por Ángeles Carretero | Mar 1, 2018 | Artículo
Todo viaje comienza con un deseo y un objetivo y se hace realidad cuando damos el primer paso y empezamos a andar. El enigma que conlleva no saber cómo lo vamos a hacer es el que nos acompañará durante todo el trayecto, esa incógnita nos llena de entusiasmo y nos da fuerzas para situarnos en el punto de partida.
Las personas que deciden caminar e ir al encuentro de su propio destino prefieren la libertad tanto de ser como de pensar al conformismo que les impone la sociedad que, como un narcótico, los mantiene adormecidos. Ellas creen en la grandeza y sublimidad de su ser, en la fuerza de sus sentimientos, en sus ideas, intuiciones y percepciones guías necesarias para alcanzar su objetivo. No tienen miedo de adentrarse en lo desconocido, pues aceptan viajar más allá de sus miedos.
Hay millones de personas que no les gusta el mundo en el que vivimos. Cada día la violencia es más atroz y la crueldad llega a límites insospechados. Un líder debe tener autoridad natural pero no abusar de ella y tomar decisiones correctas para un bienestar social mejor. Algunos dirigentes incitan a la violencia, creando más furia y ensañamiento hacia otros ciudadanos, creando un caos incontrolable. La sociedad crece en valores materiales y pierde los valores éticos. Las armas cada vez son más poderosas y sin control. Vivimos en un laberinto cuya salida está oculta porque los que lo han originado vigilan para que la sociedad siga estando aletargada bajo la influencia del miedo, de la ignorancia y de la opresión.
En cualquier ámbito social o político, la violencia está a la orden del día: conflictos, corrupción, injusticias, esclavitud, da igual la creencia, el color, la edad, ser rico o pobre. El ser humano ha transformado sus valores de respeto y dignidad por cobardía y vileza. Los individuos que viven para sus pasiones desbocadas son esclavos de ellas, cuyas garras los tienen bien atrapados en su mundo sin sentido y cruel. Y, lo más triste es que muchas de esas personas se han convertido en robots de matar sin saber por qué lo han hecho.
La ética nos ayuda a instruirnos y así impulsar la construcción de ideas y reflexiones justas para que Hombres y Mujeres —deseosos de la verdad, la libertad, la justicia, el respeto, la dignidad— puedan silenciar esos gritos de crueldad y de guerra que provienen del abismo de la ignorancia, del egoísmo y de corazones congelados por el odio…
Hay que escapar del miedo y de la opresión que nos mantienen esclavos y sumisos para volar hacia la libertad; siendo libres podemos ser más lúcidos y ver con claridad nuestra situación para poder transformarla en armonía, trayendo aire fresco para volver a ser seres humanos con conciencia. La vida es una partida de ajedrez, tenemos que aprender a jugar y a reflexionar cada jugada.
Si no te gusta el mundo, ¡cámbialo! Si una tarea te parece difícil e irrealizable, desmóntala en pequeños pasos para ir comprendiendo y avanzando.
Las personas que han osado adentrarse en la selva de lo desconocido saliendo del conformismo para luchar por la paz y el bienestar en el mundo, han dejado una impronta en el subconsciente de nuestra humanidad desde el comienzo de los tiempos y han tejido lazos de sabiduría que jamás desaparecerán. A veces tenemos que atravesar los muros de nuestra conciencia para respirar, saborear y vivir la libertad.
Si no te gusta el mundo, ¡cámbialo!, todo depende de nosotros.
por Ángeles Carretero | Ene 19, 2018 | Artículo
En el comienzo de los tiempos, cuando el amor estaba inscrito con letras de fuego en el corazón de todos los hombres, existía una sola Tribu llamada Humanidad que, poco a poco, se fue diseminando a través de nuestra querida Madre Tierra.
Esta Tribu es única y extraordinaria, compleja y bella por su amalgama de peculiaridades, colores, creencias, culturas, formas de pensar…
Al nacer, traemos como herencia letras de fuego marcadas en nuestro corazón “libertad” y somos depositarios de ese don para alcanzar el objetivo final, ayudar a los demás y a nuestra comunidad, creando así un bienestar sociológico y espiritual.
Desde que nuestra Tribu nació, siempre han existido “jefes pacíficos y jefes belicosos”, unos han creado la paz y el progreso y otros han generado destrucción y caos en su propio provecho. Nuestras almas guardan las cicatrices de esas barbaries, de ver cómo se marchitan nuestros derechos humanos y renace la violencia.
Mientras gobierna un “jefe pacífico”, el progreso y la sociedad van en la misma dirección; se cosecha bienestar y se recogen los frutos en educación, cultura y respeto. Cada nativo tiene su derecho a vivir su propia aventura.
Cuando gobierna un “jefe belicoso”, las consecuencias de su mandato son como una onda expansiva que se extiende por todo el planeta, debido al afán de dominar y a la injusticia; ocasionando una alteración del orden establecido y tocando a cada uno de los miembros de la Humanidad, sacando lo peor de muchas personas y llevando a la muerte y al sufrimiento a miles de inocentes.
De todos es sabido qué gran parte de la Humanidad vive en la miseria, donde el sufrimiento es el aire que se respira; muchas veces no somos capaces de medir la fuerza que el hambre y el dolor pueden proporcionar. Personas que cierran sus ojos para no ver más crueldad y luchan por no abrirlos porque no hay ni siquiera un tal vez; la esperanza es un sueño de alto riesgo que nace en los corazones heridos y que sirve como bálsamo para aliviar esas heridas en un escenario hostil y violento que no tiene fin.
Se crean leyes y normas para que todos podamos cumplirlas —aunque no siempre es así—. El objetivo de cualquier sociedad es la libertad, reconocer y aceptar las diferencias, las minorías, las culturas, las razas. Los políticos deben dirigir y contribuir para lograr ese respeto. Todos buscamos seguridad, reconocimiento y pertenecer a un clan que nos respete y proteja porque es nuestro derecho.
Esa llama que arde en los corazones de los hombres y mujeres, con mayor o menor intensidad, es la que nos ayudará a reconstruir este mundo que cada día se derrumba un poco más. Sabemos que hemos reconstruido una y otra vez sobre ruinas y sus vestigios nos recuerdan otros tiempos de los que tenemos que aprender y no olvidar.
Las palabras simples, los gestos amables, las miradas honestas tejen luz de armonía y serenidad entre todos los nativos de esta Tribu milenaria a la que todos pertenecemos. Busquemos la paz y alejémonos de la violencia. Hay muchas lágrimas derramadas en el mundo y aunque se sequen quedan los suspiros que nunca se irán. Dejemos que el fuego de nuestra alma nos devuelva el Amor, que el perdón nos dé esperanza y la confianza, bienestar.
por Ángeles Carretero | Ene 14, 2018 | Relatos
Antes de entrar en ese maravilloso monumento arquitectónico llamado Panteón, he paseado por los jardines de Luxemburgo, árboles y fantasmas de piedra hablan de otra época entre susurros sobre sus penas y glorias.
El Panteón protege las vidas eternas de visionarios y pensadores que lucharon por cambiar la forma de pensar de su tiempo, tejiendo hilo a hilo la bandera de la libertad.
A la izquierda una escultura dedicada a Denis Diderot. Letras que bailan formando palabras de libertad, justicia, igualdad, fraternidad. No existe el tiempo y el espacio; murmullos y risas me sorprenden y tres gigantes de las letras Diderot, Voltaire, Rousseau, estaban de tertulia hablando de sus tiempos, de sus amigos, de sus obras, de la iglesia y del gobierno. Pensé: “¡vaya tertulia en el Panteón!”.
Voltaire, entre risas y bromas, recordaba la estancia de Diderot en Rusia y el frío que le caló hasta los huesos, bromas del destino. Palabras irónicas y risas.
Rousseau habla de la libertad, lo más preciado del hombre, ríen, ya que la eternidad es la libertad sin barreras. Quien le iba a decir que su enemistad con Voltaire en la vida les uniría en la inmortalidad. Ironía del destino y Voltaire dice: “el hombre nace libre, pero en todos lados está encadenado”, al final tenía razón.
—Sin libertad el ser humano no puede vivir, deja de ser humano para ser esclavo. La libertad nos proporciona el derecho a elegir ser uno mismo o ser una sombra. El uso de la razón y del entendimiento ilumina la ignorancia y nos proporciona principios y valores a las personas, así como el derecho a la libertad, a la justicia, a la dignidad, por eso se nos conoce como los filósofos de la Luz. Nuestra lucha por el conocimiento, la justicia y la libertad nos llevó por muchos caminos… Los tres se miraron y guardaron silencio, cada uno de ellos con sus pensamientos, recuerdos y experiencias.
Estaban sentados en las escaleras, de pronto se paran muy sorprendidos al notar mi presencia.
— Bonjour ! Qui êtes vous ?
— Oh, je suis une femme du XXI siècle…
Silencio, cruce de miradas y miles de preguntas flotando en el aire…
—¿Qué ha pasado en el mundo durante todo este tiempo?
Resumo los acontecimientos más importantes. Miradas tristes y semblantes serios. Efectivamente, teníais razón, sin conocimiento, libertad y justicia, se vive en la tiranía; en la actualidad aún hay muchos países que viven bajo el yugo de la opresión. Los dictadores e ignorantes no han desaparecido; la lucha por la paz y la libertad no tiene tregua. El progreso ha llegado a un nivel técnico muy alto: el hombre ha pisado la luna, internet conecta al planeta entero en cuestión de segundos. Me miran incrédulos y hago la demostración con mi teléfono móvil, busco sus nombres en la enciclopedia virtual, Wikipedia; su gran trabajo y herencia han sido muy importantes para el mundo. Silencio y emoción.
—¿Cómo se sitúa el ser humano ante este progreso?
Con gran pena contesto que el ser humano no ha avanzado, la ignorancia y el fanatismo siguen creando grandes males en el mundo entero. El materialismo nos define, somos lo que tenemos en lugar de ser lo que somos. La educación falla, muchas escuelas y universidades no buscan el saber, sino entregar diplomas huecos y generar dinero. En países totalitarios es mucho peor, todo está controlado por los gobernantes.
Perdemos el calor humano, las tertulias ahora se llaman chats y se hacen a través de la pantalla del teléfono. Se vive en un mundo virtual donde la información verdadera o falsa llega en cuestión de segundos a todos los países, con consecuencias positivas y, a veces, muy negativas.
Todas las guerras, injusticias, barbaries que se han producido en los últimos tiempos y en la actualidad, han dejado y dejan unas cicatrices en el alma que será muy difícil de borrar: violaciones, esclavitud, pérdida de derechos humanos…, seguimos inmersos en un desconocimiento de nosotros mismos, tenemos bienes materiales, pero hemos olvidado el alma, en resumen, hemos progresado técnicamente pero no como seres humanos.
Sus semblantes se han vuelto tristes y serios.
También comento que hay mucha gente que lucha como ellos lo hicieron por la justicia, la educación y la libertad; todos somos conscientes de que la voz de la libertad es más fuerte y poderosa que la de la ignorancia.
Diderot, comenta: somos fantasmas que caminan entre la gente. Voltaire añade: más bien bailamos con el aire y Rousseau, algo más serio, dice: fantasmas o no, vivimos en esa sinfonía de letras que componen las palabras que han ayudado a establecer las bases de la democracia y del bienestar. Es cierto, vuestras obras siguen siendo un referente para nuestra sociedad y debemos ser conscientes de que para vivir debemos dejar nuestra huella en el cemento y no en la arena.
Una brisa me devuelve a otra realidad y observo el perfil de Diderot que sonríe, oigo sus risas y veo bailar unas letras en el aire “à la prochaine”.
por Ángeles Carretero | Dic 8, 2017 | Pensamientos
Hay que recordar que la oscuridad tan solo se coloca temporalmente frente a la fuente de luz, como un eclipse solar.
Hay gobernantes que se creen omnipotentes porque habitan en países ricos y poderosos en cuanto a dinero y a armas se refiere. La mayor responsabilidad que tienen es crear una sociedad justa, donde haya una convivencia pacífica y que todos los ciudadanos tengan derechos como la libertad, la educación, la dignidad para que siembren semillas de paz y de progreso.
Una sociedad justa no puede existir sin hombres justos y honestos. No podemos ser justos y honestos creando guerras, tolerando el sufrimiento de miles de seres humanos y llevando a la muerte a personas que su único delito es vivir. No podemos volvernos ciegos ni sordos ante la miseria y el sufrimiento que ocasionan las guerras.
Para tener una convivencia pacífica entre los diferentes y complejos seres humanos, debemos recuperar los valores éticos y morales, la conciencia de nuestra alma, el respeto, la justicia, la libertad, la dignidad…
Los señores y señoras que representan a los ciudadanos de los países deben ser responsables de sus decisiones. Deben crear unidad y no división; la división crea conflicto y desorden y esto puede llevar a la muerte a miles de personas. Antes de tomar decisiones erróneas y romper los compromisos de paz, con graves consecuencias para la humanidad, deben reflexionar y si no son capaces de tomar las decisiones adecuadas, respetando los compromisos adquiridos y creando el orden como una necesidad absoluta, deben ser valientes y dimitir.
Hay que liberar la violencia que llevamos dentro para así poder comprender que lo único que necesita la humanidad es paz. Vivir en el desorden es vivir en nuestras contradicciones internas que nos tiranizan cotidianamente. Vivimos en un mundo enloquecido y si no buscamos soluciones pacíficas urgentes vamos a terminar aniquilándonos los unos a los otros. No se puede jugar a ser dioses destructores ya que las consecuencias son terribles para la humanidad entera, incluidos ellos mismos.
Los seres humanos no somos simples entidades físicas, somos personas con derechos y obligaciones a las que hay que respetar, da igual en qué país nacemos o vivimos, en qué creemos y de qué color sea nuestra piel.
Hay profundas divergencias entre los países, sus dirigentes y sus habitantes. Es hora de buscar un consenso entre todos los habitantes de la tierra a través de sus representantes.
El grito de la desesperanza une a los seres humanos en un grito de esperanza para construir un mundo de paz.

(imágenes de la web)
por Ángeles Carretero | Nov 5, 2017 | Pensamientos
Nosotros somos el camino y debemos crear nuestro propio recorrido, por sí solo el camino no nos lleva hacia nuestro destino.
La vida de la gran mayoría de los seres humanos se desarrolla en un laberinto: pruebas, trampas, engaños, manipulaciones, comparaciones, divisiones, vidas llenas de dolor y angustia. Para poder salir de esa vida dolorosa y mediocre tenemos que dejar nuestra piel de lobo y hacer un llamamiento a la concordia.
Nos habituamos a vivir en ese mundo de tragicomedia y caemos en la trampa cubierta de flores que el laberinto nos presenta, cayendo en un profundo sueño de inconsciencia y dolor. La vida no presenta diversos y dispares escenarios; las personas que encontramos manifiestan diferentes reacciones debido a sus experiencias y emociones. Cualquier confrontación nos hace vulnerables y el miedo nos hace realizar actos de los que más tarde solemos arrepentimos.
Bajo estos parámetros el camino que creamos es arduo y complejo porque nosotros mismos hemos puesto nuestras propias trampas. No podemos ser sinceros y honestos si estamos en la oscuridad de nuestro ego y orgullo.
Todos debemos poner nuestra vida en su justo lugar, acciones y reacciones; hay que explorar nuestro desorden más profundo para encontrar nuestro orden.
Debemos ser libres en nuestra búsqueda de la verdad, osar la diferencia, aceptar que tanto la alegría, el amor como las penas y el odio forman parte de nuestra naturaleza humana. Vivimos vidas con sentimientos nómadas para no afrontar compromisos con nosotros mismos, lo que provoca huida y soledad que taladran nuestro corazón ya de por sí muy frágil.
En este laberinto hay muchas clases de reglas, normas y leyes que rigen nuestras vidas, pero podemos agruparlas en dos. Una, Ley del Gobierno y otra, Ley de la Conciencia. La Ley del Gobierno es necesaria para mantener el orden y una convivencia pacífica, aunque es imperfecta y contiene muchos talones de Aquiles. La Ley de la Conciencia es innata a cada alma, por lo tanto, personal, y nos incita a un comportamiento correcto de respeto y justicia, de generosidad y tolerancia.
La Ley del Gobierno no es suficiente para alcanzar la paz ni la justicia, hay muchos políticos y personas influyentes que se creen por encima de la ley y hacen lo que desean sin importarles las consecuencias hacia los demás. Muchos Gobernantes improvisan sus decisiones con el consiguiente daño al pueblo, imponiendo sus leyes a la fuerza. Los Gobernantes, en lugar de unirse y buscar soluciones para un mayor bienestar común, se dividen para debilitar a los ciudadanos y crear conflicto y sufrimiento. En este mundo global los pueblos deben unirse y dejar de construir armas para erradicar la violencia y la guerra.
El Verdadero legado a la humanidad está en nosotros mismos, en nuestra Ley de la conciencia, en nuestra moral y ética, en nuestro comportamiento justo y correcto, esta Ley es el barómetro de nuestro propio desarrollo. Todos dejamos nuestra huella positiva o negativa, en la familia, en los amigos, en los colegas o incluso en las personas anónimas que nos encontramos una vez en la vida; solo depende de nuestro comportamiento que sea una huella de amor o una huella de violencia.
Tenemos en nuestro poder un saber universal, sin fronteras, ni sexo, ni credos. Todos podemos crear paz y amor, esperanza y concordia.