por Ángeles Carretero | Ene 5, 2023 | Artículo
Confucio dijo: “la naturaleza hace a los hombres parecidos, la vida los hace diferentes”.
El horizonte se ha abierto para que la primavera nos embriague con su luz, fragancia y belleza. Esa sensación de frescor nos impulsa a volar para ir al encuentro de nuestros deseos más profundos que se multiplican como setas. ¿Qué haríamos sin deseos? Sobreviviríamos a una existencia llena de apatía que apaga el sentido de la vida.
Todos llevamos en nuestro interior un baúl lleno de ideas preconcebidas que nos empujan al juicio cuando alguien no piensa ni actúa como nosotros. Sin embargo, todos llevamos una verdad inherente a nosotros mismos y tenemos miedo de faltar a esa verdad, no solo ya de palabras, sino de comportamiento, aunque sea inconscientemente. Dicha verdad está regida por un mandamiento superior de valores humanos como justicia, respeto, libertad, integridad y solidaridad, los cuales olvidamos con frecuencia debido al autoengaño. Nos ilusionamos suponiendo que, si nos ponemos la capa mágica, podemos cambiar en un día, que todo se disolverá y volveremos a empezar otra nueva historia.
Las creencias siempre han estado unidas al ser humano —Naturaleza, Luz, Dios, Allah, Yahvé, Zoroastro, Buda, Wakan Tanka…—, necesitamos creer en algo. Cada uno lo llamará como lo sienta, esto no tiene importancia porque no es lo importante. Lo esencial es creer en los valores y en la fuerza que de ellos se desprende para usar ese impulso y mejorar la imagen de nosotros mismos al ser proclives al análisis de crear el bien.
Estamos en el mundo para hacer, para crear algo bueno, para cumplir un destino, para conocer nuestra alma. Cuando seguimos nuestros ideales, un nuevo flujo de alegría nos guía porque asumimos nuestra libertad, nuestra falta de certezas, nuestros errores y nuestras angustias, todo forma parte de nuestra vida y aunque siempre volvamos al camino con nuevos compañeros de viaje, seremos diferentes porque aprendemos de nuestra experiencia y no nos escondemos bajo el paraguas de las excusas.
Cuando vivimos bajo la sombra de la coacción es cuando a hermandad de la humanidad se desgrana bajo el terror. Los problemas humanos no se solucionan con imposiciones ni armas. Construimos templos de ladrillos para marcar la diferencia en las creencias; al principio se construyeron para albergar a personas que deseaban momentos de paz, compartir con otros su generosidad o buscaban el perdón. Con el tiempo el ansia de poder destruyó la esencia de la inocencia y de la verdad. Con gran pérdida para la humanidad nos olvidamos de nuestro templo interior, el sanctasanctórum, lugar sagrado donde los antiguos lo situaban en lo más profundo del templo porque unía el cielo y la tierra.
Las religiones fueron instauradas por seres humanos, siendo su poder muy codiciado, generando guerras de religiones donde se ha masacrado a millones de seres humanos en nombre de Dios. Esa guerra es una lucha entre egos ciegos, egoístas e ignorantes que aún no saben que nada saben; esos egos ganan batallas a través del terror y del miedo, sin embargo, los valores humanos florecen con la primavera cada año y su fuerza y belleza hacen que su simiente sea eterna.
Creer en el amor, respeto, dignidad, humanidad es sentir la savia de la vida al usar la cereza de la bondad para defender la paz del mundo y la libertad del espíritu.
por Ángeles Carretero | Dic 4, 2022 | Artículo
Cuánta tinta se ha derramado en el papel y cuántas voces se han alzado para recordarnos la triste realidad de que la mujer no es considerada ni reconocida en algunos países como parte integrante de la humanidad.
La mujer ha librado muchas batallas porque ha vivido silenciada por ser una sombra durante mucho tiempo, incluso, en nuestra época actual, en ciertos territorios se la sigue considerando un objeto que se puede romper, sin consecuencias.
Siempre en la historia de los humanos, ha existido sabios que han defendido la unidad de la Humanidad, sin distinción de género (femenino y masculino), pues ambos proporcionan el florecimiento de la civilización. Sin embargo, sabemos que a la mayoría de estos sabios los mataron debido a que su mensaje de igualdad, fraternidad, libertad no convenía a ciertos individuos porque significaba que su poder disminuía, así empezó un acoso hacia la mujer para arrinconarla y someterla a la voluntad de su encarcelador.
Siempre ha habido mujeres valientes y guerreras que han dejado su huella y no se han rendido, incluso cuando su vida estaba a punto de apagarse, el grito de libertad salió desde su profunda garganta para que el viento llevara su eco a todo el planeta. Así, ese eco ha llegado a nuestros días y aunque este panorama sea tan doloroso, la mujer sigue luchando por recuperar el lugar que le pertenece tanto individual como social.
Una pequeña muestra de mujeres heroicas que han defendido con coraje y valentía la vida y el conocimiento, cambiando el rumbo de la historia de la humanidad, la tenemos en Teano (s. VI a. C.), Hipatia de Alejandría, (s. IV), Fatima al Fihriyya (s. IX), Hildegarda de Bingen (s. XII), Juana de Arco (s. XV), Frida Kahlo (s. XX), Teresa de Calcuta (s. XX), Hannah Arendt (s. XX), Golda Meir (s. XX)… Durante muchos siglos la mujer ha dejado huellas que, aunque, las han querido borrar, vuelven a la superficie trayendo mensajes de fuerza y entereza. En la actualidad hay mujeres heroicas de renombre y otras anónimas —científicas, pintoras, periodistas, políticas, defensoras de derechos humanos, amas de casa, cantantes, empresarias, visionarias de la moda, revolucionarias…—, todas luchadoras por la libertad, por la igualdad, por la vida, siendo las voces de esperanza en lugares donde solo se oyen ecos de lágrimas silenciosas de sufrimiento por su imposibilidad de ser o existir por ellas mismas. A todas esas violaciones de los derechos humanos de la mujer, hay que añadir los crímenes por violencia de género en cada país de la tierra y que van en aumento —¡triste realidad! —, donde el grito de respeto y derecho a la vida queda ahogado con el último suspiro de vida.
La mujer, muchas veces, se siente ultrajada por tantas injusticias, pero no está asustada, pues tiene valor suficiente para levantarse y caerse cuantas veces sea necesario para luchar y defender el espacio que le pertenece. Durante sus batallas ha sido esclava, sanadora, guerrera, protectora de su familia, científica, filósofa, soberana, educadora, creadora… obteniendo grandes logros a costa de muchas lágrimas, pero su máximo prodigio es ser portadora de la luz de otro ser humano y para ello es necesario amar incondicionalmente a pesar del agravio. Su valor, coraje e ímpetu no tienen límites, su lucha es implacable, por eso es capaz de resurgir de las cenizas como el Fénix una y otra vez.
Su lucha es por el reconocimiento de ser y existir, por eso baila vestida con colores de luz y pies descalzos al ritmo de los latidos de su corazón que son ritmos de libertad para no ser nunca más fragmentada por abusos de ignorancia y violencia.
(Dibujo Carla Hoyos. Libro: “La Sabiduría de las palabras”)
por Ángeles Carretero | Nov 3, 2022 | Artículo
Como decía Pierre Curie, “hay que hacer de la vida un sueño y hacer de un sueño la realidad”.
Todos sabemos que la paz no es buena para la economía, los gobiernos prefieren la guerra para que las arcas estén llenas, estos dirigentes han dejado de pensar en los ciudadanos a los que habían jurado proteger. Una vez que se sientan en el sillón dorado, todos los valores éticos y morales que habían defendido en su discurso los ignoran y los guardan bajo una bóveda impenetrable en el fondo de su conciencia.
Por suerte no todos los dirigentes son déspotas totalitarios, existen personas que como Mahatma Gandhi defienden su lema: “la paz es el camino” porque son conscientes de que, para vivir en libertad, para prosperar como seres humanos, para desarrollar la creatividad que nos proporciona un mayor bienestar para todos es necesaria la paz. Mientras hay paz, hay trabajo, hay intercambio, hay solidaridad, hay progreso en todas sus dimensiones.
La paz no es ausencia de conflicto, la paz es revolucionaria como lo es la conciencia, pues nos hace ver que la destrucción de la naturaleza, de los países, de los seres humanos por el mero hecho de desear conquistar fronteras y pensar que tienen poder sobre la vida al creer que tienen una misión divina es abominable, inhumano e intolerable.
Craso error de pensamiento de esos seres humanos que han perdido su humanidad. La historia está llena de ejemplos de personajes crueles como ellos. Nosotros en el siglo XXI nos jactamos de desarrollo tecnológico, de democracia, respeto y dignidad, pero estamos quitando la vida sin razón ni sentido a otros seres humanos que lo único que deseaban era vivir en libertad dentro de sus fronteras.
¿Qué derecho tienen algunos gobernantes sobre otros pueblos? Absolutamente ninguno.
Las palabras son poderosas y caóticas cuando están cargadas de mentiras y traiciones que manipulan a los más débiles y a los sedientos de poder los alimenta. Sabemos que una vez lanzadas no tienen marcha atrás y como flechas atraviesan el corazón del que las escucha para desgarrarlo y que deje de latir. Cuando luchamos por ideales erróneos obtenemos acciones caóticas con consecuencias terribles. Es hora de que los dirigentes miren dentro de sus fronteras y arreglen su país, dando a los ciudadanos un mayor bienestar, progreso y paz, dejando a los demás vivir en sus propias fronteras con libertad y derecho a la vida.
Como decía Pierre Curie, “hay que hacer de la vida un sueño y hacer de un sueño la realidad”. Todos los seres humanos debemos aprender a convivir, a respetar, a generar bienestar para que el conjunto de la humanidad pueda disfrutar de su sueño “vivir en paz”.
Las grandes almas de imperios de Luz no conquistan con balas o misiles, prefieran la libertad de cada ser humano, prefieren avanzar, crear, vivir en armonía y unidad, porque saben que el valor del ser humano radica en su espíritu, no en la fuerza para esclavizar a otros seres humanos mediante el terror.
El imperio de los espíritus de Luz nos enseña que el inframundo de los Pirus es mitología, sin embargo, mitología o no, hay que acabar con la guerra, pues es mejor vivir en la paz que en el terror.
(Foto privada)
por Ángeles Carretero | Jun 9, 2022 | Artículo
El tiempo es ese paréntesis entre dos instantes. Nuestro baile empieza con un primer paso en el finito momento de nuestra llegada y acaba en un último paso al volver al infinito universo.
En nuestra existencia el tiempo marca nuestros ciclos, desde que nacemos hasta que morimos seguimos esa línea recta marcada por la melodía del tic-tac en segundos, minutos, horas, días… Todo en la vida terrestre tiene un comienzo y un final, ya sea vida humana, animal y vegetal; esos ciclos naturales son necesario para renacer y seguir avanzando por la infinita línea del tiempo. Nuestra vida discurre entre dos instantes —acción y consecuencia—, y vamos aprendiendo de nuestras vivencias para no cometer los mismos errores, así se aligera nuestra vida y la melodía del tiempo se vuelve alegre y viva.
En la historia de la humanidad, el tiempo ha sido testigo de innumerables civilizaciones que han dejado su huella en piedra. El tiempo en sus infinitas vueltas trae memorias que llaman a la puerta a aquellos que las poseen para que desentierren historias apagadas con el fin de devolverles la vida. Esa historia de la vida nos habla de un tiempo pretérito que no siempre fue bueno; el causante de la caída, en gran parte, ha sido el ser humano al imponer el abuso de poder como arma de destrucción. Sin embargo, también, la historia nos habla de seres maravillosos cuyas vidas fueron entregadas para que la paz, respeto mutuo y el bienestar social fueran los fundamentos de la humanidad.
La vida sigue bailando su infinita danza, pero seguimos sin aprender de nuestro pasado. En la actualidad, seguimos viviendo entre piedras caídas y el llanto desesperado de seres humanos porque aún hay señores de la guerra que anteponen su codicia a la vida. La vida es superior a cualquier arte. Cómo decía Gandhi: “¿Qué es el arte sin el fundamento de una vida noble?”. Ahí queda la pregunta, cada uno tenemos una respuesta.
En un futuro no muy lejano, si no cambiamos el abuso de poder por ayuda a la humanidad, la justicia, la libertad, la dignidad serán invisibles y nuestras ciudades también quedarán enterradas bajo escombros de polvo y gritos; una vez más el tiempo, en su infinito movimiento de ida y vuelta, volverá a traer memorias que llamarán a la puerta de algunas personas para que vayan a desenterrar nuestros sueños de esperanza.
Hay que salir de esa vorágine de los ciclos de violencia para comprender que la vida es salud, bienestar, paz y libertad. Como bien decía Pico de la Mirandola “la defensa de la filosofía como disciplina es capaz de llevarnos a la concordia… usando palabras llenas y no vacías, pues, sin las palabras adecuadas, las ideas se marchitan”.
La vida no necesita de ornamentos pomposos, sino de conocimiento que alimenten las buenas ideas para hacer visible la injusticia, la pobreza, la miseria y poder terminar con ellas para que todos los seres humanos tengamos derecho a la vida.
El tiempo es ese paréntesis entre dos instantes y mientras estemos vivos, bailaremos al compás del tiempo, nadie se va a escapar de su momento de vuelta al universo. Todo lo que nace en el planeta se queda en él —no olvidemos que estamos hechos de sus mismos elementos y por ello volvemos al origen, la tierra—, excepto la conciencia/alma que vuelve a su fuente, la conciencia global del universo, para renacer en su momento con nuevas ideas creadoras.
Bailemos el baile del tic tac con alegría y sabiduría, nada nos pertenece, todo es prestado por un tiempo. No nos preocupemos por conquistar tierras, preocupémonos de conquistar la vida con paz y respeto.
(Dibujo Lorena Ursell. «La Naturaleza Sagrada del Ser Humano»)
por Ángeles Carretero | May 13, 2022 | Artículo
Los vínculos invisibles, que unen a los seres humanos con la esencia del universo en el silencio de la sabiduría, siempre han existido para proporcionarnos una gratificante serenidad y alegría.
La sabiduría ancestral resuena de nuevo en cada rincón del planeta a través de los susurros del aire, de la belleza de la naturaleza y de un corazón abierto, como cuando oímos al cielo cantar y a las estrellas tocar el arpa y el tambor para que todos nos deleitemos mientras caminamos por nuestra senda al oír el agua y los latidos de la tierra, sonidos que reverberan en nuestro corazón creando la canción de la vida.
Estos ecos nos hacen vibrar las cuerdas invisibles para que las sintamos y recordemos que cada uno de nosotros es un guerrero que reta al mundo con la alegría que proporciona la paz, facultad necesaria para poder terminar con nuestra autodestrucción. La tibieza no es tolerada, pues trae desconfianza, herramienta que cava surcos donde nace la maleza. Actualmente, el mundo vive en la polaridad de los extremos y sus consecuencias son extremas —cada acción contiene una reacción asociada—, por eso hay que tomar medidas urgentes para liberarnos de ese poder obsesivo que es la crueldad hacia el conjunto de la humanidad. No podemos ignorar que la tierra guarda las memorias de la desesperanza y del dolor desde la llegada del ser humano; ahora es el momento de regenerar los campos áridos sembrados de miseria humana para que florezcan de nuevo bosques de mil colores y las aguas cornalinas de mares y océanos vuelvan a ser turquesas de sanación y abundancia.
Vivimos tan centrados en nosotros mismos que nos olvidamos que formamos parte de la humanidad y la naturaleza. A la naturaleza la hemos separado de nosotros, olvidándonos que todo lo que nace en la tierra, muere y se queda en ella porque todo está compuesto de sus mismos elementos y la tierra se nutre de ellos. Sin embargo, la tememos cuando madre Gaia grita su angustia, las montañas expulsan fuego y lava que todo arrasan. Cuando ella suspira de tristeza, los tsunamis ahogan todo lo que encuentran; cuando dice, ¡basta ya!, la tierra se estremece y las casas se tambalean, caen y nosotros con ellas. Hoy en día seguimos desoyendo su voz: “es hora de dejar de odiaros y mataros”, pero somos tan ingenuos que creemos que la podemos vencer con nuestro pequeño cerebro.
La sabiduría ancestral nos recuerda que los líderes de los pueblos deben ser generadores de unión, generosidad y bienestar social y no particular. Para poder ver lo que el mal hace es imprescindible no ignorarlo; el mal se alimenta de vanidad, de mentiras, de traiciones, de un poder desmesurado cuyo único objetivo es ayudarse a sí mismo; muchos de esos líderes hablan con palabras bonitas envueltas en manipulación y engaño, cuyo manto nos va asfixiando. El guerrero que reta al mundo es libre, fuerte, íntegro, por lo que no acepta la manipulación y el poder de abuso. Su talento es el conocimiento de sí mismo, solo así podrá tomar decisiones y no seguir las pautas que otros le indican, sobre todo a través de las imágenes que le envían. Como decía Heráclito: “hay que estudiarse a uno mismo y todo aprender por sí mismo”.
No podemos enfrentarnos a la Naturaleza, debemos ser humildes ante su grandeza, así aprenderemos a observar el orden del mundo —equilibrio individual y social—; a investigar nuestro origen para hablar de trascendencia. La sabiduría nos transmite que somos libres y dueños de nuestra vida para realizar nuestro propio destino; barre las murallas de prejuicios y fanatismos porque la libertad no se encierra. La sabiduría nos enseña a comprender el origen de la naturaleza del alma que nos otorga la percepción de totalidad, inmensidad y libertad. No se puede delegar el poder del propio corazón en otras manos. Dependemos de nosotros mismos y no de un ego amenazado que nos induce a agarrarnos al miedo.
Todos los sabios escucharon la voz de la Naturaleza que repetía el mismo mensaje a través de los tiempos: “Cada átomo tiene su cometido en la vida terrestre, los rayos del sol todo alcanzan, los océanos bañan todas las costas del planeta, el aire no tiene fronteras y la tierra crea montañas y caminos para que todos transitemos, nada pertenece a nada, todo es del planeta”. Estos seres han cambiado el mundo al abrir las puertas a otras realidades y lo han conseguido a través de su propia conexión, liberando su espíritu de la prisión de piedras y dogmas. Se enfrentaron al poder político y religioso de su época, volaron por encima de las ideas preconcebidas y estáticas y pagaron un alto precio. Siguen susurrando: “no te dejes agarrar por los pensamientos oscuros ni por las emociones de miedo, dolor, ira… dependes de ti mismo; no olvides que los apegos más difíciles de superar son los emocionales; cada persona es su propio manual de vida. Si sientes miedo es que te estás equivocado de camino. La diferencia en todo lo manifestado es el sello de individualidad y debe respetarse”. La vida es bella si aprendemos a esculpirla con bellos pensamientos y hermosas emociones. Nada ha cambiado en nuestros días, seguimos construyendo nuestra propia senda con nuestras decisiones y Gaia continúa enviándonos mensajes que seguimos desoyendo.
Los guerreros sabios saben cantar la canción de la vida y nos invitan a aprenderla. Su sabiduría sigue viajando a través de cada átomo de lo manifestado. Los caminos son diferentes, pero el objeto el mismo. Nadie, elude impunemente las citas que le depara su destino, pues cada uno utiliza su propio manual de vida.
Buda decía: “No creas nada, no importa donde lo has leído o quién lo dijo, no importa si lo he dicho yo, a no ser que estés de acuerdo con tu propia razón y sentido común”.
La sabiduría ancestral no es un conocimiento libresco, es el modo con que experimentamos la vida. Hay hermosos vínculos invisibles que hacen vibrar nuestra alma cuando escuchamos la hermosa canción de la vida cantada por el guerrero que reta al mundo con alegría.
Los dioses nunca nos abandonan, somos nosotros los que los abandonamos.
(foto privada)
por Ángeles Carretero | Mar 22, 2022 | Artículo
En general, los hombres juzgan más por los ojos que por la inteligencia, pues todos pueden ver, pero pocos comprenden lo que ven, decía Nicolás Maquiavelo.
Huimos de la cara oscura del alma donde habitan nuestras sombras —miedos, maldades, dolor, ira—; no queremos acercarnos a ese lugar porque nos asusta lo que vamos a encontrar, pensamos que si lo escondemos todo va a pasar, pero esas sombras llaman a nuestra puerta, una y otra vez, para que las reconozcamos y comprendamos; ellas son nuestros traumas y heridas. Khalil Gibran decía: “Cuando planté mi dolor en el campo de la paciencia, dio frutos de felicidad”.
Nuestro mundo está construido en la dualidad, por lo que el ser humano debe experimentarla y decidir bajo su responsabilidad y compromiso su propia experiencia. Esa decisión es la que nos conduce hacia un extremo u otro de nuestra polaridad. El ser humano es complejo, con muchas conexiones simultáneas —pensar (dudar, negar, imaginar, crear), sentir (emociones que nos elevan o nos hunden), fe (creencias diversas)—, lo que hacen de él un humano especial y único. También tiene una conexión espiritual a través de su alma, que no tiene nada que ver con su creencia, pues el alma forma parte de la fuerza vital, esencia del todo, que nos permite ser y existir.
Esa conexión múltiple, biológica, emocional, mental y espiritual, es la que conecta a toda la humanidad como unidad de todos los seres humanos, con distintas trayectorias, culturas y creencias, lo que nos hace ser diferentes, pero no enemigos. Cada persona es dueña de su destino, se nutre de las simientes de su propia historia, de sus valores con los que riega y hace florecer la armonía en su vida o los deja morir por abandono y desidia. Cuando hemos comprendido y aceptado que somos algo más que un cuerpo físico es cuando estamos preparados para esculpir nuestra iglesia invisible con las sombras y luces de nuestra vida.
¿Qué es la iglesia invisible? Es el lugar donde los edificios, dogmas e intermediarios no existen, pues se construye en nuestra parte más profunda e íntima, donde la alquimia con su llama dorada convierte el miedo en coraje, el dolor en bienestar, el odio en amor.
Para que la humanidad pueda avanzar individual y socialmente es necesario la libertad y serenidad, así cada ser puede aportar a los demás su singularidad y libre pensar. Los seres humanos somos iguales y únicos al mismo tiempo, no somos nuestra cultura ni nuestra sociedad, somos seres individuales que nos interrelacionamos para vivir en sociedad. Ya sabemos que, si muchos caminan en la misma dirección, el camino aparece. Cada paso que demos con libertad, justicia y paz nos acercará al sendero de la moderación y del equilibrio, alejándonos de la violencia, caos, injusticia, traición, de los extremos que tantos cuerpos fríos han dejado abandonados en las cunetas.
Seguimos atravesando, momentos de crisis, es hora de recordar la historia que es conocer los acontecimientos provocados por seres humanos en el pasado. Olvidar la historia es un error y no aprender de ella es aún peor. En la actualidad —al igual que hace miles de años—, algunos dirigentes abusando de su poder y creyéndose dueños del mundo invaden países sembrando muerte y angustia porque sus egos malvados necesitan alimentarse de dolor y sufrimiento; son incapaces de ver que dentro de sus fronteras existe un gran malestar entre sus ciudadanos por la pobreza que es una terrible violencia y por la ausencia de derechos humanos.
¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?, preguntaba en voz alta Gandhi. Gran pregunta para esos autócratas que se esconden porque en el fondo tienen miedo. Hay mucho dolor y terror enterrados en la tierra; los dirigentes tienen una responsabilidad muy grande con sus conciudadanos y si no son capaces de dirigir el país honestamente deben retirarse. ¡Hay que acabar con ese estado de locura que es el abuso de poder en cualquier situación! Los tiranos parecen invencibles, pero siempre caen, decía Mohandas Gandhi. El camino del bienestar es tanto individual como social, la sociedad está formada por seres humanos únicamente y como tales debemos comportarnos; anular la libertad es romper el equilibrio y el respeto de la vida. La revolución de la conciencia de la iglesia invisible surge a través del autoconocimiento que es el pase para entrar en ese cielo abierto sin nubarrones grises. Tener consciencia de uno mismo nos permite dialogar con los demás sin necesidad de imponer nuestro criterio.
Muchos piensan que Dios debe evitar ese dolor y muerte, pero en realidad las masacres, miserias, guerras siempre han sido provocadas por seres humanos y es nuestra responsabilidad, como tales, solucionar este gran problema urgentemente, sin más crueldad ni violencia, usando únicamente la herramienta más importante que tenemos, la palabra, mediante un diálogo sereno y honesto.
La iglesia invisible forma parte de nuestro mundo visible, pues es nuestro corazón abierto al mundo, entregando cariño con un corazón cálido, compartiendo serenidad y alegría, procurando que la gente viva con dignidad y libertad. Sin diferencia no hay concordancia, tiene que haber diferencias para llegar a un acuerdo, eso forma parte de la vida individual y política, por esto, los políticos que dirigen los países deben ser generadores de paz, bienestar, justicia y libertad; tienen la obligación de hacer florecer su país en lugar de dejarlo morir en la sequedad de un desierto árido de cuerpos fríos.
Cada noche la luna esculpe las sombras que producen las luces del día; de la misma manera que cada día nosotros esculpimos nuestra vida con sombras y luces sacando fuerzas de flaqueza, sin embargo, sabemos que poseemos la capacidad y tenemos la posibilidad de crear nuevas obras.
Como decía Shakespeare “Ser o no ser”, de esta elección depende el gran desafío de la iglesia invisible individual, esculpir obras sublimes o vulgares.
(Dibujo Lorena Ursell. «La Naturaleza del Ser Humano»)