La memoria arcaica está presente en todo y todos y es necesario rememorarla para comprender nuestra modernidad individual y social. El presente está inscrito en el pasado.

La soberanía es propia del ser humano, al igual que es propia a todos los pueblos de la tierra y abarca territorio, cultura, tradición, idiosincrasia, gobierno, es decir, lo que llamamos patria —grande o pequeña—. La soberanía es la unidad de la pluralidad del individuo y del pueblo.

La soberanía implica dejar a cada pueblo ser quien es y a través de su cultura, buscar la mejor forma de vida para todos; una vida que no destruya moralmente al otro por la codicia de algunos.

Cada país, sea de la talla que sea, tiene derecho a su existencia, a su riqueza, a su libertad, a su gobierno. Cada país debe guardar como un tesoro único su cultura, sus tradiciones, sus creencias, creando un tejido social donde todos quepan y al mismo tiempo, compartirlos con otros seres humanos en el respeto. La visión de cada persona sobre su vida depende de sus propias experiencias, ya que son nuestros recuerdos, emociones, pensamientos, decisiones los que dictan las normas de nuestra conducta. Si somos coherentes con nuestra forma de pensar y actuar, observaremos como el presente está enraizado con nuestro pasado. Así podemos transformar nuestro presente futuro en un movimiento ascendente.

Es importante que seamos conscientes de la soberanía individual y colectiva para crear lazos de solidaridad, fuente que nutre el bienestar entre todos los pueblos de la tierra, sin importar su talla. No podemos vivir en un desierto afectivo donde no existan ojos que brillen, caras que sonrían, manos que escriban poesía para que las voces canten a la vida. Todos somos seres humanos y formamos parte de la única familia humana que existe en el planeta.

La soberanía, al ser un derecho innato, es dignidad, honor, belleza, y que mejor que la poesía de la vida para expresar su existencia. A la poesía le gusta cantar a la belleza de la verdad, al bien, a las alegrías y a las penas, porque todo es vida, pero jamás cantará para disminuir a otro ser humano.

Las palabras que componen el canto a la soberanía del ser son palabras de resistencia al descontrol, a la manipulación, a la violencia. En estos momentos actuales, el tiempo se acelera porque vivimos en una espiral de movimiento acelerado dirigido hacia una sima donde la soberanía no es un derecho, sino un eslabón de una cadena invisible.

El autorrespeto y el autoconocimiento son necesarios para que nuestra soberanía del ser sea respetada y que los pueblos avancen entrelazados en su diversidad —cultura, saber, idiosincrasia— y en su individualidad, en su soberanía.

La soberanía es un derecho inherente a todas las tribus que pueblan el mundo, llámense pueblos, estados, naciones… Todos somos soberanos y nos debemos respeto, creando leyes con justicia para todos, que se cumplan y que todos podamos vivir mejor.

Miles de personas anónimas son gigantes humanos que dejan huella en nuestros caminos para recordarnos que cada nuevo día es una nueva oportunidad para que no abandonemos nuestros sueños de libertad propios a nuestra soberanía.