El desafío del renacer

El desafío del renacer

Philoteus Jordanus Brunus Nolanus, (…) profesor de la sabiduría más pura e inocente, conocido en las mejores academias de Europa, filósofo (…), despertador de los espíritus dormidos, adiestrador de la ignorancia presuntuosa y contumaz, que profesa un amor general a la humanidad en todas sus acciones (…). (“Giordano Bruno. Filósofo y hereje”. Ingrid D. Rowland). En esta carta, Giordano Bruno describe su profundo sentir y da voz a muchas almas que anhelaban un cambio tanto en la estructura social como religiosa del momento. Su propia experiencia de la vida le llevó a tomar consciencia de que somos algo más que carne y hueso; somos energía-conciencia que desea volver a la unidad de la esencia de la que procedemos.

Tras las mentiras se esconde la verdad. En los siglos XV y XVI hubo un renacer del saber acompañado de Conocimiento. Ese proceso de búsqueda del saber fue lo que impulsó a recuperar textos, mitos, símbolos milenarios para sacarlos de nuevo a la luz. El renacimiento surgió en medio de un eclipse donde las sombras cubrieron a la luz, pero su resplandor era tan fuerte que fue visto y sentido por seres humanos que tomaron consciencia de que los sentimientos de amor proceden de esa verdad escondida por lo que decidieron ser ellos mismos luminarias al servicio de la humanidad, con el fin de que las sombras de la ignorancia y del fanatismo fueran absorbidas por ese resplandor y así recuperar el olvido que tanto sufrimiento produce. Estos hombres y mujeres lucharon hasta su último aliento para proteger el fuego de la antorcha de la sabiduría.

El renacimiento no solo pertenece a una época; ha habido muchos renacimientos desde tiempos inmemoriales; hay un renacer continuo en la vida para ayudar a regenerar al planeta y a la humanidad tal y como establecen las leyes de la naturaleza y del universo. Esos seres humanos universales hablaban el lenguaje del universo, sabían que la esencia del alma vive en cada hombre, cuyo centro es un diamante bruto que está protegido en la cripta de nuestro corazón. Ese diamante refleja, a través de su resplandor, nuestra vida interior en el exterior, manifestando nuestras ideas, acciones y sentimientos.  Se restableció la importancia de la relación del ser humano con la naturaleza. El hombre universal sabía que: el gran desafío del renacer es llegar a la Unidad desde la consciencia en la materia. Como dijo Hermes Trismegisto “Dios es una esfera infinita cuyo centro está en todas partes  y cuya circunferencia en ninguna”.  Al mismo tiempo que se producía una elevación de conciencia, su opuesto aparecía creando caos, fanatismo e ignorancia.

El conocimiento, la relación de los opuestos, la geometría sagrada, la proporción divina siguen latiendo con fuerza en nuestros días; el resplandor del sol renace cada día, dejándonos oír la música de las esferas, si sabemos escuchar el silencio. Todos los grandes seres humanos son esencia de estrellas que habitan en la bóveda celeste, protegidos por la diosa Nut y nos embriagan el alma con su dulce néctar de sabiduría, “conócete y ámate a ti mismo para que el universo te ayude, pero antes debes ayudarte a ti mismo a comprender cuál es la relación entre tú yo y el cosmos, donde todo es”.

En nuestro siglo XXI seguimos luchando por ese renacer -Unidad, Libertad, Plenitud-. Educar para sacar de la ignorancia al ser humano, mirar el pasado y sanarlo para crear el futuro son retos que la humanidad tiene como objetivo. Para experimentar la vida tenemos que coger el cayado y echarnos a caminar, que no a andar; habrá caminos estrechos y afilados,  vigilados por las sombras  del caos e ignorancia, pero la antorcha de la sabiduría sigue encendida y su resplandor llega a todas partes para iluminar el camino que conduce al conocimiento que se encuentra donde habita la esencia de las estrellas: la bóveda celeste, las piedras, los lienzos, los pergaminos, los bosques y nos sigue enviando su mensaje: “aprende a reflexionar por ti mismo, hay que ser creadores y no imitadores”; como decía Pitágoras: “Sé tú mismo y sé el universo”.

Rubén Darío, escribió el maravilloso poema “Ama tu ritmo”  que describe la esencia del universo.

Ama tu ritmo y ritma, tus acciones
bajo su ley, así como tus versos;
eres un universo de universos
y tu alma una fuente de canciones.

La celeste unidad que presupones
hará brotar en ti mundos diversos,
y al resonar tus números dispersos
pitagoriza en tus constelaciones.

Escucha la retórica divina
del pájaro, del aire y la nocturna
irradiación geométrica adivina;

mata la indiferencia taciturna
y engarza perla y perla cristalina
en donde la verdad vuelca su urna.

–oo0oo—

El hombre es cuadrado y tierra.

El Hombre es círculo y universo.

(Pixabay. Dibujo de Leonardo da Vinci. Vitruvio)

El sabio olvidado

El sabio olvidado

Este artículo es un reconocimiento a todos los sabios, incluidos nosotros mismos, cuya valía y amor han sido anulados y relegados al olvido, en especial a Yosef el carpintero —padre de Yeshua bar Yosef, más conocido como Jesús de Nazaret—. Yosef, además de carpintero de profesión, era gran Maestro esenio, sanador del cuerpo y del alma, cuya misión fue preparar y acompañar a Yeshua, física, emocional, mental y espiritualmente para que pudiera llevar a buen término la gran Obra de amor a la Humanidad.

Como padre, Yosef amó a Yeshua incondicionalmente, como Maestro lo respetó y guio; siempre estuvo a su lado para ayudarle a superar y a transformar las sombras de su corazón, como cualquier ser humano tiene en su interior. Durante dos mil años, Yosef fue relegado al olvido y   las enseñanzas de Yeshua fueron pisoteadas y olvidadas por brutales choques de fanatismo, ignorancia, codicia… enterrándolas en un pozo profundo, pero su semilla germinó creciendo a través de la oscuridad y emergiendo después de un largo camino como un loto blanco en señal de fuerza y belleza.

Aparte de Yosef, Yeshua tuvo otros muchos maestros —esenios, druidas, hindúes, persas, egipcios, chamanes…— su formación fue un compendio de diversas filosofías y saberes a través del planeta, pues la esencia del amor es universal y cada filosofía basada en el amor contiene la esencia divina. Durante su intensa formación, tanto sus Maestros como Yeshua dejaron claro que la fe es una experiencia propia que hay que vivirla y no una creencia a ciegas; también hicieron hincapié en no crear dogmas, religiones ni construir espacios cerrados donde fuera el único lugar aceptable para hablar con el Eterno; todo en el planeta es espíritu transformado en diferentes manifestaciones y todo ha sido creado por el Creador, por lo tanto, cualquier lugar es perfecto para el contacto directo de corazón a corazón sin necesidad de intermediarios; esta enseñanza también fue ocultada y tergiversada por religiosos fanáticos y hombres de poder.  Ningún fanatismo escribe bellas baladas.

A través de la Historia, muchos sabios como Akenatón, Hipatia, Pitágoras, Sócrates, Avicena, Isaac Luria… y otros miles más, lucharon para integrar, en la vida cotidiana de las personas, la máxima: “ámate y conócete a ti mismo para poder conocer el universo de tu alma que todo contiene y todo puede realizar”. A pesar de los milenios transcurridos, seguimos viviendo en la sombra del sol —en las apariencias engañosas del exterior, en imponer nuestros criterios, en poseer en lugar de ser creando necesidades innecesarias, nos escudamos en nuestras máscaras para hacernos creer que somos otras personas, lo que trae sufrimiento, resentimiento y frustración, impidiéndonos bucear en nuestro interior porque tenemos miedo de ver en qué nos hemos convertido—. El camino hacia dentro genera luz en el corazón; cuanta más sombra se diluya en la luz, más luz sembraremos en los áridos campos del olvido. Toda vivencia es necesaria, tanto exterior como interior, para transformar y recordar que el objetivo del camino siempre es amarse y conocerse a uno mismo.

Al igual que Yeshua estuvo rodeado de maestros que le enseñaron a transformar sus bajos instintos como ser humano para llegar a ser un ser espiritual, nosotros también tenemos maestros que nos enseñan en nuestra vida cotidiana para aprender de nuestras experiencias y descubrir nuestros más bajos instintos, solo así podemos aceptarlos y transformarlos; como seres humanos somos seres de luz y sombra, ambas necesarias para esculpir nuestro nuevo yo. También existen seres invisibles que nos envían sus mensajes a través de intuiciones, sentimientos, susurros para que la antorcha del recuerdo vivido vuelva a iluminar el tesoro de nuestra alma. A medida que aprendemos a elevar nuestra conciencia, podemos observar maravillados la trama de los acontecimientos de nuestra vida; todo está entrelazado por hilos de energía dorada que abren la puerta del alma, invitándonos a ver la flor del corazón cuya semilla se alimenta de luz; en cambio, cuando ignoramos esos mensajes nuestra vida se vuelve árida por haber perdido los nutrientes de la esencia del amor.

El hombre que no se reconoce como su propio creador es porque tiene atada a su conciencia las bridas de la ignorancia y del temor, al dejarse arrastrar por los ríos de las leyes impuestas de la sociedad, contrarias al universo. Sócrates hablaba de la bondad, de la belleza, de la sabiduría, del respeto, del valor, todo necesario para amarse y conocerse y así vivir la vida que se merece. Decía: “la vida sin discernimiento, no merece la pena ser vivida”. Los valientes bucean en el océano de la vida; los débiles se dejan arrastrar por mareas de ríos que fluyen en dirección contraria y viven a través de la máscara del olvido.

Las enseñanzas de los sabios siguen brillando hoy en día; nos recuerdan que somos un ser espiritual con luz propia encarnado en ser humano al que debemos respetar y honrar; depende de cada uno de nosotros que encendamos o apaguemos la antorcha del recuerdo vivido, esencia del alma, principio que todo es, fue y será.

(foto privada)

La alquimia y el aire

La alquimia y el aire

Desde el principio de las fuentes históricas, ya sean en papiro o piedra, siempre el ser humano ha intentado responder a sus preguntas y, después de reflexionar, ha dejado su huella.

El libro más antiguo del mundo es el papiro Prisse (1900 a.n.e.) y sus variantes. Entre varias enseñanzas, otras están de Ptahhotep, de la V dinastía, que nos ha dejado normas de vida para una coexistencia pacífica y para que cuando naveguemos hacia el occidente, la pluma no pese.

Hoy en día ese manuscrito sigue estando en vigor, algunos ejemplos:

“Corrígete tú mismo y evita que otro te corrija”.

“El respetuoso prospera y el hombre recto es favorecido”.

“No seas ansioso hacia la carne en presencia de alguien codicioso. Toma cuando te dé y no lo rechaces, pues resulta que así se calmará”.

Por lo tanto, nuestra herencia no solo proviene de Grecia y Roma, sino de Egipto, la madre de las civilizaciones. Estas enseñanzas sapienciales fueron para la formación de futuros altos cargos de Egipto para que dirigieran al pueblo con respeto y sabiduría. Muchos sabios fueron a Egipto para recibir la iniciación —Ferécides, Pitágoras, Platón, Yeshua Ben Joseph…— y cuando regresaron a sus ciudades envolvieron esa sabiduría en un lenguaje popular para que la gente entendiera, pero siempre haciendo hincapié en que la virtud es fundamental en los gobernantes y ciudadanos.

La sabiduría egipcia ha sido y es una forma de vida y sus ecos resuenan en cada rincón del planeta a través de los susurros del aire, de la belleza de la naturaleza y de un corazón abierto. Esas voces de los sabios revolucionarios se siguen oyendo en la actualidad con mucha claridad y fuerza, voces que se alzan para decirnos que dejemos a un lado el conflicto para que la sabiduría pueda circular libremente por todos los horizontes.

Estos sabios siempre han hablado de la sabiduría de la naturaleza – si la observamos vemos que el universo se encuentra en el rocío de una rosa en primavera como en la escarcha de una hoja en invierno—; hablaban del orden del mundo —del equilibrio individual y social—; hablaban de filosofía y del origen de lo creado; hablaban de la importancia de saber que somos libres y dueños para realizar nuestro propio destino porque cada uno es el creador de su camino; hablaban de que los seres humanos debemos buscar nuestro bienestar mediante el respeto y el conocimiento. Pero lo más importante era hablar de la naturaleza del alma, esencia de vida. Ellos escuchaban la voz incitante de su destino, destino que cada uno había creado. Nada ha cambiado en nuestros días, seguimos generando nuestra propia senda con nuestras decisiones.

Estos seres han cambiado el mundo al abrir las puertas a otras realidades y lo han conseguido a través de su propia conexión a la conciencia, liberando su espíritu de la prisión de piedras y dogmas. Se enfrentaron al poder político y religioso de su época, volaron por encima de las ideas preconcebidas y estáticas y pagaron un alto precio.

Sus enseñanzas son rayos de luz que ni se compran ni se venden y siguen vigentes en nuestros días al traspasar las murallas levantadas por la ignorancia, el fanatismo, la crueldad. La tibieza no es tolerada, pues trae desconfianza, herramienta que cava surcos donde nace la maleza. Dependemos de nosotros mismos y no de un ego amenazado que nos induce a agarrarnos al miedo.

¿De qué sirve una vida si ignoramos el alma? El alma nos da alas para volar —esperanza para crear una vida mejor y valores para evolucionar—. No se puede delegar el poder del propio corazón en otras manos. La búsqueda de la sabiduría no es un acto de voluntad, el que busca no lo puede evitar porque es su destino, siempre va dando pasos, yendo hacia alguna parte sin llegar a ninguna. Esa búsqueda nos conduce a nuestra alma una vez rasgado los velos que nos impiden ver la luz que atraviesa las fisuras invisibles de las murallas de la ignorancia que no saben de libertad al no saber volar.

Ellos aprendieron del rumor de las hojas, de la belleza de los lagos y montañas, del vuelo de las aves, de la fuerza del rayo. Sus enseñanzas siguen viajando a través del aire y resuenan así: “ama a los demás como a ti mismo. Respeta tu vida y trátate con delicadeza. Busca en el interior tu riqueza y compártela con el exterior sin imponer nada. No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan. Venera tu esencia cósmica como ser divino. Cada uno debe encontrar el camino hacia su propio poderío interior”.

Sus enseñanzas no son ideas o palabras huecas, son formas de vida.

Buda decía: “No creas nada, no importa donde lo has leído o quién lo dijo, no importa si lo he dicho yo, a no ser que esté de acuerdo con tu propia razón y sentido común”. Los intermediarios no son necesarios, solo el amor incondicional puede llegar a la esencia del Creador.

Nadie elude impunemente las citas que le depara su vida según las decisiones tomadas.

(Foto de «La Sabiduría de las palabras»)

Maestros revolucionarios

Maestros revolucionarios

Desde el principio de las fuentes históricas, ya sean en papiro o piedra, siempre el ser humano ha intentado responder a sus preguntas y, después de reflexionar, ha dejado su huella.

El libro más antiguo del mundo es el papiro Prisse (1900 a.n.e.) y sus variantes. Entre varias enseñanzas, otras están de Ptahhotep, de la V dinastía, que nos ha dejado normas de vida para una coexistencia pacífica y para que cuando naveguemos hacia el occidente, la pluma no pese.

Hoy en día ese manuscrito sigue estando en vigor, algunos ejemplos:

“Corrígete tú mismo y evita que otro te corrija”.

“El respetuoso prospera y el hombre recto es favorecido”.

“No seas ansioso hacia la carne en presencia de alguien codicioso. Toma cuando te dé y no lo rechaces, pues resulta que así se calmará”.

Por lo tanto, nuestra herencia no solo proviene de Grecia y Roma, sino de Egipto, la madre de las civilizaciones. Estas enseñanzas sapienciales fueron para la formación de futuros altos cargos de Egipto para que dirigieran al pueblo con respeto y sabiduría. Muchos sabios fueron a Egipto para recibir la iniciación —Ferécides, Pitágoras, Platón, Yeshua Ben Joseph…— y cuando regresaron a sus ciudades envolvieron esa sabiduría en un lenguaje popular para que la gente entendiera, pero siempre haciendo hincapié en que la virtud es fundamental en los gobernantes y ciudadanos.

La sabiduría egipcia ha sido y es una forma de vida y sus ecos resuenan en cada rincón del planeta a través de los susurros del aire, de la belleza de la naturaleza y de un corazón abierto. Esas voces de los sabios revolucionarios se siguen oyendo en la actualidad con mucha claridad y fuerza, voces que se alzan para decirnos que dejemos a un lado el conflicto para que la sabiduría pueda circular libremente por todos los horizontes.

Estos sabios siempre han hablado de la sabiduría de la naturaleza – si la observamos vemos que el universo se encuentra en el rocío de una rosa en primavera como en la escarcha de una hoja en invierno—; hablaban del orden del mundo —del equilibrio individual y social—; hablaban de filosofía y del origen de lo creado; hablaban de la importancia de saber que somos libres y dueños para realizar nuestro propio destino porque cada uno es el creador de su camino; hablaban de que los seres humanos debemos buscar nuestro bienestar mediante el respeto y el conocimiento. Pero lo más importante era hablar de la naturaleza del alma, esencia de vida. Ellos escuchaban la voz incitante de su destino, destino que cada uno había creado. Nada ha cambiado en nuestros días, seguimos generando nuestra propia senda con nuestras decisiones.

Estos seres han cambiado el mundo al abrir las puertas a otras realidades y lo han conseguido a través de su propia conexión a la conciencia, liberando su espíritu de la prisión de piedras y dogmas. Se enfrentaron al poder político y religioso de su época, volaron por encima de las ideas preconcebidas y estáticas y pagaron un alto precio.

Sus enseñanzas son rayos de luz que ni se compran ni se venden y siguen vigentes en nuestros días al traspasar las murallas levantadas por la ignorancia, el fanatismo, la crueldad. La tibieza no es tolerada, pues trae desconfianza, herramienta que cava surcos donde nace la maleza. Dependemos de nosotros mismos y no de un ego amenazado que nos induce a agarrarnos al miedo.

¿De qué sirve una vida si ignoramos el alma? El alma nos da alas para volar —esperanza para crear una vida mejor y valores para evolucionar—. No se puede delegar el poder del propio corazón en otras manos. La búsqueda de la sabiduría no es un acto de voluntad, el que busca no lo puede evitar porque es su destino, siempre va dando pasos, yendo hacia alguna parte sin llegar a ninguna. Esa búsqueda nos conduce a nuestra alma una vez rasgado los velos que nos impiden ver la luz que atraviesa las fisuras invisibles de las murallas de la ignorancia que no saben de libertad al no saber volar.

Ellos aprendieron del rumor de las hojas, de la belleza de los lagos y montañas, del vuelo de las aves, de la fuerza del rayo. Sus enseñanzas siguen viajando a través del aire y resuenan así: “ama a los demás como a ti mismo. Respeta tu vida y trátate con delicadeza. Busca en el interior tu riqueza y compártela con el exterior sin imponer nada. No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan. Venera tu esencia cósmica como ser divino. Cada uno debe encontrar el camino hacia su propio poderío interior”.

Sus enseñanzas no son ideas o palabras huecas, son formas de vida.

Buda decía: “No creas nada, no importa donde lo has leído o quién lo dijo, no importa si lo he dicho yo, a no ser que esté de acuerdo con tu propia razón y sentido común”. Los intermediarios no son necesarios, solo el amor incondicional puede llegar a la esencia del Creador.

Nadie elude impunemente las citas que le depara su vida según las decisiones tomadas.

Foto privada

El milagro de la educación: saber, conocimiento y sabiduría

El milagro de la educación: saber, conocimiento y sabiduría

Buda decía: “El conflicto no es entre el bien y el mal, sino entre el conocimiento y la ignorancia”. Todo acto extraordinario actúa como un espejo en nosotros y cada persona ve su reflejo a través de sus propios ojos y límites; este reflejo puede provocar una toma de conciencia, lo que implica desaprender lo aprendido.

Desde el principio de la humanidad, muchas personas han observado la naturaleza, el universo y al propio ser humano para desentrañar los secretos de la existencia en el planeta y su lugar en el cosmos; estudiaron números, geometría, astronomía, filosofía, música, medicina…, todas las artes necesarias para lograr una mayor comprensión del mundo visible e invisible. Estos observadores y estudiosos se dieron cuenta de que todo estaba inscrito en la naturaleza y en el mundo invisible de los seres humanos, solo había que descifrar la simbología para que en un futuro la humanidad llegara a ser una gran humanidad.

Hace miles de años este conocimiento sagrado se impartía en círculos cerrados, pues se temía las repercusiones de la ignorancia. A medida que el tiempo transcurría y se profundizaba en dichas enseñanzas, dichos círculos se fueron abriendo con cautela para minimizar los daños de la maldad y de la infamia. Las enseñanzas profanas también siguieron su curso con prudencia, pues siempre hay devotos de la ignorancia que buscan encarcelar el pensamiento y el progreso.

En la antigüedad, la educación era un privilegio para algunos hombres y muy, muy pocas mujeres tuvieron acceso a ella. Sin embargo, hubo grandes mujeres que lucharon por la libertad de su autonomía para funcionar conforme a su naturaleza, aunque muchas pagaron un alto precio, su vida. Con el paso de los años, el deseo de aprender, de cambiar, de existir por sí misma, llevó a la mujer a una lucha por su libertad sin precedentes; con pesar, seguimos observando que en pleno siglo XXI, en algunos países, la mujer es ignorada y sigue viviendo de rodillas ante el patriarcado. Pero, no hay que olvidar que la mujer es guerrera y no está dispuesta a vivir en la pasividad ni en la servidumbre, camina a paso lento, pero es tenaz y resistente. Algún día veremos que tanto la mujer como el hombre serán libres para pensar, elegir y decidir la vida que su naturaleza les dicte.

La educación no solo es aprender a leer y a escribir o a tener conocimiento de una u otra materia, es, también, aprender a descubrir lo que somos mediante la lucidez y poder crear proyectos en beneficio de todos para que sus frutos abran la puerta al libre intercambio del saber, del conocimiento y de la sabiduría para que todos disfrutemos de ese maravilloso crecimiento personal y social; sabemos que el ser humano es un ser de transición y debe dejar su huella para que las futuras generaciones puedan vivir con respeto, libertad y dignidad, pues sabemos que la ignorancia, no es no saber leer ni escribir, es olvidar que somos seres humanos con alma; la ignorancia nos hace tener sentimientos envenenados, creando conflictos y haciendo mucho daño a nosotros mismos y a la humanidad. La historia nos habla de las consecuencias de la ignorancia —discordia, miseria y tiranía—, por eso la sabiduría la mantiene alejada.

El saber, el conocimiento y la sabiduría transforman la vida dándole un delicioso sabor de belleza, vitalidad y fuerza y muchas oportunidades a todo aquel/la que usa la experiencia de sus andanzas para dejar una llama en la vida de los demás. Como bien decía Gandhi: “cambiándose a sí mismo, podemos cambiar el mundo. La verdadera revolución es interior”. Para lograr la revolución interior es necesaria la sabiduría —energía del alma que nos ayuda a comprender lo que la mente nos esconde—.

El milagro de la educación es la experiencia más bella que un ser humano puede realizar al beber de la esencia del saber, del conocimiento y de la sabiduría. La educación es generativa de reflexiones, ideas, palabras para discernir lo correcto y lo incorrecto, siendo conscientes de que siempre hay consecuencias con nuestras decisiones. Saber es aprender, conocimiento es la acción de conocer y sabiduría es el saber del alma, juntos forman el milagro de la educación. Milagro es misterio y armonía, educación es transmisión de conocimiento que proporciona los útiles necesarios para sembrar en cada persona pensamientos y emociones de acuerdo a sus creencias y entorno. Cada uno decide qué hacer con su cosecha.

“Ausencia de dogmas para que la propia experiencia pueda surgir libremente y experimentar la grandeza del ser”, gritan las piedras del camino que esconden sus secretos a aquellos que viven de rodillas ante los dogmas y, en cambio, los desvelan a los que mantienen la dignidad y la fortaleza en la acción, al dar el primer paso hacia la transformación.

Como decía Yeshua ben Yosef: “Busca la esencia de la experiencia sin entrar en el debate intelectual”.

 

El médico del alma

El médico del alma

Séneca, decía: “No hay que esperar a que pase la tormenta, hay que aprender a bailar bajo la lluvia”.

Hay un mundo invisible que solo se ve con los ojos del alma, me repetía a mí mismo una y otra vez, pues sentía que soy algo más que un cuerpo físico. Me preguntaba ¿qué era esa fuerza que vibra en mí y hace que recorra escalofríos en mi espalda?

Quise saber si esa fuerza era el alma, pero ¿qué es el alma? Pregunta que ha bailado en mi mente desde mi juventud y ha sido el motor de mi investigación. Hace muchos años empecé una búsqueda sobre los misterios de la vida, empezando por mí mismo y por las diferentes enseñanzas que a través de la historia de la humanidad nos han dejado los buscadores de otras verdades que van más allá de las simples apariencias.

El alma es esa fuerza que subyace en todas partes y en todo lugar. Todo es, ha sido y será alma, conciencia superior. Sin embargo, es un concepto abstracto para una mente racional que solo cree en lo que ve, pero existen fuerzas poderosas y más reales que la vida misma, aunque solo lo sientan algunas personas por ser intuitivas y de mente abierta y corazón amante. Las verdades eternas provienen de la energía suprema y se reflejan en el espejo de nuestra alma. El alma es una energía que no está atrapada en el tiempo ni en el espacio, pertenece al infinito universo y cada uno de nosotros somos una parte de ella. A través de mis vivencias he experimentado que no se puede vivir sin serenidad, sin sabiduría, sin conciencia, sin alma, sin conocimiento, quien vive sin ellas se ahoga poco a poco en la angustia de la incertidumbre que produce el del miedo y la confusión. El alma es la fuerza vital que nos permite ser y existir en este planeta en fusión con el cuerpo físico.

Los seres humanos cuando no entendemos tenemos miedo, por eso estamos tan apegados a nuestro mundo material porque creemos que nos da seguridad y bienestar, aunque pocos viven una vida plena de serenidad y alegría. Hay que transformar nuestras sombras del miedo, de manipulación, de control en coraje, fuerza, serenidad   para sacar lo mejor de nosotros mismos y tener experiencias cotidianas alegres.

El ser humano, cuando vive en la inconsciencia, vive en la confusión y en la tristeza que provocan un atroz sufrimiento. Después de observar ese dolor que produce la ausencia de consciencia y sus consecuencias, supe que para evitar ese sufrimiento era necesario conectar con nuestro centro a través de la meditación; la mente tiene mucho poder y es engañosa, por eso nos envía pensamientos que galopan para alejarnos de nuestro corazón, pero con voluntad y esfuerzo llegamos a calmar esa mente pequeña a través de la respiración para llegar de nuevo a nuestro centro Los extremos siempre son fuerzas poderosas de manipulación, esclavitud y control. La mente sabe que nuestro deseo de comunicar con el alma es inquebrantable y cuando se lo dejamos claro, nos ayuda a concentrarnos para que el alma nos ofrezca sus mensajes de sanación y sabiduría.

Por eso decidí hacerme médico del alma para aliviar el dolor profundo que surge del alma herida y nos lleva al dolor del vacío y se le conoce como la noche oscura del alma.

Muchos me han preguntado: ¿Cómo puede herirse el alma?, el alma se hiere cuando vivimos una vida desequilibrada en los extremos, lo que produce dolor, ira y miedo, lo que genera pasividad y ausencia de nosotros mismos; también, cuando preferimos vivir muriendo o de rodillas a la vida antes de vivir una vida plena en conciencia. Cuando el cuerpo y el alma están divididos, solo existe sequía y sombra a nuestro alrededor, en cambio, cuando el cuerpo y el alma están unidos, solo existe belleza y armonía por todas partes, porque con la unión nace el amor y nuestra vida cobra sentido.

La mente impone contradicciones, pero la respiración las bloquea si estamos preparados y dispuestos a apagar el ruido del ego.  El hombre sabe poco de sí mismo y este es el gran problema al que nos enfrentamos en la vida. Una enseñanza muy antigua dice “para vivir en paz hay que conocerse a sí mismo”, sin esto, no podemos hacer frente a la vida, pues no sabemos cómo actuar ante un conflicto o problema; cuando sabemos quiénes somos estamos en disposición de encontrar soluciones a las dificultades, tenemos coraje para enfrentarnos a nosotros y a nuestros desafíos, siendo el más importante la transformación de la sombra en luz. El objetivo del médico del alma es ayudar a desvelar quiénes somos para que podamos cambiar de perspectiva y de actitud, si es necesario, cambiando nuestros pensamientos, cambiaremos nuestras palabras —las palabras elegidas son energías que crean y construyen nuestros deseos o que sabotean nuestros esfuerzos y nos debilitan—, dependiendo de nuestra elección así serán nuestros actos.

El alma tiene su propia memoria y sabiduría y nos enseña a convivir con lo estático y dinámico, es decir, en momentos de sosiego y de azoramiento; todo es lo mismo, solo depende de en qué forma lo enfoquemos. Hay que conferir valor y autenticidad a nuestra vida, siendo coherentes con nuestros pensamientos y decisiones para poder trascender la vida y llegar al Alma. Todos somos médicos del alma, solo necesitamos una intención pura y lanzarnos a explorar el universo de las verdades eternas que dicen “que el amor nos concede la libertad de ser, la sabiduría de crear y el respeto nos lleva al centro de nuestro universo donde nadie puede quitarnos nuestra paz”.

Hay un mundo invisible que solo se ve con los ojos del alma.

Kabir dijo: “la vida es un juego entre el alma de cada hombre y Dios”.

Einstein dijo: “Soy en verdad un viajero solitario y los ideales que han iluminado mi camino y han proporcionado una y otra vez nuevo valor para afrontar la vida, han sido la belleza, la bondad y la verdad”.

(Foto privada)