por Ángeles Carretero | Mar 29, 2018 | Artículo, Pensamientos
Cuenta la leyenda que cuando aparece un cisne negro nada será como antes, pues marca un punto de inflexión.
Ese punto de inflexión es la siembra en los campos; semillas de libertad o violencia, todo depende de nuestra elección.
A muchas personas les gusta preservar bien su coto de caza, cultivando campos de violencia, creando armas cada vez más sofisticadas, estado a la merced de cualquier persona y pudiéndose adquirir desde una edad temprana con consecuencias terribles no solo para sus familiares y amigos, sino para la toda la Humanidad al sentir impotencia ante tal horror, crueldad e irresponsabilidad. Todas las víctimas tenían un futuro que deseaban vivir y un destino por el que luchaban para ir a su encuentro, pero la maldad de algunos lo han impedido. Con sus actos y decisiones han destruido a muchas personas, dejándolas como animales heridos, sin saber cómo pueden salir de ese voraz dolor y de esas heridas en el alma.
Los campos sembrados de libertad son campos abiertos cuyas simientes hacen crecer la paz, la seguridad y la igualdad de todos los seres humanos, estando simbolizada por la democracia y siendo contraria a la autocracia. Si no se respeta la libertad —entiéndase por libertad, respeto, justicia, derechos y obligaciones de todos—, la sociedad se divide y empieza a buscar otros caminos, entre ellos la violencia cuya furia subyacente emergerá cuando menos se espere, causando un daño irreparable.
La vida es un río donde el agua fluye sin cesar, el agua estancada crea moho y malos olores. Los dirigentes deben ser como ríos, fluir en la dirección del agua, de la vida e ir cambiando para aportar nuevos nutrientes de libertad a la sociedad.
Todos, ciudadanos y gobernantes, debemos tener el mismo objetivo: la libertad, que como la primavera eclosiona en colores y flores de paz, respeto, justicia, igualdad… trayendo fragancias y nueva vida. Todos somos seres humanos, con nuestras fuerzas y debilidades, y, todos debemos aprender a respetarnos a nosotros mismos y a los demás; a luchar con valores morales y éticos para poder asegurar la libertad en la sociedad; en caso contrario, degeneraríamos en una autocracia donde germina el virus del miedo y de la corrupción que se expande como una pandemia por todo el planeta infectando a toda la Humanidad. Todos somos responsables de nuestros actos y las consecuencias buenas o malas tocan al conjunto de la Humanidad. Matar a un individuo es matar a la Humanidad, salvar a un individuo es salvar a la Humanidad.
La Humanidad es un torbellino de vida, de proyectos, de relaciones, de culturas, de ideas vivas, por lo que hay que construir puentes para comunicarse y unirse. Los campos de violencia deben desaparecer para ser sembrados con semillas de paz y evitar más matanzas. Nadie puede saber cómo va a ser la vida de otro, sus decisiones y su tiempo le pertenecen; nadie debe terminar con la vida de otra persona, esto es, ir contra natura.
Los vientos del destino hacen que el cisne negro retome su camino, su marcha nos deja una estela de pensamientos y reflexiones para evitar que se disparen flechas que solo traen guerra a la vida y un sufrimiento voraz que nos destruye. Hay que dejar de ser destructores de la Humanidad y crear campos de cultivo, de libertad para recoger paz, seguridad, igualdad, respeto, justicia… “La no violencia es un principio de vida para crear un mundo mejor”.
El cisne negro nos ha dejado una pluma que lanzo al viento para que se convierta en ala y llegue al corazón de la Humanidad, donde la flor de la armonía se abre en esta primavera.
por Ángeles Carretero | Mar 28, 2018 | Relatos
“En cuanto nace la chispa de la vida dentro del vientre de la madre, empezamos a construir la espiral de nuestra existencia, creando círculos entrelazados que nos llevarán, sin parar, de uno a otro, de experiencia en experiencia, de aprendizaje en aprendizaje hasta el último círculo que se cerrará con el último suspiro, en esta danza del tiempo y del espacio”.
Hace muchos años —no sé cuántos, pues los he olvidado— me marché de casa dejando familia y amigos; como equipaje, una maleta llena de ilusiones, un libro en blanco y la certeza de que algún día los renglones serían escritos en el agua, la arena y en mi alma. Mi único objetivo era buscar respuestas a mi inconformismo interior que se revelaba cada día más fuerte, alimentando mis ansías de búsqueda. Soñaba con viajar, volar, conocer gente, libros, estaba sediento de conocimiento… Durante mis viajes, descubrí personas maravillosas que me elevaban el alma y otras que la herían. Comprendí que en la guerra de la vida siempre hay heridas desde el primer momento en que ponemos los pies en nuestro camino: caídas, empujones, traiciones, mentiras, manipulaciones; estas heridas son por golpes dados y recibidos.
Estos golpes me hicieron comprender que vivir de espaldas a la vida produce sufrimiento que proviene de ese vacío de querer caminar, pero el confort puede más, provocando una vida sombra y deficiente; siendo “tibios” por no tomar decisiones, dejándonos arrastrar por otros, viviendo una trampa mortal en nuestra vida. La decepción y la frustración que producen esas situaciones que provocamos nos hieren el alma haciendo brotar ríos salados de los ojos, porque una vida vacía es una vida sin control, que nos arrastra con tal fuerza, como un río desbordado que todo arrasa hacia situaciones imprevisibles. No sabemos quiénes somos, hablamos con otros nosotros mismos, con esa voz cargada de arrogancia, interpretando mil papeles de comediantes, pero ninguno de actor principal; nos volvemos personas grises de corazón y nuestra vida se enreda como una madeja tirada en el suelo, posponiendo para mañana el momento de desenredarla.
Vivir de frente es vivir conscientes de que llevamos las riendas de nuestras vidas porque somos sus artífices; tomamos decisiones que a veces nos llevan a lanzarnos al vacío con coraje, fuerza y sabiduría; desplegando las alas para observar desde lo alto y maravillarnos de la trama de los acontecimientos que nos construyen y comprendemos que todo está interrelacionado. Muchas veces nos hieren y herimos, rectificamos, perdonamos, así aprendemos y crecemos realizando una obra de arte en nosotros mismos; somos los actores principales de nuestra vida porque vivimos en el eterno presente.
Después de muchos años de transitar por culturas diferentes, por senderos polvorientos, de descansar en oasis, escalar montañas, de internarme en las profundidades de la noche acompañado de sonidos que emergían de mi corazón angustiado; de pasear entre girasoles que bailaban al son de los rayos dorados y algún hada me regalaba una mirada llena de ternura, acariciándome el alma que se zambullía en el azul infinito; comprendí que yo soy el camino; que lo que buscaba lo había hallado hacía muchos años, al descubrir el canto de mi alma a través de sonrisas, atardeceres, fragancias y paisajes que me saludaban cada día. Y, ese descubrimiento me llevó a la felicidad, al haber encontrado ese refugio interior en el corazón donde germina su flor curando mis heridas.
Somos nuestro propio destino, tan lejano y cercano al mismo tiempo. El viaje comienza y termina en nosotros porque somos el camino. Mi último renglón se escribe en mi alma: “si sientes ese cosquilleo no tengas miedo de lanzarte al camino que te llevará hasta el final del universo en el eterno presente”.
por Ángeles Carretero | Mar 20, 2018 | Poesía
Poesía, palabras que forman frases
que bailan o vagan a través del aire,
juegan con el viento y acarician a
las personas que recogen sus mensajes.
Mensajes de buena voluntad,
que crean una nueva percepción de la vida
a través del baile de palabras que acaricia el alma
y nos da esperanza para que el mundo
sea una realidad mágica.
Poesía es arte que crea sinfonías eternas
donde la tragedia da la bienvenida a la vida
alzando su voz con pasión y motivación,
“la vida es para vivir y aprender a ser feliz”.
Poesía, maravilloso instrumento
que nos hace reflexionar sobre
¿Qué es lo correcto y lo incorrecto?
Poesía que habla de profundas emociones
y profundos sentimientos vividos y muertos.
La poesía nos ayuda a compartir sentimientos
de amor y terror, de besos y puñales,
sentimientos inscritos en el alma
bajo una geometría sagrada.
Poesía de palabras que bailan con el viento,
en cielos claros que asoman en el universo
formado por estrellas, cometas y agujeros negros,
haciéndonos sentir la grandeza del Ser que ha creado
al planeta y al ser humano con su dignidad y fortaleza.
Poesía cantada, escrita, esculpida, pintada,
una flor, una mirada, una noche estrellada,
un cielo claro, una noche oscura,
todo forma parte de ese arte
de palabras que es el baile de la vida.
Todo pertenece a la poesía
porque es dicha y desdicha,
destinos que hay que vivir
para aprender a ser feliz.
Muerte, desgarro, dolor,
la poesía lo describe con amor,
profundo sentimiento del alma
que todos conocemos
y echamos de menos sin saberlo.
Hay sentimientos efímeros
y sentimientos eternos
que cada persona vive y siente,
al escribir su poema
como mejor le parece,
pero no podemos olvidar que la poesía
es para hacer crecer el alma,
con su luz y belleza,
abrazando encuentros y desencuentros
que nos dicen: la vida es corta para ser vilipendiada,
“la vida es para vivir y aprender a ser feliz”
por Ángeles Carretero | Mar 17, 2018 | Microrelato
Tac, tac, tac, el eco de mis zapatos de plataforma plateados, que me han dado una nueva identidad clandestina sin opción, resuenan en la calle mojada y sombría en esas horas donde el silencio de la humillación es mi compañía.
Tac, tac, tac, coches que se paran y hombres que preguntan el precio de un efímero… placer.
Tac, tac, tac, subo y antes de cerrar la puerta, el coche arranca dirigiéndose a un lugar solitario. No sé, si es un hombre o un espectro, da igual, qué puedo hacer; sus groseras manos hurgan en mi monte de Venus. Hoy, como ayer y desde hace varios años, la melancolía me viste de tristeza porque mi alma se perdió cuando un ruido ensordecedor cayó sobre mi casa y todo desapareció, y desde entonces, mi cuerpo se vendió al mejor postor y ha sido esclavo de la violación. Recuerdo que habías salido a pintar un grafito reclamando libertad.
Mis últimos recuerdos quedaron grabados en el beso tierno de amor cuando éramos olas y playa. Mi espíritu vuela una y otra vez hacia ese lugar cuyos rayos bermejos teñían el horizonte y alguna que otra estrella tímida salía para hacernos compañía.
… Un pequeño jadeo me devuelve a este presente negro en el que unas manos sucias me entregan un billete marchito.
Ni siquiera me devuelve a mi calle. Me bajo, el coche arranca y me deja en la soledad de la noche.
La lluvia limpia mi cuerpo y mis pies descalzos chapotean en los charcos, el eco ha desaparecido. Las estrellas lloran y abro los brazos para sentir la brisa y las lágrimas de tantas penas. He despertado de esa agonía y esa ha sido mi última violación porque ahora sé que soy una mujer que siente que la vida crea ocasiones de renacer; esta noche las lágrimas han recuperado mi alma.
Siento a mi sombra que vuelve como compañera y a mi alma que me arropa con un vestido nuevo, dándome valor y confianza; vuelven tus palabras olvidadas: “cada hombre y cada mujer son grafitos vivientes de libertad y dignidad, esto nadie lo puede parar, por muchas bombas o destrucción, la vida volverá a nacer para luchar por la libertad”.
por Ángeles Carretero | Mar 16, 2018 | Artículo
La Sabiduría ancestral se encuentra aquí en la vida, entre hombres y mujeres de carne y hueso, con sus luces y sombras, viviendo experiencias y sueños y aprendiendo lecciones de grandezas y miserias, a lo largo de caminos estrechos y abruptos, llanos y sencillos. Paso a paso, kilómetro a kilómetro, día tras día recorremos el camino que nosotros hemos trazado con nuestros pasos.
Los objetivos y los sueños basados en la paz y en la libertad son necesarios para que nuestra vida sea productiva y llena de recursos. A través de la historia, algunos de esos seres humanos han iluminado el mundo irradiando su propia luz, como Hipatia, Avicena, Hildegarda de Bingen, Rabi’a-al-Adawiyya, Lahiri Mahâsaya, Gandhi, Lucretia Mott, Luther King, Denis Diderot, Sophie Scholl… entre otros miles, cada uno aportando su saber y experiencia para que la libertad y el conocimiento sigan brillando y barran las sombras de la ignorancia y de la esclavitud; el ser humano no ha sido concebido para ser esclavo de otro ser humano. La Sabiduría nos enseña que cada persona debe aprender a pensar por sí misma, ser autónoma, construirse y vivir sus sueños, para dejar de ser dependiente y vivir bajo la sumisión, y, esa verdad florece una y otra vez a través de los tiempos y ninguna muralla o frontera puede detener su paso. Una vez más, la Sabiduría se hace oír: “una voz honesta tiene más poder y es más fuerte que un griterío demente de egoísmo y violencia”.
A través de nuestro santuario interior, el efluvio de la paz y de la libertad se expande por el mundo. Hombres y Mujeres de a pie, de cualquier ámbito social, no solo buscan placer y alegría, también felicidad y hacen lo imposible para que la vida fluya como las aguas del río que se renuevan sin cesar, creando un bienestar general, con colores y aromas en las calles; en cambio, algunos hombres y mujeres, portavoces de ellos mismos, buscan su propio beneficio donde consiguen mucho para pocos y poco para muchos, moviéndose en un estanque donde el agua no se renueva, produciendo roña y malos olores.
Al igual que existe la Sabiduría de la luz, existe la ignorancia de la sombra y en ese mundo de violencia y de esclavitud existen personas que tienen instintos perversos y son aves carroñeras con cabezas de seres humanos que imponen su miedo para mantener al pueblo bajo los efectos de un narcótico y poder sacar tajada de su autoridad. Desean que el pueblo sea perezoso porque esa pereza de una mayoría es conveniente para su minoría. La corrupción es una bestia negra insaciable, con tentáculos que se extiende por todo el planeta, devorándolo todo con discursos vacíos que son pasatiempos de unos cuantos que adormecen, con sus palabras disfrazadas de verdad, la razón de la gente.
Las antorchas de Luz brillan con más fuerza en la oscuridad porque sus rayos de color azafrán nos recuerdan que la humanidad es un arcoíris de ideas, creencias, culturas que hay que respetar y no se puede separar; de la misma forma que no se pueden separar las leyes universales de la vida, libertad, respeto, dignidad porque estas leyes nos permiten discernir el bien del mal para vivir en armonía.
El deseo de iluminar al mundo con paz y libertad, con esperanza y dignidad es la única fuerza de la vida que nos hace cambiar. Desarrollar nuestro discernimiento para saber lo que es bueno o no para nosotros y nuestro entorno y dejar de ser sumisos, esclavos, dependientes de todo aquel que grita y nos atemoriza. Todas las decisiones tienen consecuencias, unas buenas y otras malas dependiendo en qué bando nos posicionemos. No somos lobos solitarios ni superhéroes, somos seres humanos con deseos, sueños y anhelos de vida y paz.
El ser humano ya ha llorado bastante y ha cubierto de rojo los caminos. La Sabiduría nos trae discernimiento para acabar con el sufrimiento, es hora de que la savia sagrada de la Sabiduría recorra las venas de todo aquel que desee encontrar la paz y conjure la oscuridad.
La luz de la Sabiduría prende su chispa en la belleza de la grandeza de los corazones vivos de los seres humanos, trayendo aromas de paz y libertad, perfumes del alma. No olvidemos su llamada: “Una voz honesta tiene más poder y es más fuerte que un griterío demente de egoísmo y violencia”.