La nueva bandera del mundo

La nueva bandera del mundo

Conciencias dormidas que viven bajo el imperio del ego, provocando intolerancia, abusos e incluso guerras. Esas conciencias han creado una espiral que nos dirige hacia el temor, la penuria y el sufrimiento. Su letargo les hace creer que su mundo es intocable. Se sienten soberanos de las vidas de millones de personas, organizan, ordenan y mandan, gritando y ejecutando sus deseos, no importa el medio a utilizar, solo el resultado.

El resto de los humanos, para ellos, son muñecos de cerámica que cuando los tiran al suelo se rompen en mil pedazos. Esas conciencias dormidas no aceptan o no quieren ver que esos muñecos de cerámicas tienen alma y conciencia y que están asqueados y hartos de sufrir la ignominia y el desprecio que sobre ellos se vierten, que están cansados de los abusos e injusticias, de la opresión inhumana e inmoral a la que están sometidos.

Cuando llega la primavera, el tiempo de hibernación ha pasado, —las flores nacen por doquier, impregnando el aire con su fragancia de paz; el agua corre y fluye libre, sin parar; la música del renacimiento eleva las notas hacia el cielo, notas de libertad y sueños—. Ha llegado el momento de despertar de ese profundo letargo, de abrir los ojos y aceptar que el mundo está cambiando y las huestes de la Humanidad se han levantado al oír el gong porque el temor se ha disipado como la niebla.

Esas notas que dibujan en el aire palabras de paz, igualdad, respeto, justicia, libertad y unidad, se entrelazan para formar la nueva bandera del mundo.  El bien y el amor, impulsos nobles de millones de corazones, se unen en un abrazo único y emotivo de amor y gratitud, cuya fuerza y latido rompen la cadena de la opresión de millones de personas que viven en lugares sombríos y húmedos, llenos de moho y miseria que el letargo ha creado, llenándolos de luz y calor para que la vida vuelva a brillar en todo su esplendor.

“No puedes separar la paz de la libertad, porque nadie puede estar en paz, a no ser que tenga su libertad”. (Malcolm X)

“No busquemos solemnes definiciones de la libertad. Ella es solo esto: Responsabilidad”. (George. B. Shaw)

Mi nombre es Bolingo

Mi nombre es Bolingo

Oyendo esa dulce melodía de las olas, me abandono a mi ensoñación. Veo a un niño con la sonrisa más radiante que el mismo sol, en un bosque lleno de luz y color; criatura adorable que danza con sus brazos levantados, en símbolo de gratitud al Espíritu del bosque, por su belleza y por este nuevo día; observo y siento con recogimiento el respeto de este momento de unión con la Naturaleza. Cuando termina, se acerca, me dice su nombre, “Bolingo”.

Bolingo desprende esa Luz propia de los seres amantes y respetuosos que unen las energías del cielo y de la tierra.   Sus ojos negros y profundos están cargados de sabiduría, —sabiduría del más allá y de su aprendizaje a través de su historia en la Humanidad—, me mira y su mirada me traspasa el alma y el tiempo a mi alrededor se detiene.

Veo África, continente de mil sabores y colores, música, sonrisas, paraíso de belleza y sabiduría. Cuna de la Humanidad con sabiduría milenaria, que aún hoy en día sigue radiando su luz a millones de personas. Descubro países tan diferentes, unos llenos de belleza, gracia y delicadeza que contrastan con otros donde la miseria, la desigualdad y el horror son los alimentos diarios de sus habitantes. Su suelo está sediento de paz y no admite más sangre. África agoniza entre guerras de hermanos y sed de la tierra. Muchas almas luchan para crear la paz y el bienestar social, pero hay sombras que lo dividen para que esa paz y prosperidad no germinen en su suelo. En mi espíritu oigo palabras de consuelo de un gran luchador, Martin Luther King: “devolver odio por odio, multiplica el odio, añade una oscuridad más profunda a una noche ya desprovista de estrellas.  La oscuridad no puede expulsar a la oscuridad: solo la Luz puede hacer eso. El odio no puede expulsar al odio: solo el amor puede hacer eso”, y palabras de Nelson Mandela: “el perdón libera el alma, elimina el miedo, por eso es una herramienta tan poderosa”.

De nuevo estaba en el bosque y esos ojos de ébano me miraban y sonreían. “Hay almas sombrías que buscan la luz sin saberlo, sufren y odian por ello; hay almas dormidas en el confort y hay almas luminosas que iluminan el camino. Hay que movilizar todas las fuerzas para luchar por la paz y hacer frente al miedo, hay que perseverar para conseguirlo y vencerlo”, me dijo.

Supe que había llegado el momento de decir adiós a ese niño eterno que todos llevamos dentro, él puso su mano sobre su corazón en símbolo de gratitud y amor, yo hice lo mismo, pues, ese niño llamado “Bolingo” me ha enseñado que el amor y el perdón son herramientas para construir un mundo mejor.

Ahora sé qué no fue un sueño, fue una experiencia en la que el alma se eleva y viaja por el universo para enseñarnos que todo forma parte de un Todo. Su nombre “Bolingo” será recordado y no lo podemos olvidar. Su mensaje de paz y esperanza, de gratitud y alegría, de solidaridad y libertad hacia su tierra natal, África y hacia toda la humanidad, es el lenguaje de los tambores de la tierra, de la danza y de la alegría, de los colores y de la vida.

Soledad y Amor

Soledad y Amor

Miro a mi alrededor y veo miradas de preocupación e incomprensión por mi soledad, muchos sienten lástima al verme siempre sola. Ellos, no comprenden que mi soledad no ha sido impuesta, sino que es mi elección porque, llegado este preciso momento, soy una mujer con poder de decisión y con claridad mental para saber lo que quiero hacer, con quien quiero estar para adentrarme en mi aventura y descubrir el objetivo de mi vida.

Mi soledad me ha llevado a encontrar a esa otra mitad de mi persona y juntos formamos el ser que soy. En el silencio de los bosques mi alma canta y se eleva, dejo de ser una persona para convertirme en el universo invisible, donde la grandeza de la belleza sublime del aire —torrente de amor—, se une a los tambores de los latidos de la tierra que junto a los murmullos del agua crean una sinfonía de coros de diferentes voces del universo, fundiéndose en una energía cristalina y serena para manifestarse a nuestros sentidos físicos a través de seres vivos, árboles, fragancias, lagos. Manifestaciones de belleza sin igual.  Soy una espectadora de la sublime belleza que ha creado el Amor.

El mundo parece mecerse en ese vaivén de conflictos y falta de humanidad de los seres humanos que nos hace ir a la deriva, por el egoísmo, la traición, la crueldad, por la envidia y los celos que causan graves y profundas heridas e incluso pueden matar.  Nuestro mundo pasa por momentos difíciles, esto no ha cambiado desde el principio de los tiempos y sé que el planeta necesita ayuda urgente. Soy consciente que todo efecto tiene una causa y todo dilema una solución. También sé que tanto tú como yo necesitamos ayuda para volver a reír y volver a volar en libertad con las alas del amor a través de nuestra vida.

La soledad me ha enseñado a ver la grandeza de la belleza del planeta y del ser humano, aunque muchos permanecen dormidos. La soledad me ha enseñado a compartir el amor que recibo con amigos y desconocidos, me ha enseñado a buscar soluciones y ver lo mejor en cada persona porque creo en la grandeza del ser, en las historias de amor verdaderas; en el pensamiento positivo, en el impacto de la palabra dicha con amor y en la acción positiva porque dejan una huella e iluminan el camino para otras personas.

Dicen que mi soledad me ha vuelto un poco loca porque hablo con los árboles y seres invisibles que nos rodean y ayudan a la humanidad y al planeta; estos seres invisibles me recuerdan que amar es traspasar la imaginación para entrar en la trascendencia del alma que me ha enseñado que amar por amar, reír por reír, soñar por soñar es demostrar que estoy viva y que el amor es la única fuerza que tenemos todos los habitantes de la tierra para alcanzar la felicidad.

Pues sí, tal vez, estoy un poco loca… pero soy feliz.

 

¿Hacia dónde se dirige la Madre Tierra?

¿Hacia dónde se dirige la Madre Tierra?

Los seres humanos nos olvidamos, muy frecuentemente, de que también somos Naturaleza, nacemos, vivimos y morimos en ella; somos hijos de la Historia de la Naturaleza y debemos volver a la sabiduría de nuestros antepasados: “vivir en armonía es vivir en serenidad, en unión y fraternidad”. Sus voces se vuelve a oír: “la violencia solo trae guerras, odio, racismo, borrando los derechos humanos”.

Ha habido grandes catástrofes en la Madre Tierra y en la Humanidad como la bomba de Hiroshima y Nagasaki en 1945, desastres radiactivos como el de Chernóbil 1986, Fukushima 2011… y algunos siguen protagonizando un pulso de fuerza con pruebas nucleares… No sé cuál es el objetivo, ya que, si destruimos nuestro medioambiente, nos destruimos a nosotros mismos.

La Madre Tierra no sabe de fronteras, el viento pasea una y mil veces todas esas partículas radiactivas a través del planeta, impregnándolo todo, tierra, árboles, cosechas, agua, de ahí que haya nuevas enfermedades tanto físicas como psíquicas; además, el cambio climático se afirma cada día más: grandes sequías, lluvias torrenciales, huracanes… No podemos seguir sin aceptar que “somos parte del planeta” y que depende de nuestra responsabilidad, su cuidado y protección.

La historia de nuestros antepasados se repite, aniquilamos a nuestros hermanos bajo la etiqueta que más nos conviene: religión, poder, diamantes, ideologías, colores… El panorama que tenemos es desolador, el mundo se derrumba y observamos esa catástrofe como simples observadores sin hacer nada. Olvidamos que el daño que hacemos a una persona nos lo hacemos a nosotros mismos, con gravísimas consecuencias para la Madre Tierra y la Humanidad.

La Humanidad debe elegir y debe rendir homenaje a la Naturaleza con respeto y luchar por un mundo mejor. Somos Naturaleza y pertenecemos a ella, nacemos, vivimos y morimos en ella. Seamos humildes ante su grandeza y fuerza para que podamos vivir en paz y disfrutemos de la Vida, nuestro don más sagrado.

Como decía Pitágoras: “Vivir según la Naturaleza es vivir según los dioses”.

Madre Tierra se dirige hacia dónde nosotros la llevamos.

 

Estrellas de nácar

Estrellas de nácar

Estrellas de nácar que cabalgan por el cielo, iluminando las sombras aquí abajo, mirando con desconsuelo y amargura la matanza entre hermanos.

Estrellas de nácar que absorben las nieblas de las sombras, de los que cabalgan por las tinieblas, cuando se dirigen al campo de batalla, donde solo se ven cuerpos destrozados, se oyen gritos de terror que algunas sombras rematan sin compasión.

Las sombras de las tinieblas cabalgan de noche, ebrios de violencia porque han masacrado a inocentes, pero al amanecer, los implacables rayos del sol escenifican un espejismo —las huestes llegan a casa y ven con horror el mismo escenario que ellos dejaron: huesos esparcidos de sus hijos, mujeres, padres y amigos, aquí no hay gritos de dolor porque también fueron ahogados sin compasión. Las sombras aúllan su dolor y odio, jurando venganza—.

Estrellas de nácar que absorben la oscuridad de los sueños y hacen sentir a los verdugos el miedo y la cobardía que esconden en su fuerza bruta y viles espadas. Verdugos que beben con sangre de inocentes la victoria, ignorando que su guerra acaba de empezar y dejará una huella incapaz de borrar. Los que ellos mataron eran los hijos de estos que ahora se cobran su venganza. Ellos también lloraron a sus seres queridos, ¡cuántas vidas se han perdido!

Las sombras de la violencia se visten con frías armaduras porque han enterrado su corazón, pero han olvidado que la chispa del amor que todos llevamos en el corazón jamás se apaga y prenderá de nuevo cuando estén preparados para amar y no odiar, para respetar y no despreciar.

Las estrellas de nácar volverán a visitar en sueños a los jinetes que juraron vendetta y les ayudarán a comprender que la violencia, la venganza, el odio, son un boomerang que toca a todos, tanto al que lo lanza como al que lo recibe.

“Después de mucho cabalgar sin rumbo, dolidos en sus almas y cansados por los implacables rayos del sol que les hacen sentir que no hay sosiego en la vendetta, los dos bandos de las frías armaduras se encontraron, solo se veía el odio en sus ojos y se sentía la violencia en sus manos. El aire les trajo llantos y voces de sus familiares pidiendo paz para poder ellos descansar, pero antes, los dos bandos deberían firmar la paz, solo así sus muertes podrían servir de lección.

Los dos bandos se miraron y por primera vez, vieron que todos eran seres humanos. En sus ojos nació una chispa y en su corazón una alegre melodía, el perdón. Juntos buscaron un lugar donde descansar sus cansadas almas y enterrar para siempre sus armas y vivir entre hermanos”.

Durante la noche algunas aves salieron para dar una serenata a las estrellas de nácar hasta que la luz las escondió y los rayos del sol calentaron de nuevo el corazón de los cansados guerreros que descubrieron que el espejismo de la violencia que vivieron solo era un mal sueño en el que aprendieron que el verdugo del odio no existe si en el corazón la chispa del amor ha prendido para siempre jamás.

Una estrella brillante en el cielo les confirmará que los sueños son enseñanzas para aprender a vivir y no a matar.