¡Es urgente!

¡Es urgente!

Es urgente encontrar personas que sean conscientes de que sin la Naturaleza no hay vida. Personas que sientan el perfume de las flores; que oigan el coro de los bosques; que vean los árboles crecer y que sepan que debajo de cada árbol hay una vida profunda, donde miles de seres vivos con su trabajo, esfuerzo y amor ayudan a crecer a cada planta, a cada árbol manteniendo el equilibrio y la armonía de la vida.

Es urgente encontrar personas que sepan bailar sobre las olas o cruzarlas por debajo. Personas que oigan el canto de las olas al acariciar la arena para poder crear poesía. Personas que sepan que la contaminación por plásticos y sustancias tóxicas en los océanos, mares, ríos es un asesinato en masa de todos los seres vivos.

Es urgente encontrar personas que piensen, hablen y actúen con moderación, sin juicios ni prejuicios, que busquen el equilibrio en sus acciones para mejorar y ayudar a los demás. Personas que hayan conquistado la ignorancia y superado la mediocridad por haber abandonado la comparación y el juicio de sí mismos.

Es urgente encontrar personas que quieran cantar aunque su voz desafine. Que escriban canciones con poemas de amor, valentía, fuerza y vida. Personas que enseñen a caminar por la oscuridad guiándose por el brillo de la luna llena. Personas que sientan el cálido abrazo del aire, la caricia del día o del atardecer dorado de mil colores y el canto del agua cuando se acerca a la orilla.

Es urgente encontrar personas que enseñen a los niños a jugar en la calle sin miedo a pisar olvidos de la guerra, a ser raptados o tratados con violencia. Personas que crean en sí mismas y luchen por sus sueños y deseos aunque, muchas veces, vivan contra corriente y sufran críticas y juicios; personas que no desfallecen porque su fuerza y valentía es un ejemplo para los demás, mostrando con su osadía y humildad que cada uno somos los maestros de nuestras vidas.

Es urgente encontrar personas que no vean los diferentes colores de las pieles; personas que oigan las oraciones dichas con emoción, porque todas son guiadas por y hacia el amor, que lean y comprendan el esplendor y la sabiduría en sus libros sagrados para compartir su conocimiento con aquellos que quieran. Personas que puedan vivir en armonía en una amalgama de sentimientos de paz, aprendiendo y compartiendo saberes y filosofía.

Es urgente encontrar personas que ayuden con ternura y paciencia a vencer la agresividad y la violencia en lugares donde los derechos humanos se han ido volando. Personas que ayuden a otras personas que han huido de la guerra y de la miseria a través del mar y de la tierra para sanar heridas y volver a la vida.

Es urgente encontrar personas que conozcan el poder de la sonrisa, que hablen el lenguaje de la amabilidad, que busquen la armonía en la vida y que ayuden a los que más lo necesitan, que no todo es poder y dinero, sino más bien, vivir con el amor de un corazón abierto.

Es urgente encontrar personas que les guste salir de su zona de confort para ver y respetar las raíces profundad de la Humanidad. Personas que no deseen la guerra ni ver más mares ni tierra teñidos de sangre. Personas que respeten la naturaleza y a todos los seres vivos de la tierra, aire o mares.

Es urgente encontrar personas que deseen unirse a través de los lazos de paz, amor y armonía para curar esas heridas abiertas que siente la Humanidad entera. Personas que saben que hay un lenguaje silencioso que solo se oye a través del alma y reivindica ese adagio tan popular y olvidado “todos para uno y uno para todos”, en una sinfonía de acordes y colores.

La barca del amor y del valor

La barca del amor y del valor

Nos hemos acostumbrado a oír en las noticias que miles de emigrantes entran por mar o por tierra en muchos países del mundo después de largas, duras e incluso brutales travesías donde muchos de ellos pierden la vida. Cuando llegan a tierra se encuentran que muchos dirigentes no les permiten la entrada a todos porque se encuentran muy ocupados en disputas de porcentajes. Mientras que se toman decisiones sobre su futuro, esas personas que todo han perdido y han dejado atrás familia, amigos, buscando paz, libertad y dignidad, viven en campos olvidados donde sus derechos son y han sido violados.

Este relato es la historia de todas esas personas, de por qué han tenido que huir y buscar un poco de esperanza en la desesperación del horror de un escenario de guerra y devastación que han creado países con la venta de armas, aunque proclaman a pleno pulmón la paz y libertad.

“Anani, joven de 20 años que vivía en un país donde la vida no vale ni un suspiro, donde el pan de cada día era la violencia y la violación, productos de la guerra y de la crueldad de algunos hombres. Ver tantas violaciones en su familia fue caer en un abismo de locura. Cuando ella fue violada y maltratada, ni siquiera la idea de volar le daba reposo a su alma ensangrentada.  Fruto de una violación nació Adamar, que en lugar de rechazarlo y desde el momento en que lo sintió en el vientre lo amó con todo su corazón, sintió vida y amor y una esperanza renació en su corazón. Cuando vio sus ojos negros y cogió sus manitas, supo que tenía que salir de ese infierno para que Adamar pudiera vivir en un lugar de paz y libertad. Anani luchó con todas sus fuerzas para reunir dinero y poder echarse a la mar. Sabía que corrían un grave peligro, pero no tenían nada que perder y, tal vez, sí, algo que ganar.

Se embarcaron en una lancha con otras personas con igual historia, incluso peores, que buscaban un destino mejor. Se sentía en el aire el amor y la tristeza de los padres, que ayudaban a sus hijos en ese viaje para brindarles una oportunidad. Sabían que, tal vez, morirían en ese mar teñido de rojo y agitado por llantos, sollozos, arrepentimiento y miedo. Todos llevaban como equipaje la esperanza de llegar a ese lugar donde serían tratados por igual, pero al llegar se encontraron con un muro que no les dejaba pasar.

Los metieron en un campo donde la escasez del calor humano, el hambre y el frío hicieron que comprendieran que la violencia y el caos tienen varios escenarios y varios nombres disfrazados de bondad. Todos lucharon con sus vidas para encontrar igualdad, trabajo, paz y su dignidad, pero ese no era el lugar soñado.

Anani logró escapar, sentía la fortaleza del amor de Adamar y su único deseo era la libertad. Se hicieron fugitivos, sin techo ni papeles. Anani comprendió que esa no era la vida que había soñado. Su triste realidad la llevó a tomar la decisión de darle en adopción, ¡triste conclusión! Logró que Adamar fuera adoptado y ella fue encontrada y deportada a su país, la muerte. Su alma dejó de sufrir, pensando que Adamar era libre y querido, esperando que la huella del dolor en su pequeño cuerpo pudiera sanar y olvidar”.

Todos los seres humanos debemos recordar y tener muy presente que la violencia crea muerte y la paz, vida. El éxodo de personas ha formado parte de la historia de la Humanidad. Todos los países del mundo han crecido con emigrantes; generaciones anteriores que huyeron del caos, pasando hambre y miseria, luchando hasta no tener más fuerzas para que sus hijos tuvieran un lugar mejor donde vivir y oportunidades de salir adelante con dignidad y respeto. Esos primeros emigrantes son los antepasados de las actuales generaciones de ciudadanos de los países que ahora rechazan a otros emigrantes con sus mismos problemas.

Los emigrantes —seres humanos que buscan paz, libertad, dignidad— no se echan al mar o cruzan caminos porque les apetece caminar o dar un paseo en barco. Saben que su vida y la de sus seres queridos está en manos del mar, la tierra, de gobernantes o de cualquier depredador; se enfrentan al hambre, la penuria, la soledad, la violencia, la violación de sus derechos o la muerte, aun así, prefieren morir a vivir en el horror de la crueldad sin ninguna oportunidad. Si tuvieran elección, estoy segura, de que ellos preferirían quedarse y vivir en sus propios países, con sus culturas, costumbres, creencias, tradiciones, idioma, que ir a otro país desconocido, dejando atrás su vida, familia, trabajo e identidad; cuando se echan a la mar ya no tienen nada que perder, pero sí, tal vez, algo que ganar si logran que los países de acogida los reciba y los trate como a un igual.

Para evitar el éxodo hay que poner fin a las guerras, al abuso de poder, a la corrupción, a violación de derechos humanos, al hambre, a pensar que somos dioses y tenemos la potestad sobre la vida de otro ser humano… ¡No somos dioses!, todos somos seres humanos. Los dirigentes que buscan poder y dinero siguen vendiendo armas para crear más guerras, obteniendo beneficios para unos pocos, quitando la vida de muchos miles de personas.

El objetivo de cualquier ser humano es ayudar a los demás, cada uno según sus posibilidades. Creo firmemente que si cambiamos la guerra por la paz, el odio por el amor, caminaremos por nuestros caminos hacia un futuro mejor donde todos los seres humanos podremos reunirnos, aprender, intercambiar, compartir unos con otros. Todos somos diferentes, todos estamos de paso en esta vida y nuestro objetivo como seres humanos es de ayudarnos.

El barco del amor y del valor es la esperanza que tienen los seres humanos que huyen del infierno, de la desesperación y se arriesgan a atravesar mares o tierras en busca de la oportunidad de libertad, dignidad, igualdad. Solo piden ayuda y que se les trate como a un igual, con respeto y ese es su derecho.

La paradoja del hombre

La paradoja del hombre

Mi aldea ha desaparecido, pero su nombre quedará para siempre grabado en mi corazón. Llevo varios meses errando por caminos de tierra, escondido con mis compañeros, el miedo y el terror que me hacen temblar al oír cualquier ruido. Estoy tan cansado de ver como la tierra se tiñe de rojo, de ver los árboles llorar, de ver tantos cuerpos tirados que ya casi no siento nada, es como si un candado cerrara mi corazón para que pueda seguir avanzando en este terrible escenario.

Me ahogo en este desierto de muerte, no me quedan lágrimas y mi voz se ha roto de tanto gritar y de lanzar preguntas al aire. Escondido en una pequeña cueva, me encontró un nómada que comprendía mi dolor y entendía mi miedo; sus serenos ojos me hicieron sentir confianza y empecé a hablar y como un torrente no pude parar. Compartí momentos íntimos de mi familia, el amor de mis padres y el cariño de mis hermanos; hablé de la vida en mi apacible aldea —sentí su cálido aire y recordé sus caminos de polvo, la lucha de palos a pies descalzos, la risa de mis vecinos, las historias de los mayores y sobre todo el beso robado de mi amor escondido—. Mis ojos bañaron la tierra, el dolor de mi alma lanzó un grito desgarrador cuyo eco hizo mover las entrañas de la tierra.

Este hombre de paz me ayudó mucho con sus consejos y sabiduría. Mis heridas físicas sanaron así como algunas del alma. Después de un tiempo volví a ponerme en camino. Vagué sin rumbo hasta que un atardecer llegué a una aldea perdida en las montañas. Su gente amable y sonriente, me ofrecieron un plato de comida y una cama en una humilde cabaña; pero su cielo era tan hermoso, de un azul profundo tachonado de luces, que decidí dormir al raso. A la mañana siguiente dije adiós a mis amigos y volví a mi camino. Elegí una vereda y la seguí hasta que encontré una pequeña choza donde había señales de otro caminante. Al tercer amanecer oí la melodía de la piedra y del agua mezclada con el color del infinito dorado y eso me hizo sentir una alegría que creía perdida. Comprendí que la destrucción es devastación y muerte. Todos deseamos vivir, pero nos destruimos hasta morir, curiosa paradoja del hombre.

Ahora observo este maravilloso lugar de silencio y paz y veo mi vida desfilar, —la alegría de mi aldea junto a mi familia y amigos, horror y miedo cuando vinieron y arrasaron la vida de todos—.  La soledad y el silencio me ayudaron a sanar las heridas de mi alma. No se puede borrar el pasado, lo que es, es; pero sí podemos mejorar el presente. He recordado una frase que mi madre me decía cuando estaba triste: “no desperdicies la vida, llénala de risas y espolvoréala con alguna lágrima dulce, así podrás vivir y sonreír”. Vuelven deseos de amar, mi voz canta con el aire, me pongo en camino para ir en busca de mi destino.

Soy un nómada que transita por los caminos de la vida, donde se oye el canto de la piedra y del agua, donde los colores del amanecer y del ocaso se unen en la luz del horizonte para darnos nuevas oportunidades. Sentado frente al mar, disfruto de un atardecer dorado; vuelvo a ver esos ojos serenos que tanto me ayudaron y escucho su voz fuerte y melodiosa repitiendo: “la paradoja del hombre no tiene fin —mata en lugar de vivir, destruye en vez de construir, odia por no amar—. Vive intensamente. Las dificultades traen nuevas oportunidades. El miedo nos hace prisionero y perdemos el control de nuestros pensamientos. Mantén la serenidad dentro de la tormenta. La vida no es un terreno árido de sufrimiento, es un campo verde de amor donde las cosas simples nacen, crecen y mueren en su ciclo natural. El amor aporta a los hombres el presagio de la felicidad, don de la vida. Transita por los caminos de la vida dejando tu huella en la piedra, pero sobre todo sé un guerrero de generosidad, humildad y libertad. Sé paciente y no te alteres por lo que otros digan o hagan, no se puede luchar contra el ego de dos leones en guerra”.

El bosque mágico de la Humanidad

El bosque mágico de la Humanidad

El ser humano y la naturaleza forman una unidad indisoluble. En la antigüedad el árbol era el símbolo de la Mujer por su firmeza, protección y fertilidad. Durante mucho tiempo esto ha caído en el olvido, pero hoy en día, el árbol y su simbología ha vuelto a resurgir y muchos buscamos su abrazo para que nos transmita su poder, fuerza y serenidad.

Cada árbol, cuando llega a su madurez, a su esplendor, entrega su simiente a la Madre Tierra para volver a crear vida.  En el vientre de la Madre Tierra, sus raíces han sido fecundadas por la simiente del amor, engendrando una nueva vida y así ha sido desde el principio y será hasta el final de los tiempos, creando el bosque encantado y mágico de la Humanidad siendo el amor su fuerza creadora.

La Madre Tierra solo conoce la esencia del Amor que nada sabe de diferencias ni de supremacías. La esencia del Amor es la creadora de la Humanidad, unión del espíritu del Hombre y de la Mujer, qué juntos obran el milagro más grande de la creación, “una vida humana”.

Muchos hombres y mujeres a través de la historia han luchado para obtener la igualdad entre el Hombre y la Mujer, pero han fracasado porque la sociedad ha constituido la supremacía del Hombre, lo que implica, la inferioridad de la Mujer. En pleno siglo XXI, con gran tristeza, tenemos que decir que aun la Mujer sigue padeciendo vejaciones por ser Mujer. En muchos países, está arrinconada, ignorada, excepto, para dar placer o engendrar vida; vive sumisa al hombre por el miedo, es muda y sorda para poder sobrevivir, a veces, incluso es vendida como mercancía de cambio o entregada en matrimonio sin amor, aun siendo una niña y forzada a casarse con ancianos. Sus derechos a la educación, a vivir, a ser Mujer y persona, simplemente, no existen. A través de la Historia, la Mujer ha luchado por sus derechos, con algunas victorias y otras derrotas, no hace falta trasladarse a siglos pasados, sino a solo unos cuantos años para ver cómo era la vida de una Mujer y hoy, sigue sin haber igualdad y respeto.

Se ha luchado y se sigue luchando por los derechos de igualdad entre el Hombre y la Mujer, pero aún queda un largo camino por recorrer. Uno de los principales escollos del Hombre es el miedo que tiene a perder el poder, el miedo al reto que debe afrontar y aceptar que la inteligencia femenina es igual que la masculina. Hay que anotar y destacar que la Mujer lucha por su igualdad y respeto desde hace cientos de años y eso debe acabar porque es inaceptable. El Hombre y la Mujer son espíritus iguales, con los mismos derechos y responsabilidades, con cuerpos diferentes para que su unión produzca el milagro de una nueva vida. Ambos deben fusionarse en el respeto, la igualdad y la libertad, solo así la Humanidad tendrá futuro.

Es hora de suprimir la supremacía del Hombre porque implica la inferioridad de la Mujer y esto es vejatorio e insultante para la mitad de la Humanidad. Tanto el Hombre como la Mujer, mediante un proceso de transformación individual y social, deben aceptar sus propias diferencias, descubrir y respetar su propio derecho a la libertad, al amor y a la felicidad.

Este bosque mágico que simboliza el Amor a través de la Naturaleza, engendrando vida es el símbolo de la esencia del Amor entre el Hombre y la Mujer como seres supremos hechos a la imagen de Dios, por lo tanto, sin diferencias.

(Dibujo de Ángeles Carretero)

Somos fragmentos de nuestro pasado

Somos fragmentos de nuestro pasado

Noches enteras de fiesta hasta altas horas de la mañana, donde el alcohol bañaba mi cuerpo tanto por fuera como por dentro, muchas veces acompañado de alguna que otra sustancia como aperitivo, perdiendo la consciencia más de una vez, así como a mi única hermana, quien estaba harta de mis borracheras y sus consecuencias.

Un día después de una noche loca de tanto alcohol y polvos blancos conduje dando bandazos hasta que mi coche chocó contra una escultura en medio de una rotonda, quedándome inconsciente. Un policía me llevó al hospital y cuando me desperté me condujo a la comisaría y después ante el juez, quien me envió a un centro de desintoxicación en lugar de a la cárcel.

Mi ingreso en ese tranquilo lugar fue de todo menos apacible. Mi chulería y falta de respeto hacia los demás, tanto cuidadores como personas que estaban recibiendo ayuda, fue de lo más grosero e insolente. Busqué con desesperación lo que me faltaba porque el síndrome de abstinencia me volvía loca, incluso me escapé para ir en busca de cualquier cosa. Después de pasar unos días sin salir de mi habitación, mi cuidador me dio a elegir: “vas a las charlas o vas a la cárcel”. Mi decisión me llevó a la sala de reuniones donde cada uno contaba su drama.

Entre varias historias, una me tocó muy cerca, un compañero de fatigas empezó a hablar de su madre, del hambre que pasó, de cigarros a punto de encender una hoguera, de decenas de botellas vacías pero nunca comida. Mi memoria empezó a abrirse como una flor en primavera, pero no en belleza, sino en dolor y angustia. Mis recuerdos se agolparon con violencia. Reviví una escena que aún la tengo grabada a fuego: “una noche fría de invierno con mucha nieve en la calle, mi madre quiso hacer un trineo con el felpudo para bajar la empinada calle, me cogió entre sus brazos y nos lanzamos calle abajo, yo tenía 4 años, al final de la calle nos chocamos contra un coche que en ese momento estaba parado por un semáforo en rojo; ella se cayó al suelo y yo me hice daño en los brazos”. Emergieron imágenes que tenía enterradas en la profundidad de mi alma, recordé las veces que mi hermana y yo pasamos hambre; las veces que veíamos a nuestra madre tendida en el suelo al volver del colegio, hasta que un día no se levantó. Los servicios sociales nos acogieron, nos separaron porque mi hermana era mayor.  Las nuevas casas de acogida cambiaron el alcohol por malos tratos y violación. Cuando tuve edad suficiente me escapé para no volver y me dediqué a hacer lo que más me había dolido ver, “beber hasta desmayarme”.

Esos recuerdos abrieron una herida sangrante, aun sin cicatrizar, volviéndome huraña e irascible, me refugié en mi habitación; no quería hablar con nadie porque me avergonzaba de mí misma, —volví a oír las mofas de los niños en la escuela, oí el rugido del hambre, veía a mi madre tirada en el suelo…, las casas de acogida y a ese hombre mayor al que llamaban abuelo—. Lloré sin parar, pero no por mi madre o por el abuelo, lloré por mi autodestrucción, ¡cuántas veces quise volar!

El cuidador nunca se daba por vencido y volvió con su ayuda y consejos y volví a las charlas, a los dramas de otras vidas, hasta que comprendí que todos llevamos un gran dolor encerrado en nuestro corazón porque somos fragmentos de nuestro pasado. Reconocí que la autocompasión no lleva a la solución, a cada uno nos toca decidir si queremos entrar por la puerta y vaciar nuestro corazón o entrar por la ventana a trompicones haciéndonos daño y dejando moratones. Tardé unos meses en darme cuenta de que hay otra vida fuera de la droga y del alcohol. Cuando se acercaba el día de mi salida, tuve un ataque de angustia, no quería irme, me sentía segura dentro de ese lugar y sentía que allí era fuerte y podía hacer frente a mis demonios de ruidos, bares, fiestas, recuerdos y dolor.

Mi cuidador, al sentir mi angustia, vino a hablar conmigo, me hizo comprender que lo más importante en mi vida en ese momento fue descubrir quién era yo. Acepté que mi vida ha sido la que fue y no podía cambiarla, pero sí aprovechar esta oportunidad para volver a empezar.

Al tercer día de estar en mi casa, entre el ruido de la calle, mis amigos invitándome a una copa, la música, el tabaco estuve a punto de recaer, pero los recuerdos me golpearon con violencia y recordé lo que mi cuidador me dijo cuándo lloraba de desesperación: “tu vida es la que y es la que fue. No puedes cambiar el pasado, pero las dificultades te dan nuevas oportunidades. El diálogo contigo misma es el más importante porque de él dependen tus decisiones y acciones. Nada ha sido inútil en tu vida, tus esfuerzos y combates te han llevado a ser la persona que en la actualidad eres. Todos gritamos y lloramos, nos enfadamos con todas las personas que nos rodean, sentimos un dolor desgarrador en nuestra alma causado por la autodestrucción; sin embargo, hemos aprendido que cuando nos caemos y nos hacemos daño, con voluntad y esfuerzo nos levantamos. La vida tiene piernas y se mueve, el único gran problema consiste en dormir despierto, en la inacción o autocompasión”.

He vuelto a tener contacto con mi hermana y juntas hemos llorado el dolor y el tiempo perdido. Decidimos ir juntas al Centro cada semana para ayudar y dar apoyo a otras personas. Muchas veces repito una y otra vez lo que a mí me dijeron el primer día: “Sé valiente y mírate al espejo, descubre quién eres, atrévete a dialogar contigo, aprende a reflexionar y a inspirarte de la vida”.

Todos somos fragmentos del pasado, el dolor incluso nos puede llevar a la autodestrucción, pero siempre hay alguien a nuestro lado que nos tiende un lazo o nos da un abrazo para ayudarnos a salir de ese pozo oscuro. Como decía Winston Churchill: “nunca rendirse, nunca, nunca, nunca, nunca en nada grande o pequeño, importante o insignificante, nunca te rindas”.