La senda del chaman

La senda del chaman

Algunos han recordado el olvido y otros temen lo desconocido. Me gusta viajar con el poder de mi imaginación a través del universo de mi mente en una alfombra voladora –todos somos viajeros en el tiempo a través de los mares eternos aunque no lo sabemos–.

Vista desde el universo, la Tierra es un grano de polvo en el inmenso cosmos, y ha sido creada a través del amor con una belleza que conmueve el corazón, donde habitan diferentes seres vivos en armonía y respeto, excepto, los seres humanos que crean conflictos sin sentido, incluso, hay algunos cuyo objetivo es dar jaque mate a la vida en el planeta.

“La sabiduría es esencia de luz que, como el aire, se filtra por todas partes y todo lo contiene.

Todo tiene una memoria celular aunque muchas veces la de los seres humanos esté en hibernación. Por ejemplo, los árboles frutales tienen por misión crear frutos para que los seres vivos los  disfruten y, así una y otra vez, durante su ciclo en la tierra.  Los seres humanos, además de vivir, tenemos la oportunidad de ser y existir con conciencia, lo que nos otorga mucho poder y responsabilidad pues somos creadores de nuestra realidad si podemos exiliar el olvido para activar nuestras memorias celulares”.  Enseñanzas que me impartía mi maestro durante nuestros viajes a través del camino de las estrellas.

¿Fantasía o realidad? Depende de con qué ojos lo veamos.

Itumi, era el nombre de mi maestro y me transfirió sus enseñanzas antes volar hacia el horizonte de luz y fuego. En mi décimo cumpleaños me contó que mis padres prefirieron darme al templo antes que abandonarme y dejarme morir de hambre. Itumi, me acogió, era sacerdote de Atón, hombre mayor, de luengas barbas blancas y ojos serenos, su presencia era paz. Durante el tiempo que permanecí a su lado me enseñó a desarrollar valor para vivir y a bailar con la luz y la sombra, ambas necesarias, para enfrentarme a los miedos irresueltos.  También me enseñó a penetrar en la esencia de las raíces de este maravilloso planeta y me recalcó que cada ser humano es un actor dentro de la conciencia universal y, para descubrir quiénes somos y poder cumplir con  nuestro verdadero destino y no el que nos imponga nuestro ego, nos ofreció un don a cada uno de nosotros siendo nuestra responsabilidad descubrirlo, desarrollarlo y emplearlo bien para el mayor beneficio de la humanidad y del planeta.

Esa tarde de mi décimo cumpleaños me regaló un tapiz que cubría el suelo de mi pequeña habitación, el fondo era azul oscuro y dorado como el cielo de la noche en el desierto, tenía dibujados triángulos, puntos, constelaciones, esferas, elipses todo unido por lazos dorados y en el centro un sol con la llave de la vida, ank, “nunca olvides que esta llave es la llave que abre el amor de tu corazón”, me dijo. Poco a poco, a través de los años, me fue desvelando el poder que tenemos los seres humanos y los secretos que guardamos.  “La meditación es una herramienta mágica que nos permite conectar con la sabiduría ancestral y nos proporciona serenidad, también nos ayuda a sentir los beneficios  del conocimiento por eso los antiguos egipcios llamaban a las bibliotecas el tesoro de los remedios del alma pues curaban la ignorancia. El mayor daño  que puede sufrir el ser humano es la pérdida de la sabiduría. Busca siempre las raíces y no te pares en las apariencias. Las raíces son el conducto por el que sube el néctar de la energía creando plantas, árboles, es decir, la vida en el planeta. Así, la esencia de nuestro ser nace en la raíz del corazón por la que pasa el néctar de la luz que nos da la fuerza de vida”.

Una mañana mientras el alba arropaba a las estrellas y los colores magenta y dorado nos envolvían calentando nuestro corazón, me recordó: no olvides las palabras de nuestro querido faraón el sol:  “La verdad hay que descubrirla pues nos impulsa a cambiar de actitud y de forma de pensar y sobre todo a comprender  que ningún esfuerzo pasa desapercibido y que aunque haya nubes de desasosiego y agitación no debemos perder la calma; la sabiduría nos mantiene conectados con nuestro centro y  la verdad humilde y sincera es amor que nos conduce a la grandeza del ser cuyo objetivo es lograr cambiarnos a nosotros mismos. El principio y el final es el instante”. Esas palabras se quedaron grabadas en mi alma como una huella de fuego que danza en el aire y se refleja en los mares. Días después, estábamos en una terraza cuyas escaleras llegaban a la orilla del río Nilo; en ese punto de la tarde donde el calor empieza a alejarse para dejar entrar el viento fresco que por la noche acaricia al desierto, era uno de los momentos que más disfrutaba al ver el juego de luces y esa calma propiciaba la clase de preguntas y respuestas que teníamos una vez a la semana. Esa noche, había tenido un sueño “estaba en una aldea pequeña donde vivía gente sencilla y amable en armonía con la naturaleza, todos llevaban  grabados el sol en su corazón”. Le pedí que me hablara de esa civilización que estaba al otro lado del mar. Me cogió de la mano, sentí ese escalofrío previo a un viaje en la alfombra voladora y de pronto  estábamos volando a través de los mares y de paisajes de una belleza sobrecogedora. Llegamos a una tranquila aldea, se oía el alegre canturreo de un riachuelo y se olía la fragancia de las flores de primavera, a lo lejos se dibujaban perfiles de altos picos blancos. El chamán, “Luz del alba”, salió de su tipi para saludarnos. Era un hombre alto y musculoso, vestido con un manto ambarino, pelo largo recogido en una cola. No hacía falta hablar, todo se decía a través de las miradas. Sin más, empezamos a subir por un sendero empinado, su semblante se puso triste cuando nos dijo: “algún día este camino será conocido como el “camino de las lágrimas” por el éxodo de un pueblo cuyo  dolor y tristeza por abandonar su tierra y a sus seres queridos, abonarán estos campos que ahora son floridos. El hombre blanco nos echará pues solo quiere poner precio a la tierra que no le pertenece, sin importar el dolor infligido a mi pueblo y a la madre naturaleza”. Los tres vimos con claridad el terrible espectáculo y una profunda huella de dolor se imprimió en mi alma. “Luz del alba”, me miró a lo más profundo de mi alma con sus abismales ojos que brillaban como una noche vestida de diamantes y me dijo: “Algún día volverás a este lugar para continuar la senda del chaman”. Abrí los ojos y ahí estaba mi maestro mirándome sonriente pero sus ojos estaban llenos de tristeza; aprovechó para decirme que tenía que huir pues  un traidor iba a entregar el país del sol al reino de la  sombra. Unos ruidos sonaron en el interior del templo y antes de que la ignorancia y la violencia salieran a la terraza,  me urgió a que huyera a través de las aguas del Nilo.

“Hay que destruir la ignorancia para construir la lucidez. La violencia, la codicia, y el egoísmo son realidades que traerán tiempos de sombras; no podemos escondernos pues la vida se ocupará de devolvernos al mismo lugar, hay que tomar la dirección adecuada y seguir luchando para que las personas buenas  sigan creciendo como las raíces en la tierra para que cubran de vida al planeta”. Me desperté con esa voz tan querida y conocida en mi ser y una gran emoción de amor comprimió mi corazón;  salí del tipi para refrescarme en las frías aguas del riachuelo. Mi compañero estaba preparando el desayuno, su mirada se posó en la mía  y en silencio saludamos al sol para dar gracias por el nuevo día. Esta noche ha vuelto desde las estrellas mi maestro le dije a mi compañero, sé que no es un sueño pues su impacto está grabado a fuego en mi ser, lágrimas de amor regaron la tierra y recordé aquel viaje cuando el chamán “Luz del alba” nos enseñó el camino de lágrimas y, volvieron, en ese momento, a vibrar sus palabras en mi corazón -“algún día volverás”-; hoy es ese día pues he recobrado la memoria y he sentido y absorbido la fuerza para sanar y transformar ese dolor que las lágrimas y lamentos dejaron hace tanto tiempo en el camino. Mi nuevo ciclo de vida me ha llevado a nacer en este precioso lugar donde la naturaleza nos regala vida y armonía para continuar la senda del chamán.

“Algunos recuerdan el olvido y otros temen lo desconocido. No hay espacio ni tiempo, solo ciclos de vida –principio y fin-; hay que recuperar la memoria escondida en el alma para exiliar el olvido y poder llegar a nuestro destino. La ignorancia nos impide volar pues aprisiona el don de la sabiduría y de la libertad. El don de la imaginación es poderoso, así como todos los dones que nos regalan los dioses cuando somos merecedores; el don nos permite ser visionarios y volar en una alfombra mágica hacia otros universos donde el perfume de las estrellas se esparce como flores silvestres en nuestra alma”, palabras que “Luz del Alba” lanzó al aire, hace muchos, muchos años, para que todo aquel que quiera escuchar, las pueda sentir en su alma.

Algunos han recordado el olvido y otros temen lo desconocido. La senda del chaman nos dice que una mente sana y clara es necesaria para  el conocimiento y para dejar penetrar la luz de la sabiduría, también nos dice que el sendero del sol es ayudar a los demás y a dar una parte de nosotros a la humanidad.

(foto privada)

 

 

La vida es un viaje de observación

La vida es un viaje de observación

La rueda de la vida gira sin parar y cada uno de sus radios simboliza un camino, una encrucijada o un impasse en el que todos experimentamos diversas emociones por lo vivido a cada instante. Muchas veces  no nos gusta nuestra realidad y huimos engañándonos con un futuro que nunca llegará, la vida que es más sabia que nuestro ego nos volverá a poner delante de ese escenario del que huimos pues lo que se esconde y no se supera vuelve a aparecer cuando menos se espera.

La vida es un viaje de observación si queremos comprender por qué vivimos y cuál es el objetivo; para observar necesitamos valor, coraje y entusiasmo  para ahondar en nuestra psique e ir comprendiendo sin juzgar todas las situaciones por las que pasamos para ir avanzando. Nuestras experiencias también se presentan como un laberinto de trampas donde los engaños de la mente nos mantienen aletargados y prisioneros siendo muy difícil salir de esa ilusión creada por miedos, ofensas, reacciones violentas que nos hieren el alma y enferman a la humanidad al igual que una célula enferma hace que el cuerpo entero sufra.

La vida pone a prueba a los seres humanos que habitamos el planeta -sin distinción de estatus social, raza o credo- para saber si hemos aprendido la lección o si hay que repetir el mismo escenario, dependiendo de nuestro comportamiento y decisiones nos adentraremos en  senderos largos y llanos con alegres y desenfadados escenarios o en caminos abruptos y en profundas gargantas donde se oyen los ecos de los lamentos. Todos esos caminos forman parte de nuestras decisiones.

El objetivo de la observación es la paz interior, joya de las joyas que se encuentra en el templo del alma donde la vida es próspera y fructífera para todos si hemos asumido la responsabilidad de que vivimos en dos mundos interior y exterior con una mente clara y un corazón compasivo. Para ello se requiere una conciencia en el presente, pues sin ser conscientes no podemos saber si existe un problema y por lo tanto no podremos buscar soluciones. Muchas veces huimos de la vida que es este instante, proyectándonos en un futuro inexistente, dejando para mañana el hoy: “cuando tenga tiempo haré, cuando sea mayor haré, cuando esto termine haré, cuando me ponga bien haré…” pero ese tiempo futuro nunca llegará si no vivimos el presente, lo que proyectamos para mañana pertenecerá al pasado sin haberlo vivido y nunca se hará; la vida es para vivirla ahora, poniendo nuestra conciencia en cada acción, pensamiento, palabra y emoción. Hemos dejado escapar muchas oportunidades, incluso hemos dejado nuestra vida pasar, la rueda de la vida jamás vuelve atrás, solo el ahora nos permite vivir a cada instante.

La vida es un viaje de observación interior y exterior. La vida es acaparadora y nos enredamos en sus redes ilusorias de ego y orgullo que crean unas situaciones que no existen; solo son batallas entre egos heridos que solo destruyen y crean discordia. Cuanto más sabemos sobre nosotros mismos más fácil es desentrañar los misterios de la encrucijada de la vida, pues nos damos cuenta de que estando presentes en nuestra conciencia, todos los sentidos se agudizan y somos capaces de encontrar soluciones positivas.

Cuando nos observamos, comprendemos como funciona nuestra mente y estamos preparados –si lo deseamos- para saltar fuera de nuestra sombra quebrando todos los parámetros mentales y emocionales porque dejamos de abonar esos conflictos internos que creamos sin parar. La observación nos permite ver esos fantasmas, esa parte oscura que todos tenemos y que se alimenta de nuestros miedos, para que desaparezcan con el hechizo del amor. Cuando hay un problema nos acordamos del ser superior para pedir ayuda, pero no queremos aceptar que la ayuda viene primero de nosotros mismos, las respuestas a todas las invocaciones están por todas partes si sabemos observar nuestro mundo interior que refleja nuestra vida exterior y si observamos las señales evitaremos muchos males.

La vida es como una marea que sube y baja y cada momento es perfecto para hacer lo correcto. En cada situación debemos aprender a desaprender y a cambiar de actitud para no reaccionar e ir calmando los impulsos del ego. La verdad de la búsqueda se forma con la conciencia y la sinceridad, ambas nos ayudan a descubrir verdades más profundas si somos observadores de nosotros y de todo lo que nos rodea. Hay que romper los parámetros mentales para que la luz se filtre por esas fisuras abiertas provocadas por heridas ególatras que nos hacen frágiles y vulnerables. Estando en la observación vemos nuestra actitud frente a las situaciones de cada día y la podemos rectificar, en caso de que no sea la correcta. Cada día tenemos una oportunidad para crear nuestro destino y llegar al objetivo.

Además de ser cuerpo biológico, emocional y mental,  somos energía, somos seres espirituales y todos los seres en el planeta tenemos por misión ayudar a los demás haciendo el bien, unos de una forma y otros de otra, pero todos debemos hacer algo por los demás. Si  seguimos alimentando nuestros cuerpos con miedo e ira crearemos violencia y mucho resentimiento a nuestro alrededor; en cambio si nos alimentamos de alegría y serenidad se creará un mandala de paz y prosperidad entorno a nosotros. Todo depende de nuestra elección. La vida es un misterioso hechizo de ilusión que no es y hay que descubrir ese encantamiento para ver la realidad.

La vida es un viaje de observación que desentraña ese misterio de nuestro infinito universo y poder, solo hay que prestar atención a las señales del camino y aunque haya penalidades y miserias siempre hay que dejar un hueco para la esperanza.

El horizonte, sendero del alma

El horizonte, sendero del alma

El arco iris es el puente entre el universo celeste y terrestre para que todos los seres humanos podamos transitar por él  y descubrir los misterios entre ambos universos.

La energía creadora nos envía su reflejo a través del espejo de las aguas primigenias para que veamos la manifestación de su obra a través de la vida en el planeta. También nos dio el regalo del amor para labrar día a día los campos de la vida con serenidad y alegría aunque muchas veces los hayamos sembrado de desdicha. El sendero del alma es armonía, amor, dulzura y solidaridad y nos enseña a amar la vida; si amamos la vida seremos solidarios con los demás porque nos amamos a nosotros mismos y a todas las emociones que de ese amor se manifiesten, también el amor nos enseña  a luchar con lucidez y compasión contra todas las emociones contrarias a él porque crean una tela de araña de desamor, desgarramiento y autoengaño. El verdadero amor crea límites pues no es amor lo que no se respeta ni lo que se intenta dominar.

Cada día se realiza el milagro de la continuidad de la vida con el alba y el crepúsculo, momentos de transición que preceden al milagro de la luz regalándonos sus bellos espectáculos, tanto al amanecer como al anochecer, para que nosotros podamos sentir la luz y la sombra, ambas necesarias y ambas nos enseñan a reflexionar y a tomar conciencia de nuestras acciones para prepararnos para la siguiente oportunidad.

Desde siempre los seres humanos han exclamado “¡qué maravilloso espectáculo!”, al ver como brillan los diamantes del manto de la diosa Nut que se mueven en una danza sagrada y tuvieron la certeza que la vida es movimiento. La vida es un fluir constante, la muerte un fluir interrumpido. Por la noche, los buscadores de misterios se sentaban para observar tal majestuosidad y oír en el silencio la sinfonía de las esferas,  sintieron que había algo superior a lo humano, algo extraordinario y sagrado. Así, paso a paso, a través de los senderos del alma, algunas personas curiosas y observadoras quisieron saber el origen de sí mismas y del universo y  empezaron a preguntarse: ¿Qué es el universo? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? ¿Por qué vivimos? ¿Por qué morimos? ¿Quién soy y quién es Él? Preguntas que generaron miles de respuestas y otras miles de preguntas en un círculo sin fin.

La curiosidad y la  observación han sido los motores que han llevado a descubrir nuevos universos en nuestro interior; esos buscadores de lo inefable a los que ahora se les conoce como “sabios”, fueron muy valientes al adentrarse en el mundo de los fantasmas de la profundidad de la mente y descubrieron que la fuerza, la disciplina y la voluntad son las herramientas para bucear en esa aguas primigenias, en lo más profundo de nuestra conciencia donde reside la sabiduría, enseñanza que deja su huella con flores de mil colores y fragancias delicadas para que todo aquel que quiera transitar por el sendero de su alma lo reconozca y no se pierda. El sendero del alma es el reflejo del espejo entre dos universos paralelos, lo que está arriba está abajo, separados por el horizonte, punto de unión entre el alba y el crepúsculo, círculo sin fin.

Esa percepción de los universos paralelos elevó sus conciencias para comprender el sendero de la vida por el que cada uno camina al ritmo de sus pasos, caminos con muchas curvas que impiden ver lo que hay detrás de cada una de ellas a nivel físico, emocional y mental pues todas tienen sus propias vivencias; esos “sabios” comprendieron que había que dirigir el timón de la mente para alimentar la propia reflexión y evitar que caigamos o tropecemos en alguna de esas  curvas ciegas y así poder llegar a nuestro destino con equilibrio y armonía que son el conjunto de todo en la vida.

Esos “sabios” pudieron recordar gracias a su memoria celular formada por átomos de luz que todos portamos en el alma la sabiduría de la energía creadora y quisieron dejar constancia de ello para que la vida de las futuras generaciones fuera menos dolorosa y tuvieran  acceso a la felicidad. Esa memoria celular está viva y palpita con cada latido de nuestro corazón pues es esencia de vida y espera que despertemos de nuestra hibernación producida por la  duda y el miedo para poder libremente, una vez más, preguntarnos de nuevo esas preguntas que siguen bailando en el aire a través de los tiempos.

Para despertar de la hibernación es necesaria la primavera, donde los colores, aromas, los rayos del sol y las noches claras y hermosas nos invitan a reflexionar “para vivir solo necesitamos estar vivos y amar la vida con respeto y honorabilidad”. La primavera, símbolo de renacimiento, donde la rosa del corazón se abre para dejar fluir sus aromas de alegría, paz y compasión y alejar a los espectros del miedo, temor, penas y tristezas que nacen en las aguas profundas de la mente y nos mantienen aletargados.

El sendero del alma es amor que genera dulzura, equilibrio y armonía para vivir la vida, es la línea que nos guía a través de nuestras vivencias que no solo se componen de familia, amigos, trabajo, ocio, estudio…, sino de nosotros mismos; somos la clave de nuestra existencia, la clave de nuestra vida. Nuestro sendero tiene varios tramos, tramos buenos  y malos y los recorremos a través de diversos periodos de nuestra vida. Pero siempre hay “algo” interior, un pensamiento, un escalofrío, una emoción, una intuición que nos hace reflexionar para luchar y nos motiva para salir de la rutina del no vivir; para dejar atrás todo lo que no somos pues siempre hay una persona o circunstancia, incluso nosotros mismos, que nos impide ser la persona que realmente somos y eso es lo que el sendero del alma no permite, solo puede caminar la persona que es y que vive por ella misma a través del respeto, solidaridad y agradecimiento pues esa búsqueda requiere sinceridad y perseverancia; quien camina con miedo, odio, temor, ira, resentimiento seguirá el camino de obstáculos que él o ella ha trazado. El alma se compone de átomos de luz y contiene la sabiduría para guiarnos a través de su sendero y decirnos que la luz siempre está ahí si nosotros queremos verla y la aceptamos en nuestra vida. Siempre se cuela por la menor rendija y rompe cadenas para liberarnos a la vida.

El sendero del alma es el espejo de la energía creadora cuyo reflejo es la manifestación de su obra y donde los buscadores curiosos y observadores han sabido encontrar respuestas. Han sabido  que estar aquí es saborear el néctar del éter pues somos micro universos en estos universos paralelos.

 

 

El enemigo invisible

El enemigo invisible

Una vez más en la historia de la humanidad, la vida nos sacude para que salgamos de este profundo letargo que nos provoca la falta de conciencia. Mientras estamos en una situación confortable, sentados en el sofá de nuestra zona de confort y creyendo que nada puede cambiar, creemos que somos eternos y fuertes pero la vida llama a nuestra puerta sin avisar para  zarandearnos y hacernos sentir nuestra fragilidad y vulnerabilidad.

Los seres humanos hemos generado tanta crueldad y violencia a través de la historia que una vez más  hemos vuelto a alcanzar su punto álgido;  durante muchos años hemos intentado aniquilar a la familia Humanidad sometiendo a  millones de personas a un sufrimiento atroz por guerras sin sentido, ausencias de derechos humanos, maltratos, injusticias…; en cuanto a la naturaleza y a sus habitantes no les respetamos, los matamos poco a poco con la polución, contaminando sus elementos. Un parón a nivel global ha sido necesario para volver a equilibrar ese desequilibrio feroz y mortal.

La Naturaleza agradece este parón pues se va restableciendo el equilibrio –aire más puro, aguas cristalinas, comida en los océanos exentas de plásticos, animales que se sienten en seguridad y podrán perdurar su especie–; y nosotros, seres humanos, valoramos más a la familia, a los amigos verdaderos pues de tanto correr y correr los habíamos dejado muy atrás en nuestras vidas. En estos momentos hay muchas personas que sienten en su piel ese vacío que es la soledad impuesta al haber olvidado que una mirada de cariño, una caricia, un abrazo y unas palabras tiernas no se compran con dinero.

Cuando una célula enferma, el cuerpo humano entero enferma, lo mismo sucede con la familia Humanidad, cuando uno enferma los demás enferman y ahora, en estos momentos difíciles, la humanidad entera está en peligro y todos debemos tomar consciencia de que nuestra vida anterior no era la mejor y hay que tomar decisiones drásticas para que los causantes de tanta violencia y crueldad dejen de formar parte de nuestra vida.  El mundo se ha paralizado y ha dicho ¡basta! Ha llegado el momento de ser solidarios y generosos con conciencia; ha llegado el momento de que los líderes de los países sean conscientes -de una vez y para siempre- que la vida es más importante que poseer un sillón en un despacho, deben tener como prioridad la salud y el bienestar de los ciudadanos del mundo y no seguir jugando a ser dioses de barro. Durante muchos años los recursos económicos se han destinado a armas para guerras en beneficio de unos cuantos y en perjuicio de muchos, en lugar de invertir en investigación científica, sanidad, vivienda, educación tan necesarias hoy en día.

Los actuales acontecimientos producidos por el COVID 19 están trayendo una serie de profundos cambios a la humanidad entera y uno de esos cambios es tomar conciencia de nosotros y de nuestros actos. A esta pandemia no le interesa el pasaporte, el DNI, la profesión, el estatus social o la cuenta corriente de nadie, ante ella todos somos cuerpos biológicos, todos vulnerables y todos podemos ser vencidos por ese enemigo invisible.  En estos momentos tan delicados y complejos, nos hemos dado cuenta de que no existen credos, colores de piel, culturas solo existimos cuerpos humanos queriendo sanar esas células enfermas que nos matan. Ha llegado el momento de pensar en la Humanidad como unidad.

Estos momentos de reflexión nos ayudan a descubrir quiénes somos, analizar nuestro comportamiento y sus consecuencias. Dependiendo de nuestro comportamiento, estas reflexiones escuecen más o menos, pero al cabo de unos días ese escozor se transforma en un bálsamo de comprensión y nos ayuda a comprobar, sin juicios, que el futuro no existe y que hemos perdido gran parte de la vida corriendo hacia ningún lugar,   proyectando una película de imágenes inexistentes, excepto para nuestra mente.

Nada puede  cambiar si nosotros no somos responsables de nuestras acciones y de lo que creamos. Para aprender debemos ser conscientes de lo que nos pasa. Nos hemos olvidado de reír -de intercambiar sonrisas, palabras agradables y agradecidas, miradas alegres y serenas- por estar inmersos en un mundo material y egoísta, de competición, de no mirar por los demás solo de pisotear.   Ahora nos damos cuenta que tanta competición, que tanta codicia, que tanto egoísmo no sirven de nada. El mundo nos ha parado y nos ha hecho más frágiles y vulnerables de lo que ya éramos. Pero también nos regala el rayo de luz llamado conciencia que empieza a anunciar que el crepúsculo deja paso a un nuevo día.

Todas estas enseñanzas que cada uno de nosotros vivimos en nuestra piel nos llevan a tomar conciencia de uno de los problemas más urgentes a resolver, el de los niños y jóvenes  que deben estar preparados no solo física, emocional o mentalmente al gran cambio sino también espiritualmente ya que deben comprender y asimilar que lo primero es respetarse a sí mismos y a los demás; que deben buscar soluciones y no rupturas; que deben prepararse con fuerza y coraje para no utilizar la venganza sino el perdón; que deben prepararse con sabiduría para la tolerancia, la justicia, la paz, y la libertad. Deben prepararse para aceptar que todos somos seres humanos con derechos y responsabilidades y para este gran cambio es necesario educación, vivienda, sanidad, libertad, paz, progreso, compromisos y alternativas…–. Las futuras generaciones tienen la gran responsabilidad de empezar la creación de un mundo mejor por los cimientos tomando conciencia que deben prepararse para futuras pandemias que tocan al mundo no solo a nivel biológico sino emocional, mental y espiritual siendo éste, la clave para poder cambiar, y esa educación empieza en las familias.

El cambio en el mundo nos lleva a plantar una semilla de color con aromas de primavera en nuestro micro jardín del universo para que todos podamos disfrutar  de la nueva vida en el planeta como una gran familia Humanidad.  Los cimientos para construir un jardín lleno de colores, aromas y belleza son los valores que hemos olvidado y que ahora recuperamos –-honor, lealtad, honestidad, integridad, fuerza, dignidad, coraje, sabiduría, generosidad…–, sin valores volveremos a ese mundo anterior y todos conocemos sus consecuencias.

Ahora es el momento del cambio, de ver a la Humanidad como unidad, de romper los muros de separación para crear puentes de unión.

(foto privada)