El sabio olvidado

El sabio olvidado

Este artículo es un reconocimiento a todos los sabios, incluidos nosotros mismos, cuya valía y amor han sido anulados y relegados al olvido, en especial a Yosef el carpintero –padre de Yeshúa bar Yosef, más conocido como Jesús de Nazaret–. Yosef, además de carpintero de profesión, era gran Maestro esenio, sanador del cuerpo y del alma, cuya misión fue preparar y acompañar a Yeshúa, física, emocional, mental y espiritualmente para que pudiera llevar a buen término la gran Obra de amor a la Humanidad.

Como padre Yosef amó a Yoshúa incondicionalmente, como Maestro lo respetó y guio; siempre estuvo a su lado para ayudarle a superar y a transformar las sombras de su corazón, como cualquier ser humano tiene en su interior. Durante dos mil años, Yosef fue relegado al olvido y   las enseñanzas de Yeshúa fueron pisoteadas y olvidadas por brutales choques de fanatismo, ignorancia, codicia… enterrándolas en un pozo profundo, pero su semilla germinó creciendo a través de la oscuridad y emergiendo después de un largo camino como un loto blanco en señal de fuerza y belleza.

Aparte de Yosef, Yeshúa tuvo otros muchos maestros –esenios, druidas, hindúes, persas, egipcios, chamanes…– su formación fue un compendio de diversas filosofías y saberes a través del planeta, pues la esencia del amor es universal y cada filosofía basada en el amor contiene la esencia divina. Durante su intensa formación, tanto sus Maestros como Yeshúa dejaron claro que la fe es una experiencia propia que hay que vivirla y no una creencia a ciegas; también hicieron hincapié en no crear dogmas, religiones ni construir espacios cerrados donde fuera el único lugar aceptable para hablar con el Eterno; todo en el planeta es espíritu transformado en diferentes manifestaciones y todo ha sido creado por el Creador, por lo tanto, cualquier lugar es perfecto para el contacto directo de corazón a corazón sin necesidad de intermediarios; esta enseñanza también fue ocultada  y tergiversada por religiosos fanáticos y hombres de poder.  Ningún fanatismo escribe bellas baladas.

A través de la Historia muchos sabios como Akenatón, Hipatia, Pitágoras, Sócrates, Avicena, Isaac Luria… y otros miles más, lucharon para integrar, en la vida cotidiana de las personas, la máxima: “ámate y conócete a ti mismo para poder conocer el universo de tu alma que todo contiene y todo puede realizar”. A pesar de los milenios transcurridos seguimos viviendo en la sombra del sol –en las apariencias engañosas del exterior, en imponer nuestros criterios, en poseer en lugar de ser creando necesidades innecesarias, nos escudamos en nuestras máscaras para hacernos creer que somos otras personas, lo que trae sufrimiento, resentimiento y frustración, impidiéndonos  bucear en nuestro interior porque tenemos miedo de ver en qué nos hemos convertido–. El camino hacia dentro genera luz en el corazón; cuanta más sombra se diluya en la luz, más luz sembraremos en los áridos campos del olvido. Toda vivencia es necesaria, tanto exterior como interior, para transformar y recordar que el objetivo del camino siempre es amarse y conocerse a uno mismo.

Al igual que Yeshúa estuvo rodeado de maestros que le enseñaron a transformar sus bajos instintos como ser humano para llegar a ser un ser espiritual, nosotros también tenemos maestros que nos enseñan en nuestra vida cotidiana para aprender de nuestras experiencias y descubrir nuestros más bajos instintos, solo así podemos aceptarlos y transformarlos;  como seres humanos somos seres de luz y sombra, ambas necesarias para esculpir nuestro nuevo yo. También existen seres invisibles que nos envían sus mensajes a través de intuiciones, sentimientos, susurros  para  que la antorcha del recuerdo vivido vuelva a iluminar el tesoro de nuestra alma. A medida que aprendemos a elevar nuestra conciencia, podemos observar maravillados la trama de los acontecimientos de nuestra vida; todo está entrelazado por hilos de energía dorada que abren la puerta del alma invitándonos a ver la flor del corazón cuya semilla se alimenta de luz; en cambio cuando ignoramos esos mensajes nuestra vida se vuelve árida por haber perdido los nutrientes de la esencia del amor.

El hombre que no se reconoce como su propio creador es porque tiene atada a su conciencia las bridas de la ignorancia y del temor, al dejarse arrastrar por los ríos de las leyes impuestas de la sociedad, contrarias al universo. Sócrates hablaba de la bondad, de la belleza, de la sabiduría, del respeto, del valor, todo necesario para amarse y conocerse y así vivir la vida que se merece. Decía: “la vida sin discernimiento, no merece la pena ser vivida”. Los valientes bucean en el océano de la vida; los débiles se dejan arrastrar por mareas de ríos que fluyen en dirección contraria y viven a través de la máscara del olvido.

Las enseñanzas de los sabios siguen brillando hoy en día; nos recuerdan que somos un ser espiritual con luz propia encarnado en ser humano al que debemos respetar y honrar; depende de cada uno de nosotros que encendamos o apaguemos la antorcha del recuerdo vivido, esencia del alma, principio que todo es, fue y será.

(foto privada)

La alquimia y el aire

La alquimia y el aire

La alquimia nos ayuda a tener conciencia del aprendizaje constante en la vida y nos lleva a abrir puertas que van más allá de lo visible y conducen a la felicidad.  Vivimos en un mundo de diversas realidades, unas se construyen con la nobleza de espíritu, otras se destruyen con la miseria moral, opciones que nos da la vida.

El aire es una joya que se encuentra fundida en nuestro corazón y da vida al cuerpo cuando hablamos y entregamos nuestra alma a través de un beso de amor. La respiración, inspirar–espirar, es el mecanismo natural que tiene el cuerpo para darnos energía y calma; lo hacemos inconscientemente sin saber el milagro que se opera en nuestro cuerpo. A través del aire, los dioses hablan a aquellos que quieren escucharlos. Los caminantes que escuchan y sienten su vibración se  transforman en guerreros de la vida que luchan por levantarse cada vez que se caen: “sin combate, el guerrero de la vida no existe”, decía el viento a su amigo.

El aire es la fuerza que hace que las olas se levanten, que las hojas bailen, que las ideas vuelen, que la paz emerja; que los susurros sean vivos, que las palabras sean oídas, que las caricias sean sentidas; que los olores viajen a través del tiempo en forma de recuerdos… El aire forma parte de todo y nos guía durante nuestra travesía a través de la respiración, a veces entre caricias por la brisa cálida, a veces entre la devastación que remueve el corazón.

El alquimista utiliza las dos caras de las emociones y pensamientos para transformarlos en caras sonrientes, sabe que la fuerza surge de la acción y la voluntad de la sonrisa. Su objetivo es ennoblecer nuestra vida, la luz irradia y hace brillar lo que está a su lado. Quedan muchos secretos de la vida y del universo por descubrir, todos están inscritos en el libro del aire que viaja sin cesar por nuestro planeta desde sus comienzos y, así será, hasta su final. El alquimista nos susurra invitándonos a detenernos un momento para reflexionar y descubrir los tesoros escondidos en el agua, en la arena, en los bosques, en las montañas y principalmente en nuestra alma; la clave para la transformación es desaprender lo aprendido, hay que experimentar en la lucha cotidiana el amor, esencia y fuerza motriz de la vida que es, fue y será; su huella está integrada en el alma de cada cosa y ser vivo, sin esa esencia nada podría existir porque todo está hecho de ella. Esa esencia es lo que produce la fuerza para que el viento baile con las olas, para que el abrazo de las semillas con la tierra germine, para que la vida en todo ser vivo sea pacífica y próspera; en esencia el cuerpo y el espíritu no están en guerra.

La alquimia nos pone en contacto con nuestra otra mitad, el verdadero Yo. Esto produce un bienestar profundo y descubrimos, paso a paso, que somos una parte entera y no necesitamos las apariencias ni las comparaciones para existir. Rumi decía: “No te sientas solo, el universo entero está en ti”.  Cuando descubrimos y aceptamos que nuestro Yo es nuestro compañero de vida, la vida que conocemos  cambia y nos pone en el sendero del bienestar que conduce a la felicidad, que aunque no es el objetivo, sí es sentir que estamos en el buen camino  y es, este proceso, lo que nos llena de alegría con los pequeños milagros que la vida nos regala cada día. El alquimista siempre está buscando y transformando, sale de los límites y busca la trascendencia, conocerse a sí mismo es el principio de la sabiduría, para ello necesita comprender los entresijos de su vida. Él sabe que somos almas encarnadas en un traje físico y que debemos honrar nuestro cuerpo y venerar nuestra alma.

Pasan los tiempos y quedan las memorias que circulan en el aire, nada es estático todo es movimiento, no hay fronteras ni límites. Einstein decía: “todo es energía, y es todo lo que debemos comprender en la vida”. Energía que nos hace vibrar y nos ayuda a recuperar el olvido para afrontar miedos y superar sufrimientos. Los miedos y sufrimientos son un imán que atrae lo que más tememos mientras giramos en la rueda de vida. La falta de dignidad es lo que marchita a la humanidad.

Misterios y secretos del universo que esperan ser descubiertos en nuestro laboratorio de alquimia, entre ellos recuperar a nuestro mejor amigo para que las alas vuelvan a nacer y emprender de nuevo el vuelo hacia la libertad de ser y existir.

¡Que los vientos del pasado y del presente se junten para ofrecernos un nuevo canto del alma custodiado por los guardianes de las melodías de los dioses!

Foto del libro “la Sabiduría de las Palabras”

Maestros espirituales revolucionarios

Maestros espirituales revolucionarios

Los auténticos maestros espirituales han sido grandes revolucionarios, a través de sus palabras y hechos han transformado el mundo y su huella perdura en el tiempo.

Estos Maestros –hombres y mujeres- se enfrentaron al poder político y religioso de su época al volar por encima de las ideas y dogmas establecidos,  por lo que fueron asesinados, excomulgados, vilipendiados, encarcelados… Ellos prefirieron el riesgo al confort, lucharon y crearon una autopista desde el universo interior del corazón hacia el universo exterior de la ilusión, para que cada uno de nosotros pudiéramos atravesarla a nuestro ritmo. Su amor y entrega a los demás es comparable a un sol con millones de rayos que abrazan a cada uno de los seres vivos del planeta; su luz y sabiduría la descargaron y compartieron para enseñarnos a venerar la esencia del hombre y de la mujer como seres universales con capacidad de pensar, sentir, decidir cómo entes individuales; sabían que acumular apegos y seguridad es ser esclavos de los dogmas, objeto de opresión. No se puede delegar el poder del propio corazón en otras manos.

A través de los siglos y en cada rincón del planeta sus voces siguen resonando con mucha fuerza; su mensaje siempre ha sido el respeto por la grandeza humana que va de la mano de la sabiduría y delicadeza. Los Maestros  construyeron, piedra a piedra, templos de sabiduría y concordia en la tierra; hicieron surcos y removieron corazones para sembrar semillas de destellos de luz. La luz y la paz no se venden en mercados ni la confianza tolera tibieza de pensamientos y acciones. Nadie elude impunemente las citas que le depara su vida según las decisiones tomadas, estos y otros mensajes fueron inscritos en la piedra y viajan a través del aire.

Ellos vinieron a la tierra como seres físicos y han vuelto, a la esencia del universo, como almas radiantes dejando su huella en la tierra para que pudiéramos experimentar la libertad de conocernos a nosotros mismos según nuestra capacidad, experiencia y deseo. Todos tuvieron como objetivo dar a conocer la grandeza humana a través de la magia del alma para que cada uno pudiéramos percibir el perfume de nuestra alma, saber para qué vivimos y, así, encontrar sentido a nuestra vida, de esta forma podemos comprender que el alma individual –que forma parte de un alma global– debe ser oída y comprendida para evitar el sufrimiento, la enfermedad y llegar a aceptar lo que somos en realidad: “soy feliz con lo que soy y si no lo soy puedo cambiarlo”. Todos ellos hablaban el lenguaje universal de la humanidad –paz y amor en el corazón– y nos ayudaron a comprender que cuando nos alejamos de estos principios, nuestra alma  se ahoga  y también el alma del mundo, todo está entrelazado porque todo forma parte de una unidad. El alma humana viene a cumplir una misión en el mundo, una particular que corresponde a cada ser humano y otra general, ayudar a los demás.

Todos tenemos que aprender a respetar el espacio que corresponde al otro y abandonar el rechazo de reconocer que existen diferentes formas de pensar, sentir y vivir; nadie puede imponernos sus criterios a la fuerza, aquellos que lo hacen viven sepultados bajo la loza de su propio ego. ¿De qué sirve una vida si ignoramos el alma?, de nada, pues en el alma se encuentran nuestras memorias, las del mundo y del universo y la fragancia del amor para ser la savia de la vida y no la apariencia de una flor.

Las enseñanzas de los Maestros revolucionarios siguen vigentes en nuestros días y traspasan las murallas invisibles levantadas por la ignorancia para evitar que penetren destellos de luz, pero siempre hay grietas por donde la luz se cuela y proporciona a aquellos que la buscan fuerza y coraje para salir de ese circuito insalubre donde se ha olvidado el lenguaje de la humanidad ayudando a crear una sociedad materialista, competitiva, llena de tabúes y superstición, manipulación y corrupción lo que genera guerras y miserias… todas estas semilla han sido gestadas y plantadas por seres humanos y florecen en cada rincón del planeta. Si seguimos ignorando el alma, seguiremos siendo humanos animales, sin valores ni principios, viviendo a través de la bruma del miedo, egoísmo e ignorancia que atrae todo aquello que tememos.

La vida es un proceso de aprendizaje, no un resultado, hay que caminar con paso firme y seguro, siendo conscientes del camino y de nuestros movimientos para evitar las trampas que nosotros mismos hemos puesto al alimentar nuestra pequeña mente y emociones con energías erróneas. Nuestro pasado nos visitará en forma de tormentas de arena que todo engulle barriendo nuestra vida sin dejar huella, pero sabemos que el antídoto al miedo es el coraje y con él podemos hacer frente a las tormentas y protegernos.

Las enseñanzas y técnicas de los Maestros revolucionarios son ancestrales, pero siguen estando de moda en la actualidad. Ellos conocían la existencia del Ser y sabían que a través de él se podía alcanzar la paz y la felicidad –estado  interior de plenitud que para alcanzarlo es necesario no tener miedo, sobe todo, a uno mismo-; sabían que el mundo interior es un microuniverso dentro del macrouniverso, cuya energía, si sabemos utilizar, nos permite transformar y crear, pero antes debemos descubrir, explorar, conocer y respetar nuestra alma y nuestro corazón. Sus voces se siguen oyendo: “si quieres una vida nueva y mejor, conócete a ti mismo para que el universo pueda ayudarte”. Todas las plegarias hechas con amor y humildad son oídas, pero hay una ley espiritual que dice: ayúdate a ti mismo y el universo te ayudará.  Sólo con desear, no basta; hay que dar el primer paso para caminar y adentrarse en la gran aventura de la vida que somos nosotros mismos. Nuestros pensamientos y comportamiento son el baremo de nuestra conciencia cuyas consecuencias vivimos cotidianamente.

La voz de los Maestros la oímos en el silencio de nuestra alma y nos enseña a ir más allá de los dioses y de las palabras encerradas en libros y edificios. Sus voces nos dicen que la voz del Creador del universo –cada uno lo llama como quiera- resuena por todas partes, incluso en el rincón más profundo de la gruta de la ignorancia.

Buda decía: “No creas nada, no importa donde lo has leído o quien lo dijo, no importa si lo he dicho yo, a no ser que esté de acuerdo con tu propia razón y sentido común”. Los intermediarios no son necesarios, solo el amor puede llegar a la esencia del Creador.

Sus enseñanzas se resumen: “ama a los demás como a ti mismo, respeta tu vida y trátate con delicadeza, busca en el interior tu riqueza y comparte con el exterior. No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan, venera tu esencia cósmica como ser divino, cada uno debe encontrar el camino de su propio poderío interior”.

Sus enseñanzas no son ideas o palabras, son modos de vida.

Foto privada

El milagro de la educación: saber, conocimiento y sabiduría

El milagro de la educación: saber, conocimiento y sabiduría

Buda decía: “El conflicto no es entre el bien y el mal sino entre el conocimiento y la ignorancia”. Todo acto extraordinario actúa como un espejo en nosotros y cada persona ve su reflejo a través de sus propios ojos y límites; este reflejo puede provocar una toma de conciencia  lo que implica desaprender lo aprendido.

Desde el principio de la humanidad, muchas personas han observado la naturaleza, el universo y al propio ser humano para desentrañar los secretos de la existencia en el planeta y su lugar en el cosmos; estudiaron números, geometría, astronomía, filosofía, música, medicina…, todas las artes necesarias para lograr una mayor  comprensión del mundo visible e invisible. Estos observadores y estudiosos se dieron cuenta que todo estaba inscrito en la naturaleza y en el mundo invisible de los seres humanos, solo había que descifrar la simbología para que en un futuro la humanidad llegara a ser una súper humanidad.

Hace miles de años este conocimiento sagrado se impartía en círculos cerrados pues se temía las repercusiones de la ignorancia. A medida que el tiempo transcurría y se profundizaba en dichas enseñanzas dichos círculos se fueron abriendo con cautela para minimizar los daños de la maldad y de la infamia. Las enseñanzas profanas también siguieron su curso con prudencia pues siempre hay devotos de la ignorancia que buscan encarcelar el pensamiento y el progreso.

En la antigüedad, la educación era un privilegio para algunos hombres y muy, muy pocas mujeres tuvieron acceso a ella. Sin embargo, hubo grandes mujeres que lucharon por la libertad de su autonomía para funcionar conforme a su naturaleza aunque muchas pagaron un alto precio, su vida. Con el paso de los años, el deseo de aprender, de cambiar, de existir por sí misma, llevó a la mujer a una lucha por su libertad sin precedentes; con pesar seguimos observando que en pleno siglo XXI, en algunos países, la mujer es ignorada y sigue viviendo de  rodillas ante el patriarcado. Pero, no hay que olvidar que  la mujer es guerrera y no está dispuesta a vivir en la pasividad ni en la servidumbre, camina a paso lento pero es tenaz y resistente. Algún día veremos que tanto la mujer como el hombre serán libres para pensar, elegir y decidir la vida que su naturaleza les dicte.

La educación no solo es aprender a leer y a escribir o a tener conocimiento de una u otra materia, es, también, aprender a descubrir lo que somos  mediante la lucidez y poder crear proyectos en beneficio de todos para que sus frutos abran la puerta al libre intercambio del  saber, del conocimiento y de la sabiduría para que todos disfrutemos de ese maravilloso crecimiento personal y social; sabemos que el ser humano es un ser de transición y debe dejar su huella para que las futuras generaciones puedan vivir con respeto, libertad y dignidad, pues sabemos que la ignorancia, no es no saber leer ni escribir, es olvidar que somos seres humanos con alma; la ignorancia nos hace tener sentimientos envenenados, creando conflictos y haciendo mucho daño a nosotros mismos y a la humanidad. La historia nos habla de las consecuencias de la ignorancia –discordia, miseria y tiranía–, por eso la sabiduría la mantiene alejada.

El saber, el conocimiento y la sabiduría transforman la vida dándole un delicioso sabor de belleza, vitalidad y fuerza y muchas oportunidades a todo aquel/la que usa la experiencia de sus andanzas para dejar una llama en la vida de los demás. Como bien decía Gandhi: “cambiándose a sí mismo podemos cambiar el mundo. La verdadera revolución es interior”. Para lograr la revolución interior es necesaria la sabiduría -energía del alma que nos ayuda a comprender lo que la mente nos esconde-.

El milagro de la educación es la experiencia más bella que un ser humano  puede realizar al beber de la esencia del saber, del conocimiento y de la sabiduría. La educación es generativa de reflexiones, ideas, palabras para discernir lo correcto y lo incorrecto, siendo conscientes de que siempre hay consecuencias con nuestras decisiones. Saber es aprender, conocimiento es la acción de conocer y sabiduría es el saber del alma,  juntos forman el milagro de la educación. Milagro es misterio y armonía, educación es transmisión de conocimiento que proporciona los útiles necesarios para sembrar en cada persona pensamientos y emociones de acuerdo a sus creencias y entorno. Cada uno decide qué hacer con su cosecha.

“Ausencia de dogmas para que la propia experiencia pueda surgir libremente y experimentar la grandeza del ser”, gritan las piedras del camino que esconden sus secretos a aquellos que viven de rodillas ante los dogmas y, en cambio, los desvelan a los que mantienen la dignidad y la fortaleza en la acción,  al dar el primer paso hacia la transformación.

Como decía Yeshua ben Yosef: “Busca la esencia de la experiencia sin entrar en el debate intelectual”.

(foto de la red)

Médico del alma

Médico del alma

Séneca, decía: “No hay que esperar a que pase la tormenta hay que aprender a bailar bajo la lluvia”.

Hay un mundo invisible que solo se ve con los ojos del alma, me repetía una y otra vez pues sentía que somos algo más que un cuerpo físico. ¿Qué es el alma? Pregunta que ha bailando en mi mente desde mi juventud y ha sido el motor de mi investigación. Hace muchos años empecé una búsqueda sobre los misterios de la vida empezando por mí mismo y por las diferentes enseñanzas que a través de la historia de la humanidad nos han dejado los buscadores de otras verdades que van más allá de las simples apariencias.

Alma, espíritu, conciencia…, conceptos abstractos para una mente racional pero fuerzas poderosas y más reales que la vida misma para aquellos que tienen la mente abierta.  Las verdades eternas provienen de la energía suprema y se reflejan en el espejo de nuestra alma. El alma es una energía que no está atrapada en el tiempo ni en el espacio, pertenece al infinito universo y cada uno de nosotros somos una parte de ella. A través de mis vivencias he experimentado que no se puede vivir sin paz, sin sabiduría, sin conciencia, sin alma, quien vive sin ellas se va ahogando poco a poco en la angustia de la incertidumbre del miedo y de la confusión. El alma es la fuerza vital que nos permite ser y existir en este planeta.

Los seres humanos cuando no entendemos tenemos miedo, por eso estamos tan apegados a nuestro mundo material porque creemos que nos da seguridad y bienestar, pero pocos viven una vida plena de serenidad y alegría. Hay que abandonar nuestras sombras del miedo, de la manipulación y la necesidad de dominar y juzgar al otro para centrarnos en nosotros mismos y transformar nuestras sombras en luz para sacar lo mejor de nosotros mismos. El ser humano cuando vive en la inconsciencia vive en la confusión y tristeza que provocan un atroz sufrimiento.

Después de observar ese dolor que produce la ausencia de consciencia y sus consecuencias supe que para evitar ese sufrimiento era necesario conectar con nuestro centro a través de la meditación; la mente tiene mucho poder y es engañosa por eso nos envía pensamientos que galopan para alejarnos de nuestro corazón, pero con voluntad y esfuerzo llegamos a calmar esa mente   a través de la respiración para llegar de nuevo a nuestro centro. Los pensamientos tienen que cesar para que podamos oír la voz del alma que intenta ofrecernos mensajes de sanación y sabiduría.

Por eso decidí hacerme médico del alma para aliviar el dolor profundo que surge del alma herida y no hay ningún remedio físico que nos pueda consolar pues es el dolor del vacío y se le conoce como la noche oscura del alma. Muchos me han preguntado: ¿Cómo puede herirse el alma?, el alma se hiere cuando vivimos una vida desequilibrada produciéndonos violencia interior que puede acabar en violencia exterior; cuando vivimos en la pasividad y en la ausencia de nosotros mismos sin dar sentido a nuestra existencia; cuando preferimos vivir muriendo o de rodillas a la vida antes de vivir una vida plena en conciencia. Cuando el cuerpo y el espíritu están divididos solo existe sequía y sombra a nuestro alrededor, en cambio, cuando el cuerpo y el espíritu están unidos solo existe belleza y armonía por todas partes porque con la unión nace el amor y nuestra vida cobra sentido.

La mente impone contradicciones pero la respiración las bloquea si estamos preparados y dispuestos a apagar el ruido del ego.  El hombre sabe poco de sí mismo y este es el gran problema al que nos enfrentamos en la vida. Una enseñanza muy antigua dice “para vivir en paz hay que conocerse a sí mismo”, sin esto, no podemos hacer frente a la vida, pues no sabemos cómo actuar ante un conflicto o problema; cuando sabemos quiénes somos estamos en disposición de encontrar soluciones a las dificultades, tenemos coraje para enfrentarnos a nosotros y a nuestros desafíos, siendo el más importante la transformación de la sombra en luz. El objetivo del médico del alma es ayudar a desvelar quiénes somos para que podamos cambiar de perspectiva y de actitud si es necesario, cambiando nuestros pensamientos cambiaremos nuestras palabras –las palabras elegidas son energías que crean y construyen nuestros deseos  o que sabotean nuestros esfuerzos y nos debilitan–, dependiendo de nuestra elección así serán nuestros actos.

El alma tiene su propia memoria y sabiduría y nos enseña a convivir con lo estático y dinámico, es decir, en momentos de sosiego y de azoramiento; todo es lo mismo solo depende de en qué forma lo enfoquemos. Hay que conferir valor y autenticidad a nuestra vida siendo coherentes con nuestros pensamientos y decisiones para poder trascender la vida y llegar al Alma. Todos somos médicos del alma, solo necesitamos una intención pura y lanzarnos a explorar el universo de las verdades eternas que dicen “que el amor nos concede la libertad de ser, la sabiduría de crear y el respeto nos lleva al centro de nuestro universo donde nadie puede quitarnos nuestra paz”.

Hay un mundo invisible que solo se ve con los ojos del alma.

Kabir dijo: “la vida es un juego entre el alma de cada hombre y Dios”.

Einstein dijo: “Soy en verdad un viajero solitario y los ideales que han iluminado mi camino y han proporcionado una y otra vez nuevo valor para afrontar la vida, han sido la belleza, la bondad y la verdad”.

(Foto privada)

La vida es un viaje de observación

La vida es un viaje de observación

La rueda de la vida gira sin parar y cada uno de sus radios simboliza un camino, una encrucijada o un impasse en el que todos experimentamos diversas emociones por lo vivido a cada instante. Muchas veces  no nos gusta nuestra realidad y huimos engañándonos con un futuro que nunca llegará, la vida que es más sabia que nuestro ego nos volverá a poner delante de ese escenario del que huimos pues lo que se esconde y no se supera vuelve a aparecer cuando menos se espera.

La vida es un viaje de observación si queremos comprender por qué vivimos y cuál es el objetivo; para observar necesitamos valor, coraje y entusiasmo  para ahondar en nuestra psique e ir comprendiendo sin juzgar todas las situaciones por las que pasamos para ir avanzando. Nuestras experiencias también se presentan como un laberinto de trampas donde los engaños de la mente nos mantienen aletargados y prisioneros siendo muy difícil salir de esa ilusión creada por miedos, ofensas, reacciones violentas que nos hieren el alma y enferman a la humanidad al igual que una célula enferma hace que el cuerpo entero sufra.

La vida pone a prueba a los seres humanos que habitamos el planeta -sin distinción de estatus social, raza o credo- para saber si hemos aprendido la lección o si hay que repetir el mismo escenario, dependiendo de nuestro comportamiento y decisiones nos adentraremos en  senderos largos y llanos con alegres y desenfadados escenarios o en caminos abruptos y en profundas gargantas donde se oyen los ecos de los lamentos. Todos esos caminos forman parte de nuestras decisiones.

El objetivo de la observación es la paz interior, joya de las joyas que se encuentra en el templo del alma donde la vida es próspera y fructífera para todos si hemos asumido la responsabilidad de que vivimos en dos mundos interior y exterior con una mente clara y un corazón compasivo. Para ello se requiere una conciencia en el presente, pues sin ser conscientes no podemos saber si existe un problema y por lo tanto no podremos buscar soluciones. Muchas veces huimos de la vida que es este instante, proyectándonos en un futuro inexistente, dejando para mañana el hoy: “cuando tenga tiempo haré, cuando sea mayor haré, cuando esto termine haré, cuando me ponga bien haré…” pero ese tiempo futuro nunca llegará si no vivimos el presente, lo que proyectamos para mañana pertenecerá al pasado sin haberlo vivido y nunca se hará; la vida es para vivirla ahora, poniendo nuestra conciencia en cada acción, pensamiento, palabra y emoción. Hemos dejado escapar muchas oportunidades, incluso hemos dejado nuestra vida pasar, la rueda de la vida jamás vuelve atrás, solo el ahora nos permite vivir a cada instante.

La vida es un viaje de observación interior y exterior. La vida es acaparadora y nos enredamos en sus redes ilusorias de ego y orgullo que crean unas situaciones que no existen; solo son batallas entre egos heridos que solo destruyen y crean discordia. Cuanto más sabemos sobre nosotros mismos más fácil es desentrañar los misterios de la encrucijada de la vida, pues nos damos cuenta de que estando presentes en nuestra conciencia, todos los sentidos se agudizan y somos capaces de encontrar soluciones positivas.

Cuando nos observamos, comprendemos como funciona nuestra mente y estamos preparados –si lo deseamos- para saltar fuera de nuestra sombra quebrando todos los parámetros mentales y emocionales porque dejamos de abonar esos conflictos internos que creamos sin parar. La observación nos permite ver esos fantasmas, esa parte oscura que todos tenemos y que se alimenta de nuestros miedos, para que desaparezcan con el hechizo del amor. Cuando hay un problema nos acordamos del ser superior para pedir ayuda, pero no queremos aceptar que la ayuda viene primero de nosotros mismos, las respuestas a todas las invocaciones están por todas partes si sabemos observar nuestro mundo interior que refleja nuestra vida exterior y si observamos las señales evitaremos muchos males.

La vida es como una marea que sube y baja y cada momento es perfecto para hacer lo correcto. En cada situación debemos aprender a desaprender y a cambiar de actitud para no reaccionar e ir calmando los impulsos del ego. La verdad de la búsqueda se forma con la conciencia y la sinceridad, ambas nos ayudan a descubrir verdades más profundas si somos observadores de nosotros y de todo lo que nos rodea. Hay que romper los parámetros mentales para que la luz se filtre por esas fisuras abiertas provocadas por heridas ególatras que nos hacen frágiles y vulnerables. Estando en la observación vemos nuestra actitud frente a las situaciones de cada día y la podemos rectificar, en caso de que no sea la correcta. Cada día tenemos una oportunidad para crear nuestro destino y llegar al objetivo.

Además de ser cuerpo biológico, emocional y mental,  somos energía, somos seres espirituales y todos los seres en el planeta tenemos por misión ayudar a los demás haciendo el bien, unos de una forma y otros de otra, pero todos debemos hacer algo por los demás. Si  seguimos alimentando nuestros cuerpos con miedo e ira crearemos violencia y mucho resentimiento a nuestro alrededor; en cambio si nos alimentamos de alegría y serenidad se creará un mandala de paz y prosperidad entorno a nosotros. Todo depende de nuestra elección. La vida es un misterioso hechizo de ilusión que no es y hay que descubrir ese encantamiento para ver la realidad.

La vida es un viaje de observación que desentraña ese misterio de nuestro infinito universo y poder, solo hay que prestar atención a las señales del camino y aunque haya penalidades y miserias siempre hay que dejar un hueco para la esperanza.