¿Es posible la paz sin justicia? ¿Es posible el progreso en la guerra? ¿Es posible vivir estando muertos? La respuesta a estas preguntas es ¡No!

Las calles de todas las ciudades del mundo están hechas de historias, de heridas y de alegrías aunque en algunos países sus calles están hechas del polvo de la destrucción de la vida. No puede haber paz sin justicia, ambas van de la mano y son inseparables  como el aire y la materia; no puede haber progreso en el barro de la miseria y la desesperanza; no puede haber vida cuando se está muerto.

El denominador común para un bienestar social es la paz, si hay paz hay vida, si hay sueños  hay esperanza, si hay bienestar hay progreso, pero si no somos conscientes de que necesitamos una nueva conciencia social estaremos negando los valores de la vida; para traer la paz hay que sentirla y vivirla en nuestras entrañas y luchar con flechas de luz para que iluminen este mundo sin sentido y ese comportamiento irracional que es el conflicto. Como decía Buda “el conflicto no es entre el bien y el mal sino entre el conocimiento y la ignorancia”.

Los conflictos creados por el ser humano  a través de la historia de la humanidad son aterradores: guerras, caos, miserias y sus angustiosas consecuencias. La solución no es las armas, la solución es que los dirigentes acepten que la paz es la única fuente de paz y estén dispuestos a luchar por ella mediante una negociación honesta y un compromiso serio y sincero, dejando a un lado el ego ciego que crea dioses de barro con calles llenas de polvo de muerte, donde se tratan  a otros seres humanos como piedras a las que se les da una patada o se lanzan a un río.

Esta tragedia y sus terribles consecuencias dejan una huella imborrable en el alma de la humanidad, pasarán muchas generaciones antes de que sus memorias celulares sanen este dolor y angustia; incluso la naturaleza nos desvela su tristeza a través de los cantos desgarradores del aire que piden perdón y paz y del agua de los mares que llora por las almas que no alcanzaron esa tierra de esperanza y ahora duermen en sus profundidades.

La crisis humanitaria que padece el planeta entero es atroz. Millones de seres humanos viven en un estado de desesperación tan profundo que para salir de él es necesario una nueva conciencia en la sociedad, conciencia que busque alimento para el alma -respeto y libertad-, así como alimentos y cuidados físicos; conciencia que busque la  luz en la profundidad de la caverna de cada ser humano para que iluminada sea como una catedral subterránea de luces y colores que da cobijo y paz al alma para que sus pensamientos, palabras y acciones estén impregnados de serenidad, alegría y buena voluntad.

Sin justicia, sin libertad, sin respeto y sin dignidad no hay vida. Hay que tomar decisiones productivas para crear un bienestar mejor con responsabilidad hacia la sociedad, humanidad y naturaleza. Hay que edificar casas para vivir, hospitales para ser curados, escuelas para aprender y poder elegir; hay que respetar a la humanidad con sus diferentes culturas y creencias que les alimenta de amor y esperanza; hay que cuidar y respetar a la naturaleza para poder caminar entre bosques y respirar, proteger a los océanos para que todos los seres vivos puedan nadar y alimentarse, no asfixiarse.

La  nueva conciencia social trae paz y justicia porque se alimenta de derechos cívicos y derechos humanos, dejando atrás guerras, miserias y cárceles del alma.

Para  caminar los dos pies deben avanzar en la  misma dirección; para vivir, la libertad y la paz deben ir de la mano.

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