por Ángeles Carretero | May 21, 2025 | Pensamientos
La Vida es movimiento, energía, vibración, información, inteligencia que circula a través de la materia para crear manifestación; la Vida no es inerte y nos habla con silencios musicales que provocan alegría, este silencio lleno de Vida es el idioma universal de todos los seres del cosmos y de Gaia. Toda nuestra realidad está interconectada.
Nuestra catedral de cristal está en nuestro interior; cada uno posee la suya, pues, es la sede de nuestro diamante de luz. Al interior de esta catedral diamantina, la fuerza de la Vida va creando nuestra realidad de acuerdo con nuestras memorias, decisiones, conciencia, etc.
En el ser humano, el pensamiento y la palabra están imbricados y son inseparables. Cuando reflexionamos antes de hablar, nuestro lenguaje es más conciso, claro y rico, lo que permite definir mejor nuestras relaciones, a través de diálogos y sentimientos, aportando un mayor bienestar a nuestra vida. Sin embargo, cuando hablamos sin reflexionar, estamos en la opinión vacía que suele traer confusión porque es ruidosa y sin sentido y esto lleva a múltiples conflictos. Dependiendo si somos conscientes o no, al hablar, nuestro lenguaje estará cargado de energía positiva o negativa, depositando dicha carga en la interacción entre nosotros y el otro, entre nosotros y la naturaleza, entre nosotros y nosotros mismos y entre nosotros y el cosmos.
Así, todo está interconectado, todos los seres vivos se comunican, unos con palabras y otros con vibración. La palabra transmite nuestros pensamientos, emociones, sensaciones, ideas; es una fuerza muy poderosa y tiene una función afectiva —dialogamos, escuchamos al otro, nos acercamos, es un momento íntimo, de amistad, de cariño, contamos confidencias, vivencias profundas con sentimientos y emociones— o fría —discutimos, nos alejamos y herimos produciendo violencia, destrucción y dolor—. Todas estas palabras se transforman en vibración y pueden ser oídas, sentidas no solos por los humanos, sino por todos los seres de la naturaleza, dejando nuestra huella, de alegría o sufrimiento.
Reflexionar es un arte y es previo a empezar una conversación honesta y real. Debemos ser capaces de debatir, de aceptar lo que el otro tiene que decir y admitir que no sabemos todo, así se irá tejiendo una red de conocimiento libre entre los dialogantes porque no se impone tener razón. No olvidemos que todos llevamos en nuestro interior los útiles necesarios para construir nuestra catedral de palabras cuya esencia imprescindible es el Amor que conlleva generosidad, respeto, alegría…
Esta red de conocimiento sutil e individual nos evita la confusión y, sobre todo, a no vivir bajo una tutela que no deseamos, a no pertenecer a esa “masa” donde todos caminan al paso del señor que la dirige, creando una falsa bandera de bienestar. No olvidemos que cuando vivimos en la “masa”, el que nos dirige también aprende a hablar, a entonar, a gesticular, para convencer y controlar mejor los pensamientos del que lo escucha. De ahí la importancia de conocer nuestra intención detrás de nuestras palabras, saber lo que deseamos para no caer en la trampa o crear discordia.
Como decía Viktor Frankl: “El hombre no es solo el producto de sus circunstancias; también es el producto de sus decisiones”. Todos decidimos, aunque nos dejemos llevar por la ola de confort en que vivimos, imitando a otros que no conocemos, pero creemos que su influencia es beneficiosa, así negamos nuestro don sagrado de pensar, de ser libres, en favor de esa “masa”, para vivir arropados por ideologías de otros, caminando al mismo paso bajo el poder hipnótico y acabando como sonámbulos en nuestra vida —es mejor no pensar, así tendremos amigos y seremos aceptados, ya que la diferencia siempre es sinónimo de soledad—.
Lo más triste es que se penaliza y castiga a los que piensan de forma diferente, a los que defienden que la vida no es homogénea, sino plural y compleja. Esta ruptura de vida crea realidades diferentes al no estar sometidos al “otro”. Esas personas “diferentes” no forman parte de la “masa” y por ello molestan a los demás por su libertad interior, independencia, lucha, porque nadan contra corriente para llegar a su destino, cueste lo que cueste. Estas personas “diferentes” han comprendido que debían transmutar sus átomos de discordia en concordia para poder penetrar en la catedral de cristal, sede de la sabiduría del espíritu, y poder transmitir ese lenguaje sutil de silenciosas melodías.
En la catedral de cristal, diamante de luz, se guarda la energía del Alma. Cuando construimos nuestra catedral de palabras, oímos la voz del Alma. Todos somos constructores de catedrales.
(Dibujo Lorena Ursell. “Biografía de mi Alma”)
por Ángeles Carretero | May 20, 2025 | Artículo
La Naturaleza está formada por células de materia que corresponden a la vida terrestre, al igual que los seres vivos que la habitan, incluidos los seres humanos. Sin embargo, toda fuente de Vida proviene de la energía vital del Alma; sin esa energía vital, nada existiría. La Naturaleza es, pues, un ser vivo que interacciona con todos sus habitantes.
Oigo y siento, en lo más profundo de mi ser, el lenguaje universal de la Naturaleza. Mi consejero y amigo, el “Roble”, mi árbol sagrado, que tanto me ayudó y me sigue ayudando, me enseñó que la Naturaleza es alegría, que debía abrir mi corazón para poder oír sus palabras y melodías y ver y sentir la esencia de la belleza en sus colores y fragancias. Desde mi encuentro con él, hace varias décadas, mi vida cambió profundamente y el amor por la Naturaleza y la Vida creció abriéndome a nuevos horizontes. Me gustaría compartir parte de esas enseñanzas y vivencias para que seamos conscientes del lugar en que vivimos y de los compañeros que tenemos.
Como sabemos, el ser humano es el intermediario entre el cielo y la tierra, así como los árboles, gigantes verticales, que absorben la energía solar y la transmiten al mundo subterráneo para su alquimia y hacer brotar las semillas. El mundo subterráneo es un lugar mágico donde miles de animales fertilizan a la tierra y las raíces de todos los vegetales se comunican, se ayudan y guardan su memoria para renacer continuamente según sus ciclos naturales.
En la antigüedad, el humano y la naturaleza formaban la Unidad. Nuestros ancestros tenían un gran conocimiento de las leyes universales y vivían conforme a ellas. Hoy en día, el ser humano se ha distanciado de la Naturaleza, de sus leyes naturales y la ve como algo separado, por este motivo no vemos la excelencia de otros pueblos, y esa diferencia nos produce confusión al vivir en las apariencias de la vida social, cuando en realidad esa Unidad es un tesoro que palpita en nuestro interior.
Los bosques han estado en la tierra desde hace millones de años y los seres humanos que la habitaban vivían en armonía con ellos y sus habitantes. Nuestros ancestros sabían que la Naturaleza es una inteligencia colectiva, que todo está unido porque todo procede de la misma energía, aunque todo lo manifestado sea diverso y múltiple. Para comprender esta enseñanza tenemos que unir y no dividir. No podemos seguir destruyendo nuestro medio de vida porque destruimos nuestras vidas.
Estos bosques primigenios enseñaron a los humanos sus secretos, se establecieron lazos de cooperación, amistad, respeto, conocían la magia de sus espíritus y guías, ya que interactuaban para establecer la armonía. Conocían el lenguaje universal de la Tierra, la existencia de los mundos invisibles y visibles; subterráneos y manifestados; por ello conocían los ciclos de la naturaleza, ese movimiento vivo que es renacer continuamente. Los autóctonos de todos los países del mundo saben que el bosque sagrado de la Naturaleza es fuente de Vida, medicina sagrada para todo aquel que lo necesite y lugar de descanso de todos sus habitantes.
En nuestro mundo actual observamos la vida desde una pequeña perspectiva, investigamos en nuestros cuerpos biológicos desde la muerte, no tenemos en cuenta la fuerza vital de la Vida. Nos hemos alejado tanto de las leyes naturales de la Naturaleza que hemos olvidado que somos parte integrante de la Energía Universal creadora porque somos seres de luz y humanos, espíritu y materia.
Gaia es un lugar sagrado y contiene la energía vital necesaria para crear vida. Solo hay que abrir el corazón para sentir esta energía universal. Estos bosques sagrados se encuentran por todo el planeta y no pertenecen a ningún pueblo o raza porque son nuestra herencia sagrada. Cada país, cada cultura aporta su sabiduría, de ahí la importancia de respetar a todo y a todos.
El lenguaje universal de la concordia forma parte de nosotros y de nuestros ancestros, de los bosques, de Gaia y del cosmos. Todo en el cosmos interactúa con la Naturaleza, ya que es tierra ancestral y su energía proviene del Alma creadora.
La Vida de Gaia, nuestro querido planeta, habla con silencios musicales para que nuestra vida sea alegre y nos unamos a ese árbol vertical que solo espera un abrazo para ayudarnos a comprender y a elevarnos.
(Dibujo Lorena Ursell. Libro «Biografía de mi Alma»)
por Ángeles Carretero | Mar 23, 2025 | Pensamientos
La Presencia posee un lenguaje enigmático para que podamos sorprendernos al representar nuestra realidad. Su sonido es el silencio y habita en nuestro interior.
La Presencia me comunica que no soy la persona que vemos, sino que soy la Presencia que me engloba.
La Presencia se desvela a cada uno de nosotros en pequeñas dosis, para que nuestra sensibilidad la pueda asimilar y así vibrar en armonía celestial.
La Presencia es el tambor de los latidos de mi corazón que me une al otro con hilos de oro.
La Presencia es la poesía antes de manifestarla en esa hoja pura, libre, que contiene las fragancias de los silencios, ritmos, símbolos, porque solo así se puede expresar su magnificencia.
La Presencia me devuelve la imagen de la luna cuando miro a través de los cristales y el espacio azul zafiro me envuelve para oír la sinfonía del cosmos.
La Presencia es como una cuerda de violín que nos hace sentir nostalgia de la melodía del viento para que su caricia pueda ser sentida por su alma.
La Presencia es esa energía que todo envuelve, crea y da vida; es la certitud de que somos terrestres y celestres, viviendo al ritmo del eterno retorno.
por Ángeles Carretero | Mar 3, 2025 | Pensamientos
por Ángeles Carretero | Feb 22, 2025 | Microrelato
Me han despedido, pues, dicen que soy una persona de difícil de trato. La verdad es que no soy muy agradable ni le saco el sombrero a nadie; prefiero la compañía de los árboles a la de los humanos; ha llegado el momento de tomar un nuevo rumbo.
Encontré una pequeña casa con jardín en un pueblo de montaña donde solo hay una calle. Los vecinos son montañeses, por lo que son muy suyos, y, es perfecto. Cada día disfruto más del silencio y de mi soledad, aprendo a ser libre, a conocerme, incluso me he hecho invisible, por eso me llaman el fantasma del pueblo porque nadie sabe nada de mí. ¡Me gusta y me parece divertido!
En mi caminata diaria, he descubierto parajes preciosos donde se oye la música del agua en su continuo fluir; las hojas de los árboles bailan al compás de la brisa. Este lugar me ha atrapado, es especial y no sé por qué.
He descubierto que me encanta contemplar y pintar la serenidad y belleza de la naturaleza. ¡Quién me lo iba a decir, yo que siempre estaba gruñendo! Han pasado tres meses desde que me mudé a este pueblo aragonés. Ayer por la mañana, mientras estaba pintando las hojas del otoño que bailaban vestidas de ocres y dorados, oí un pequeño ruido entre los árboles. Agudicé el oído y comprendí que era el llanto de un animal herido. Con cautela me acerqué y un pequeño cachorro blanco tenía herida una pata. Lo cogí con cuidado y lo llevé al veterinario. Sin darme cuenta, había adoptado a Inko. Un compañero y fiel amigo había entrado en mi vida.
Sentimientos de cariño que tenía guardados en el desván, salieron con ímpetu para cuidar a Inko. Desde ese momento, siempre me acompaña y corre a través del campo moviendo su cola y cuando se cansa, regresa y me da besos hasta que le digo: ¡basta!
Una mañana, mientras corría, lo oí ladrar insistentemente, me acerqué a él y me llevé a una pequeña arboleda. Oí, un gemido casi inaudible; nos acercamos despacio y vi a una mujer inconsciente; alguien la había golpeado y abandonado. La llevamos a casa y la cuidamos. Cuando se repuso, me dijo que era la mujer del panadero del pueblo vecino. Iban paseando por el bosque cuando tuvo un ataque de ira y la golpeó, dejándola en el bosque inconsciente. Días más tarde, la policía se lo llevó para siempre.
¡Sorpresas de la vida! Algo especial había nacido en mí cuando me adentré en esos ojos tristes y profundos, comprendiendo al instante que el dolor se sana con el dulce bálsamo del amor. Desde entonces mi familia se ha agrandado y las caricias son bailes de manos entrelazadas.