adiestrador de la ignorancia presuntuosa y contumaz, que profesa un amor general a la humanidad en todas sus acciones (…). (“Giordano Bruno. Filósofo y hereje”. Ingrid D. Rowland). En esta carta Giordano Bruno describe su profundo sentir y da voz a muchas almas que anhelaban un cambio tanto en la estructura social como religiosa del momento. Su propia experiencia de la vida le llevó a tomar consciencia de que somos algo más que carne y hueso; somos energía-conciencia que desea volver a la unidad de la esencia de la que procedemos.

Tras las mentiras se esconde la verdad. En los siglos XV y XVI hubo un renacer del saber acompañado de Conocimiento. Ese proceso de búsqueda del saber fue lo que impulsó a recuperar textos, mitos, símbolos milenarios para sacarlos de nuevo a la luz. El renacimiento surgió en medio de un eclipse donde las sombras cubrieron a la luz, pero su resplandor era tan fuerte que fue visto y sentido por seres humanos que tomaron consciencia de que los sentimientos de amor proceden de esa verdad escondida por lo que decidieron ser ellos mismos luminarias al servicio de la humanidad, con el fin de que las sombras de la ignorancia y del fanatismo fueran absorbidas por ese resplandor y así recuperar el olvido que tanto sufrimiento produce. Estos hombres y mujeres lucharon hasta su último aliento para proteger el fuego de la antorcha de la sabiduría.

El renacimiento no sólo pertenece a una época; ha habido muchos renacimientos desde tiempos inmemoriales; hay un renacer continuo en la vida para ayudar a regenerar al planeta y a la humanidad tal y como establecen las leyes de la naturaleza y del universo. Esos seres humanos universales hablaban el lenguaje del universo, sabían que la esencia del alma vive en cada hombre, cuyo centro es un diamante bruto que está protegido en la cripta de nuestro corazón. Ese diamante refleja, a través de su resplandor, nuestra vida interior en el exterior manifestando nuestras ideas, acciones y sentimientos.  Se restableció la importancia de la relación del ser humano con la naturaleza. El hombre universal sabía que: “el gran desafío del renacer es llegar a la Unidad desde la consciencia en la materia. Como dijo Hermes Trismegisto “Dios es una esfera infinita cuyo centro está en todas partes  y cuya circunferencia en ninguna”.  Al mismo tiempo que se producía una elevación de conciencia, su opuesto aparecía creando caos, fanatismo e ignorancia.

El conocimiento, la relación de los opuestos, la geometría sagrada, la proporción divina siguen latiendo con fuerza en nuestros días; el resplandor del sol renace cada día dejándonos oír la música de las esferas sí sabemos escuchar el silencio. Todos los grandes seres humanos son esencia de estrellas que habitan en la bóveda celeste, protegidos por la diosa Nut y nos embriagan el alma con su dulce néctar de sabiduría, “conócete y ámate a ti mismo para que el universo te ayude, pero antes debes ayudarte a ti mismo a comprender cuál es la relación entre tú yo y el cosmos, donde todo es”.

En nuestro siglo XXI seguimos luchando por ese renacer -Unidad, Libertad, Plenitud-. Educar para sacar de la ignorancia al ser humano, mirar el pasado y sanarlo para crear el futuro son retos que la humanidad tiene como objetivo. Para experimentar la vida tenemos que coger el cayado y echarnos a caminar que no a andar; habrán caminos estrechos y afilados  vigilados por las sombras  del caos e ignorancia, pero la antorcha de la sabiduría sigue encendida y su resplandor llega a todas partes para iluminar el camino que conduce al conocimiento que se encuentra donde habita la esencia de las estrellas: la bóveda celeste, las piedras, los lienzos, los pergaminos, los bosques y nos sigue enviando su mensaje: “aprende a reflexionar por ti mismo, hay que ser creadores y no imitadores”; como decía Pitágoras: “Sé tú mismo y sé el universo”.

Rubén Darío, escribió el maravilloso poema “Ama tu ritmo”  que describe la esencia del universo.

Ama tu ritmo y ritma tus acciones
bajo su ley, así como tus versos;
eres un universo de universos
y tu alma una fuente de canciones.

La celeste unidad que presupones
hará brotar en ti mundos diversos,
y al resonar tus números dispersos
pitagoriza en tus constelaciones.

Escucha la retórica divina
del pájaro, del aire y la nocturna
irradiación geométrica adivina;

mata la indiferencia taciturna
y engarza perla y perla cristalina
en donde la verdad vuelca su urna.

–oo0oo—

El hombre es cuadrado y tierra.

El hombre es círculo y universo.

(Pixabay. Dibujo de Leonardo da Vinci. Vitruvio)

El sabio olvidado

El sabio olvidado

Este artículo es un reconocimiento a todos los sabios, incluidos nosotros mismos, cuya valía y amor han sido anulados y relegados al olvido, en especial a Yosef el carpintero –padre de Yeshúa bar Yosef, más conocido como Jesús de Nazaret–. Yosef, además de carpintero de profesión, era gran Maestro esenio, sanador del cuerpo y del alma, cuya misión fue preparar y acompañar a Yeshúa, física, emocional, mental y espiritualmente para que pudiera llevar a buen término la gran Obra de amor a la Humanidad.

Como padre Yosef amó a Yoshúa incondicionalmente, como Maestro lo respetó y guio; siempre estuvo a su lado para ayudarle a superar y a transformar las sombras de su corazón, como cualquier ser humano tiene en su interior. Durante dos mil años, Yosef fue relegado al olvido y   las enseñanzas de Yeshúa fueron pisoteadas y olvidadas por brutales choques de fanatismo, ignorancia, codicia… enterrándolas en un pozo profundo, pero su semilla germinó creciendo a través de la oscuridad y emergiendo después de un largo camino como un loto blanco en señal de fuerza y belleza.

Aparte de Yosef, Yeshúa tuvo otros muchos maestros –esenios, druidas, hindúes, persas, egipcios, chamanes…– su formación fue un compendio de diversas filosofías y saberes a través del planeta, pues la esencia del amor es universal y cada filosofía basada en el amor contiene la esencia divina. Durante su intensa formación, tanto sus Maestros como Yeshúa dejaron claro que la fe es una experiencia propia que hay que vivirla y no una creencia a ciegas; también hicieron hincapié en no crear dogmas, religiones ni construir espacios cerrados donde fuera el único lugar aceptable para hablar con el Eterno; todo en el planeta es espíritu transformado en diferentes manifestaciones y todo ha sido creado por el Creador, por lo tanto, cualquier lugar es perfecto para el contacto directo de corazón a corazón sin necesidad de intermediarios; esta enseñanza también fue ocultada  y tergiversada por religiosos fanáticos y hombres de poder.  Ningún fanatismo escribe bellas baladas.

A través de la Historia muchos sabios como Akenatón, Hipatia, Pitágoras, Sócrates, Avicena, Isaac Luria… y otros miles más, lucharon para integrar, en la vida cotidiana de las personas, la máxima: “ámate y conócete a ti mismo para poder conocer el universo de tu alma que todo contiene y todo puede realizar”. A pesar de los milenios transcurridos seguimos viviendo en la sombra del sol –en las apariencias engañosas del exterior, en imponer nuestros criterios, en poseer en lugar de ser creando necesidades innecesarias, nos escudamos en nuestras máscaras para hacernos creer que somos otras personas, lo que trae sufrimiento, resentimiento y frustración, impidiéndonos  bucear en nuestro interior porque tenemos miedo de ver en qué nos hemos convertido–. El camino hacia dentro genera luz en el corazón; cuanta más sombra se diluya en la luz, más luz sembraremos en los áridos campos del olvido. Toda vivencia es necesaria, tanto exterior como interior, para transformar y recordar que el objetivo del camino siempre es amarse y conocerse a uno mismo.

Al igual que Yeshúa estuvo rodeado de maestros que le enseñaron a transformar sus bajos instintos como ser humano para llegar a ser un ser espiritual, nosotros también tenemos maestros que nos enseñan en nuestra vida cotidiana para aprender de nuestras experiencias y descubrir nuestros más bajos instintos, solo así podemos aceptarlos y transformarlos;  como seres humanos somos seres de luz y sombra, ambas necesarias para esculpir nuestro nuevo yo. También existen seres invisibles que nos envían sus mensajes a través de intuiciones, sentimientos, susurros  para  que la antorcha del recuerdo vivido vuelva a iluminar el tesoro de nuestra alma. A medida que aprendemos a elevar nuestra conciencia, podemos observar maravillados la trama de los acontecimientos de nuestra vida; todo está entrelazado por hilos de energía dorada que abren la puerta del alma invitándonos a ver la flor del corazón cuya semilla se alimenta de luz; en cambio cuando ignoramos esos mensajes nuestra vida se vuelve árida por haber perdido los nutrientes de la esencia del amor.

El hombre que no se reconoce como su propio creador es porque tiene atada a su conciencia las bridas de la ignorancia y del temor, al dejarse arrastrar por los ríos de las leyes impuestas de la sociedad, contrarias al universo. Sócrates hablaba de la bondad, de la belleza, de la sabiduría, del respeto, del valor, todo necesario para amarse y conocerse y así vivir la vida que se merece. Decía: “la vida sin discernimiento, no merece la pena ser vivida”. Los valientes bucean en el océano de la vida; los débiles se dejan arrastrar por mareas de ríos que fluyen en dirección contraria y viven a través de la máscara del olvido.

Las enseñanzas de los sabios siguen brillando hoy en día; nos recuerdan que somos un ser espiritual con luz propia encarnado en ser humano al que debemos respetar y honrar; depende de cada uno de nosotros que encendamos o apaguemos la antorcha del recuerdo vivido, esencia del alma, principio que todo es, fue y será.

(foto privada)

La alquimia y el aire

La alquimia y el aire

La alquimia nos ayuda a tener conciencia del aprendizaje constante en la vida y nos lleva a abrir puertas que van más allá de lo visible y conducen a la felicidad.  Vivimos en un mundo de diversas realidades, unas se construyen con la nobleza de espíritu, otras se destruyen con la miseria moral, opciones que nos da la vida.

El aire es una joya que se encuentra fundida en nuestro corazón y da vida al cuerpo cuando hablamos y entregamos nuestra alma a través de un beso de amor. La respiración, inspirar–espirar, es el mecanismo natural que tiene el cuerpo para darnos energía y calma; lo hacemos inconscientemente sin saber el milagro que se opera en nuestro cuerpo. A través del aire, los dioses hablan a aquellos que quieren escucharlos. Los caminantes que escuchan y sienten su vibración se  transforman en guerreros de la vida que luchan por levantarse cada vez que se caen: “sin combate, el guerrero de la vida no existe”, decía el viento a su amigo.

El aire es la fuerza que hace que las olas se levanten, que las hojas bailen, que las ideas vuelen, que la paz emerja; que los susurros sean vivos, que las palabras sean oídas, que las caricias sean sentidas; que los olores viajen a través del tiempo en forma de recuerdos… El aire forma parte de todo y nos guía durante nuestra travesía a través de la respiración, a veces entre caricias por la brisa cálida, a veces entre la devastación que remueve el corazón.

El alquimista utiliza las dos caras de las emociones y pensamientos para transformarlos en caras sonrientes, sabe que la fuerza surge de la acción y la voluntad de la sonrisa. Su objetivo es ennoblecer nuestra vida, la luz irradia y hace brillar lo que está a su lado. Quedan muchos secretos de la vida y del universo por descubrir, todos están inscritos en el libro del aire que viaja sin cesar por nuestro planeta desde sus comienzos y, así será, hasta su final. El alquimista nos susurra invitándonos a detenernos un momento para reflexionar y descubrir los tesoros escondidos en el agua, en la arena, en los bosques, en las montañas y principalmente en nuestra alma; la clave para la transformación es desaprender lo aprendido, hay que experimentar en la lucha cotidiana el amor, esencia y fuerza motriz de la vida que es, fue y será; su huella está integrada en el alma de cada cosa y ser vivo, sin esa esencia nada podría existir porque todo está hecho de ella. Esa esencia es lo que produce la fuerza para que el viento baile con las olas, para que el abrazo de las semillas con la tierra germine, para que la vida en todo ser vivo sea pacífica y próspera; en esencia el cuerpo y el espíritu no están en guerra.

La alquimia nos pone en contacto con nuestra otra mitad, el verdadero Yo. Esto produce un bienestar profundo y descubrimos, paso a paso, que somos una parte entera y no necesitamos las apariencias ni las comparaciones para existir. Rumi decía: “No te sientas solo, el universo entero está en ti”.  Cuando descubrimos y aceptamos que nuestro Yo es nuestro compañero de vida, la vida que conocemos  cambia y nos pone en el sendero del bienestar que conduce a la felicidad, que aunque no es el objetivo, sí es sentir que estamos en el buen camino  y es, este proceso, lo que nos llena de alegría con los pequeños milagros que la vida nos regala cada día. El alquimista siempre está buscando y transformando, sale de los límites y busca la trascendencia, conocerse a sí mismo es el principio de la sabiduría, para ello necesita comprender los entresijos de su vida. Él sabe que somos almas encarnadas en un traje físico y que debemos honrar nuestro cuerpo y venerar nuestra alma.

Pasan los tiempos y quedan las memorias que circulan en el aire, nada es estático todo es movimiento, no hay fronteras ni límites. Einstein decía: “todo es energía, y es todo lo que debemos comprender en la vida”. Energía que nos hace vibrar y nos ayuda a recuperar el olvido para afrontar miedos y superar sufrimientos. Los miedos y sufrimientos son un imán que atrae lo que más tememos mientras giramos en la rueda de vida. La falta de dignidad es lo que marchita a la humanidad.

Misterios y secretos del universo que esperan ser descubiertos en nuestro laboratorio de alquimia, entre ellos recuperar a nuestro mejor amigo para que las alas vuelvan a nacer y emprender de nuevo el vuelo hacia la libertad de ser y existir.

¡Que los vientos del pasado y del presente se junten para ofrecernos un nuevo canto del alma custodiado por los guardianes de las melodías de los dioses!

Foto del libro “la Sabiduría de las Palabras”

Maestros espirituales revolucionarios

Maestros espirituales revolucionarios

Los auténticos maestros espirituales han sido grandes revolucionarios, a través de sus palabras y hechos han transformado el mundo y su huella perdura en el tiempo.

Estos Maestros –hombres y mujeres- se enfrentaron al poder político y religioso de su época al volar por encima de las ideas y dogmas establecidos,  por lo que fueron asesinados, excomulgados, vilipendiados, encarcelados… Ellos prefirieron el riesgo al confort, lucharon y crearon una autopista desde el universo interior del corazón hacia el universo exterior de la ilusión, para que cada uno de nosotros pudiéramos atravesarla a nuestro ritmo. Su amor y entrega a los demás es comparable a un sol con millones de rayos que abrazan a cada uno de los seres vivos del planeta; su luz y sabiduría la descargaron y compartieron para enseñarnos a venerar la esencia del hombre y de la mujer como seres universales con capacidad de pensar, sentir, decidir cómo entes individuales; sabían que acumular apegos y seguridad es ser esclavos de los dogmas, objeto de opresión. No se puede delegar el poder del propio corazón en otras manos.

A través de los siglos y en cada rincón del planeta sus voces siguen resonando con mucha fuerza; su mensaje siempre ha sido el respeto por la grandeza humana que va de la mano de la sabiduría y delicadeza. Los Maestros  construyeron, piedra a piedra, templos de sabiduría y concordia en la tierra; hicieron surcos y removieron corazones para sembrar semillas de destellos de luz. La luz y la paz no se venden en mercados ni la confianza tolera tibieza de pensamientos y acciones. Nadie elude impunemente las citas que le depara su vida según las decisiones tomadas, estos y otros mensajes fueron inscritos en la piedra y viajan a través del aire.

Ellos vinieron a la tierra como seres físicos y han vuelto, a la esencia del universo, como almas radiantes dejando su huella en la tierra para que pudiéramos experimentar la libertad de conocernos a nosotros mismos según nuestra capacidad, experiencia y deseo. Todos tuvieron como objetivo dar a conocer la grandeza humana a través de la magia del alma para que cada uno pudiéramos percibir el perfume de nuestra alma, saber para qué vivimos y, así, encontrar sentido a nuestra vida, de esta forma podemos comprender que el alma individual –que forma parte de un alma global– debe ser oída y comprendida para evitar el sufrimiento, la enfermedad y llegar a aceptar lo que somos en realidad: “soy feliz con lo que soy y si no lo soy puedo cambiarlo”. Todos ellos hablaban el lenguaje universal de la humanidad –paz y amor en el corazón– y nos ayudaron a comprender que cuando nos alejamos de estos principios, nuestra alma  se ahoga  y también el alma del mundo, todo está entrelazado porque todo forma parte de una unidad. El alma humana viene a cumplir una misión en el mundo, una particular que corresponde a cada ser humano y otra general, ayudar a los demás.

Todos tenemos que aprender a respetar el espacio que corresponde al otro y abandonar el rechazo de reconocer que existen diferentes formas de pensar, sentir y vivir; nadie puede imponernos sus criterios a la fuerza, aquellos que lo hacen viven sepultados bajo la loza de su propio ego. ¿De qué sirve una vida si ignoramos el alma?, de nada, pues en el alma se encuentran nuestras memorias, las del mundo y del universo y la fragancia del amor para ser la savia de la vida y no la apariencia de una flor.

Las enseñanzas de los Maestros revolucionarios siguen vigentes en nuestros días y traspasan las murallas invisibles levantadas por la ignorancia para evitar que penetren destellos de luz, pero siempre hay grietas por donde la luz se cuela y proporciona a aquellos que la buscan fuerza y coraje para salir de ese circuito insalubre donde se ha olvidado el lenguaje de la humanidad ayudando a crear una sociedad materialista, competitiva, llena de tabúes y superstición, manipulación y corrupción lo que genera guerras y miserias… todas estas semilla han sido gestadas y plantadas por seres humanos y florecen en cada rincón del planeta. Si seguimos ignorando el alma, seguiremos siendo humanos animales, sin valores ni principios, viviendo a través de la bruma del miedo, egoísmo e ignorancia que atrae todo aquello que tememos.

La vida es un proceso de aprendizaje, no un resultado, hay que caminar con paso firme y seguro, siendo conscientes del camino y de nuestros movimientos para evitar las trampas que nosotros mismos hemos puesto al alimentar nuestra pequeña mente y emociones con energías erróneas. Nuestro pasado nos visitará en forma de tormentas de arena que todo engulle barriendo nuestra vida sin dejar huella, pero sabemos que el antídoto al miedo es el coraje y con él podemos hacer frente a las tormentas y protegernos.

Las enseñanzas y técnicas de los Maestros revolucionarios son ancestrales, pero siguen estando de moda en la actualidad. Ellos conocían la existencia del Ser y sabían que a través de él se podía alcanzar la paz y la felicidad –estado  interior de plenitud que para alcanzarlo es necesario no tener miedo, sobe todo, a uno mismo-; sabían que el mundo interior es un microuniverso dentro del macrouniverso, cuya energía, si sabemos utilizar, nos permite transformar y crear, pero antes debemos descubrir, explorar, conocer y respetar nuestra alma y nuestro corazón. Sus voces se siguen oyendo: “si quieres una vida nueva y mejor, conócete a ti mismo para que el universo pueda ayudarte”. Todas las plegarias hechas con amor y humildad son oídas, pero hay una ley espiritual que dice: ayúdate a ti mismo y el universo te ayudará.  Sólo con desear, no basta; hay que dar el primer paso para caminar y adentrarse en la gran aventura de la vida que somos nosotros mismos. Nuestros pensamientos y comportamiento son el baremo de nuestra conciencia cuyas consecuencias vivimos cotidianamente.

La voz de los Maestros la oímos en el silencio de nuestra alma y nos enseña a ir más allá de los dioses y de las palabras encerradas en libros y edificios. Sus voces nos dicen que la voz del Creador del universo –cada uno lo llama como quiera- resuena por todas partes, incluso en el rincón más profundo de la gruta de la ignorancia.

Buda decía: “No creas nada, no importa donde lo has leído o quien lo dijo, no importa si lo he dicho yo, a no ser que esté de acuerdo con tu propia razón y sentido común”. Los intermediarios no son necesarios, solo el amor puede llegar a la esencia del Creador.

Sus enseñanzas se resumen: “ama a los demás como a ti mismo, respeta tu vida y trátate con delicadeza, busca en el interior tu riqueza y comparte con el exterior. No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan, venera tu esencia cósmica como ser divino, cada uno debe encontrar el camino de su propio poderío interior”.

Sus enseñanzas no son ideas o palabras, son modos de vida.

Foto privada