Abrir puertas a una nueva dimensión del saber

Abrir puertas a una nueva dimensión del saber

Mi corazón latía alegre al oír las palabras: “Eres hija del Sol y el alimento de tu alma se revitaliza a cada instante con el prana que respiras; además, el prana permite a lo vivo impregnarse de la energía invisible para que el movimiento de la vida siga su curso. Todo el planeta y el cosmos están entrelazados y esos lazos permiten que te adentres en otros universos”. Mensaje que la ola al romper en la orilla me trajo.

Múltiples y bellos rostros del Todo recorren las venas de lo Vivo para abrir portales a infinitos saberes.  El conocimiento crece al contacto con lo “real” que emerge en el interior del corazón de cristal, donde lo invisible forma parte de lo visible. Vivir en conciencia es transformar nuestra existencia porque la sabiduría es vivir consciente de la evolución y cooperación entre nuestro mundo y el cosmos. Así reconciliamos nuestros cuerpos con el universo, para crear un ser humano entero, capaz de observar el misterio de vivir y su energía, la vida.

Los árboles echan raíces profundas en la soledad de la tierra antes de elevarse hacia el sol.  Cuando nos exiliamos del ruido de nuestro mundo cotidiano, entramos en el mundo interior del silencio que nos invita a la reflexión, a la meditación, al diálogo con nosotros mismos para ir descubriendo ese misterio de existir y su energía, la vida.  Esa fuente de vida procede de la armonía, energía necesaria a la vida porque es unión de los contrarios: día y noche, blanco y negro, luz y sombra, alegría y sufrimiento, arriba y abajo, vida y muerte, sueño y vigilia; toda experiencia necesaria en nuestro mundo para su existencia y la de todos los seres que lo habitan. Nuestra aventura terrestre es una aventura de alma, conciencia y amor. Cambiar la percepción de quiénes somos es vital para comprender que la conciencia es la que pilota al cuerpo y no lo contrario.

La armonía es amor, como principio universal creador. Amor que abraza todo, sin diferencias y, por ello, todo embellece. El amor no es pasión, no es deseo, no es un sentimiento. El Amor como fuente de creación es energía pura, Armonía. La fuente de la Armonía en nuestra vida permanece invisible hasta que seamos capaces de comprender que somos responsables de nuestras acciones y reacciones; en ese momento de comprensión abrimos la puerta de nuestro corazón diamantino.

El amor universal es la Presencia que todo es, ha sido y será, y se hace presente en la naturaleza a través de los ciclos eternos. Las flores en primavera se abren porque es natural, al igual que en otoño las hojas caen bailando su vals; en invierno descansan, en verano disfrutan del sol; nadie le dice a la naturaleza qué debe hacer. Los ciclos naturales de la vida terrestre son una constatación del movimiento eterno.

Con cada paso que damos en el camino hacia nuestro universo interior y exterior, empezamos a abrir puertas a otra dimensión donde origen y destino se unen en la unidad. Cada puerta nos abre a una experiencia que requiere sentido, observación, comprensión. Estos componentes producen un campo energético de nuevas vibraciones; así, paso a paso, proceso a proceso, vamos abriendo puertas hasta llegar a reconocernos a nosotros mismos para vivir la Presencia.

Puertas de mitología: Desde la antigüedad, los seres humanos han dejado huella a través de la piedra, la poesía, el arte, la música; cada huella tiene su propia vibración y a cada uno de nosotros nos toca de manera diferente. El mito revela el arquetipo atemporal del héroe universal; cada ser humano puede llegar a serlo si es capaz de transmutar sus nieblas interiores en luz.

Puertas de simbología que evoca otra realidad y la hace presente. La simbología es necesaria para que los seres humanos comprendamos lo sagrado y profano fuera del tiempo y del espacio.

Puertas del sueño, intuición, imaginación; puertas necesarias para vislumbrar otra realidad y reconectar con la conciencia.

Puertas de la alquimia donde transmutamos nuestras sombras en luz; la alquimia aparece con su llama violeta cuando estamos preparados para comenzar el camino hacia la armonía.

Puertas del templo atemporal donde Maat (justicia, verdad, armonía) reina en silencio para dejar una impronta de amor en el alma de lo vivo y recordar el eterno retorno.

Puertas sagradas que se abren cuando el niño del universo regresa al ciclo terrestre, con recuerdos y memorias que debe reavivar para aprender de sus elecciones y adquirir enseñanzas como ser humano para encontrar la armonía.

Puertas donde la naturaleza es testimonio de la grandeza del universo, cuyo lenguaje enigmático deja huellas en las arenas del desierto, en la gota del océano, en las flores de primavera, en el viento con su susurro. Huellas de ciclos que nos hacen maravillarnos por su belleza cada vez que la observamos.

Puertas profanas que se abren al mundo cotidiano para ver, oler, oír, tocar, degustar la vida y reverenciarla. Todos poseemos el átomo de luz que podemos activar para recordar que somos energía y materia.

Puertas colectivas, sociales que nos dan el derecho a la vida, al respeto, a la dignidad. Derecho a tener derechos, derecho a la educación, a pensar por nosotros mismos, a creer en lo que amamos para dejar a un lado las sociedades de la muerte, de la dominación, porque lo que desean esas sociedades es mantener a una masa de robots durmientes.

Puertas individuales donde el ego reina como director de orquesta, creando desarmonía si el director no conoce la partitura ni los instrumentos, generando intolerancia, fanatismo, rigidez.

Puertas de educación, instrucción, enseñanzas que se abren para que podamos desarrollar nuestra capacidad de conocernos, de conocer lo vivo (materia y esencia) —sus leyes, sus consecuencias y su relación con nosotros mismos y el otro—; todas estas enseñanzas tienen un objetivo común, ser mejores seres humanos con más claridad moral al aprender a reflexionar antes de actuar.

Puertas que se abren al cariño para poder navegar entre olas amargas y así llegar a la orilla para disfrutar del jardín de la alegría entre abrazos de amistad, lealtad, generosidad.

Puertas sagradas y profanas que forman nuestra constelación de vida. El sol exterior ilumina los objetos; el sol interior ilumina nuestro diamante interior.  Cada uno elige qué puerta abrir, pues todos los seres humanos participamos en la existencia.

Las enseñanzas, desde el principio de los tiempos, se transmiten a través de la luz en su eterno baile con la tierra para que todos podamos conocer nuestra constelación en el universo.

Viaje atemporal en el tiempo profano

Viaje atemporal en el tiempo profano

En lo más profundo de mi alma hay un recuerdo que trata de abrir el cerrojo de mi memoria, desea ser revivido y transmitido; por esto lo voy a contar.

Unos ojos vivos de color esmeralda me miraban con infinita ternura. Un rostro arrugado por el tiempo profano se iluminó con la belleza de una sonrisa atemporal, símbolo del Amor. Mi estancia en el Egipto de Akenatón, donde Maat y Atón se unían en un abrazo universal, resurgió.

Itumi, así se llamaba el sacerdote de ojos turquesa, color de la armonía. Él me enseñó a abrir la primera puerta de mi conciencia para que mis observaciones, pensamientos, palabras y acciones fueran reflexivas, independientes, armonizadas para evitar intolerancia y conflictos. Me mostró que hay miles de puertas por abrir para acceder a otras dimensiones. Me repetía, una y otra vez, que el conocimiento de uno mismo es necesario para acceder a ese lugar sagrado; hay que distinguir entre lo que necesita el cuerpo y lo que necesita el alma, que, aunque sean dos universos diferentes, son iguales en esencia y ambos se rigen por las mismas leyes universales. Este proceso de aprendizaje silencioso de conocimiento y descubrimiento se inicia con un anhelo profundo y sincero para que la fuerza de la tierra te proporcione coraje y vitalidad para emprender el camino de tu destino.

Recordaba estas palabras mientras estaba observando el atardecer en el patio del estanque de aguas primigenias que se alimenta del prana, energía vital, de Atón. Sus aguas son ondas de un azul acero. Unas columnas repletas de jeroglíficos separaban el patio del río Nilo. La luna llena en todo su esplendor apareció en el cielo sin hacer ruido y se reflejó en las aguas primigenias; las estrellas iluminaron el patio creando un ambiente mágico. Se oía la amable risa del río Nilo y la brisa del desierto contenía su aliento para no perturbar el movimiento.  Mi corazón latía veloz y alegre.

Durante unos años, Itumi prosiguió su enseñanza. Una mañana, mientras estaba practicando mi respiración en el patio y recibiendo el prana de Atón, apareció y me indicó que lo siguiera.

Me llevó a un espacio circular donde había muchas puertas. Recordé unos versos de un canto que había compuesto a Atón hacía algún tiempo: “Luz dorada que calienta mi corazón de materia a través de los rayos diamantinos y lo sana con dulzura y delicadeza. Luz que a través de mi piel abraza a la humanidad como hermandad de la paz”. Su rostro arrugado me miró y la belleza de su sonrisa universal todo iluminó.

Me pidió que eligiera una puerta. Elegí la puerta dorada porque tenía grabadas en su centro las alas de Maat y la cruz de Vida, Ankh; ambas irradiaban su luz mientras las miraba. Soles y águilas, papiros y palabras iluminaban el camino y me acompañaban a otras moradas.

Palabras silenciosas que se transmiten en sueños, visiones para que puedan ser oídas sin interferencias.  Dentro de ese espacio dorado, había otras puertas más pequeñas de colores cristalinos como el arcoíris, y supe de inmediato que ese puente de unión entre lo celeste y lo terrestre sería el símbolo del Amor atemporal.

Más tarde, Itumi me recordó, mientras caminábamos por un pequeño sendero cerca del Nilo, que la simbología es traer la ausencia de algo profundo a nuestra actual realidad: —Usa tu imaginación para recordar y así conectarte a través de los tiempos.

*****

La imaginación nos permite el cambio que deseamos hacer en nuestra vida, a volar hacia universos que creemos lejanos, a crear nuevas realidades. No olvidemos que la imaginación es una poderosa herramienta del ser humano para cambiar su universo. La simbología también es otro instrumento capital en nuestra vida porque nos ayuda a comprender y a profundizar en la visión del recuerdo.

El cuerpo y el alma están en continuo diálogo para reconstruir nuestra vida. Diálogo que debe ser franco, honesto y abierto a la diversidad de nuestra hermandad. Así podremos comprender y actuar a través del alma que nos permite tener conciencia de amar y de ser amados.

El alma, nuestro ser espiritual, está compuesto de átomos de amor, generando el Amor universal que embellece todo a su alrededor porque pertenece a una dimensión atemporal, sagrada e inviolable.

 

¡FELICES FIESTAS!

¡FELICES FIESTAS!

En estos días entramos

en un sentimiento de fiesta

que se manifiesta

a través del cariño y de la alegría.

Deseo que ese sentimiento

lo alarguemos

durante todo el año 2026,

para repartir generosidad, color, 

comprensión, paz y amor.

 Os deseo FELIZ NAVIDAD y un FELIZ 2026 lleno de luz, belleza y color.

El misterio del eterno retorno

El misterio del eterno retorno

El movimiento

del eterno retorno,

se crea con la vibración

de la energía de Vida.

La Esencia

teje el vestido de lo Vivo

mediante la geometría universal,

enigma de vibración,

energía de elección.

La belleza todo envuelve,

al ser huella del Creador,

se viste de ropajes

de sabiduría y conocimiento

para el observador.

Raíces que se alimentan

en la ciénaga

para crear vida

y dar la bienvenida

al alma que la experimenta.

El resplandor del crepúsculo

nos invita al silencio,

el pasado primigenio

alumbrará el cielo.

El río se entrega

al océano soñador.

Una gota diamantina,

encuentra

el camino de los rayos del sol.

Mi primer hogar en la tierra

es mi cuerpo

que cambia con cada vida,

en cambio,

mi ser es eterna creación.

Saludo al fuego

y al corazón de las aguas azules

por traerme memorias

de vividas experiencias,

para no olvidar

que la luz nos revela

 la magnificencia

 de la vida y de nuestra efímera existencia.

Palabras que abrieron

una hendidura en el tiempo.

El misterio apareció

y mi corazón lo recibió

porque lo Vivo lo envolvió.

El movimiento

del eterno retorno,

envuelve la vida del observador

porque es  energía y vibración

Esencia del Creador.