por Ángeles Carretero | Sep 19, 2017 | Pensamientos
Como decía Pitágoras:
“No podemos permitir que unos cuantos dicten el rumbo de nuestro planeta ni de la Humanidad”
“¡Hombre de Estado!, antes de dar leyes al pueblo, aprende bien las de la armonía”
“Vivir según la Naturaleza es vivir según los dioses”.
Durante siglos nuestros antepasados nos han reiterado una y otra vez que destruir la naturaleza y a nosotros mismos es destruir el don sagrado que todos poseemos, la vida, con graves consecuencias para todos. Si seguimos destruyendo nuestro don sagrado, dejaremos de ser seres humanos para convertirnos en gigantes bestias cuya única distracción es la crueldad.
El panorama que tenemos en el mundo entero es desolador. Ha llegado el momento de elegir y de tomar la decisión de luchar todos juntos por una vida mejor para todos en serenidad, progreso y equilibrio. Es hora de dejar atrás a los gigantes, a las mentes perversas que se alimentan de odio y violencia y que impiden la paz; no es el momento de tener miedo, sino el momento de buscar soluciones urgentes al caos que estamos creando.
Ha habido grandes catástrofes provocadas por seres humanos cuyas consecuencias aún nos hacen sangrar nuestras heridas abiertas. En estos días la Madre Naturaleza se ha manifestado a través de sus entrañas, llorando y aullando sus gritos de desesperanza, haciendo mucho daño a miles de personas. No es el momento de que algunos Gobernantes hagan un pulso con la naturaleza, ni de relaciones de fuerzas, ni de mostrar quién es el más poderoso. Es el momento de tomar medidas y buscar soluciones a tanta miseria, a tanta destrucción y a tantas violaciones de los derechos humanos en todos los países del mundo.
Todos los seres que vivimos en el planeta Tierra somos inquilinos efímeros, nada nos llevaremos el día del adiós definitivo. Así que ¿por qué no disfrutemos de las maravillas del planeta? ¿Por qué no hacemos lo correcto ayudando y compartiendo un poco de serenidad, alegría y amor con todo aquel que se encuentra en la tristeza y en la miseria?
No podemos separar los elementos que componen el planeta —agua, tierra, fuego, aire—, todos juntos forman la unidad de la Naturaleza, al igual que todos los seres humanos formamos la unidad de la Humanidad.
Los Gobernantes tienen una responsabilidad muy grande hacia todos los ciudadanos y hacia la Naturaleza, es primordial que se centren en los problemas actuales, que busquen soluciones y que garanticen el respeto a la Naturaleza y la paz a la Humanidad.
(Dibujo Lorena Ursell. «La Naturaleza Sagrada del Ser Humano»).
por Ángeles Carretero | Sep 17, 2017 | Poesía
Felicidad, flor solitaria que nace
en las aguas profundas y turbias
del alma que se despierta
al dulce aroma de la existencia,
con misteriosos lazos y amables brisas,
sellando el vínculo sagrado de la vida.
Felicidad, diamante que nace
en las entrañas de los corazones
donde el crepitar del fuego
rompe las heladas cadenas
liberando la luz en mil colores.
Felicidad, esencia de estrellas solitarias
que transitan por la vida cargada de enigmas,
tesoros de luces y alegrías,
cofres de sombras y tristezas,
brillando como el sol y la luna
a través de la fuerza de la experiencia.
Felicidad, fragancia y extracto de vida y energía
que debemos acariciar y custodiar
para no perder ni un instante de vida
ignorándola o matándola en la pena
porque si la ignoramos o la matamos,
ahogamos nuestra alma en nuestra propia desidia.
Felicidad, flor, diamante, esencia y vida
nace en el corazón de aquel que ama
y lucha cada día contra cadenas invisibles
que matan la vida,
pero renace con la fuerza infinita y eterna
que nos recuerda
con su fragancia nuestra esencia divina.
por Ángeles Carretero | Sep 13, 2017 | Pensamientos
Hay que temer a la injusticia, da igual la máscara o la etiqueta que lleve; la injusticia es el alimento de las ratas que terminan infectándolo todo a una velocidad vertiginosa.
La injusticia nos lleva por senderos cuyas cunetas están repletas de los valores humanos pisoteados, de escenarios sangrientos y crueles, de tiranía y de esclavitud. Senderos tristes y áridos porque han perdido su fuerza vital, la libertad. Desde el comienzo de la historia de la humanidad y hasta este preciso momento hemos visto muy frecuentemente estos mismos paisajes desoladores y devastados que nos arrancan gritos de desesperación y que todos conocemos. La injusticia toca todos los ámbitos en el ser humano y en la sociedad, atropellos, abusos, favoritismos, corrupción, esclavitud, violencia, compraventa de seres humanos, falta de libertad, muerte y un larguísimo, etc. En la injusticia todo es negativo tanto para la humanidad como para el mundo.
En nuestro minúsculo planeta hay tanta injusticia que incluso en la naturaleza se nota el desequilibrio. En muchas zonas del mundo están a la merced de un poder de despotismo, de opresión, de falta de humanidad y de libertad. No se puede seguir construyendo muros bajo las fuerzas del miedo, no se puede invadir un país matando a sus ciudadanos para que algunos señores vivan en un espejismo de poder, erigiéndose todopoderosos. Deben recordar que estas estatuas frías y sin almas son de barro y cuando caen se romperán en mil pedazos.
La injusticia carece de sinceridad, de honestidad y de honor, solo sirve para crear conflictos, dividir e ir debilitando al ser humano y a la sociedad, rompiendo pactos y compromisos; y las personas que la llevan por bandera, encadenan a otros seres humanos en galeras, negándoles el derecho de la libertad y de la vida, solo por el placer de avasallar, dominar, oprimir o matar.
La liberación de la esclavitud y de la injusticia debe hacerse con sabiduría y pacíficamente, con personas capacitadas y personas que antepongan el bienestar de la humanidad al suyo propio. Este proceso de paz debe tener un objetivo común: la dignidad humana, con compromisos firmes y verdaderos, cumpliéndolos a rajatabla, para que todos los seres humanos podamos caminar juntos, creando puentes para saborear las diferentes culturas, aprender de todos y vivir con tolerancia, donde el respeto, la libertad y la paz sean la bandera tricolor de la Humanidad.
Ha habido y hay en nuestra Historia grandes Hombres y grandes Monstruos y se ha demostrado que solo cuando los líderes tienen desarrolladas las cualidades humanas de humildad y de respeto, cuando cuidan y protegen el bienestar del pueblo y de la naturaleza, es cuando hay progreso, justicia y paz.
Marco Aurelio dijo: “Vivimos por un instante, solo para caer en el completo olvido y el vacío infinito de tiempo de esta parte de nuestra existencia”. “Piensa en lo que han hecho, tras pasar una vida de implacable enemistad, sospecha, odio… ahora están muertos y reducidos a cenizas”. «La vida del hombre es una simple duración, un punto en el tiempo, su contenido, una corriente de distancia, la composición del cuerpo propensa a la descomposición, el alma, un vórtice, la fortuna incalculable y la fama incierta. Las cosas del cuerpo son como un río y las cosas del alma como un sueño de vapor, la vida es una guerra y la fama después de la muerte, solo olvido». «Todo lo existente se desintegra y todo lo creado por la naturaleza está destinado a morir». (Wikipedia)
Hay que armonizar la arquitectura mental de algunas personas para que empiecen a pensar y a actuar como líderes sabios, tanto a nivel político, financiero, religioso o social, anteponiendo la paz y la libertad a la violencia y a la esclavitud. Marco Aurelio nos dejó otro pensamiento: “Si el mundo apareciera ante nuestra mirada opaca y sin alegría, es nuestro deber iluminarlo y darle vida, pues la luz que refleja el mundo es siempre el más peligroso de los espejismos. La Luz siempre proviene del alma”.
Para que la justicia triunfe hay que aprender a leer en el libro de la vida, con sabiduría, lucidez, humildad y respeto, sin fantasías ni espejismos. La Justicia es el alma invicta donde yace el honor, la lealtad y los valores humanos que nos permite ser dueños de nuestras vidas. La Justicia trae paz y es la llama risueña de una lámpara que desafía con su luz a las tinieblas, mejorando la vida de millones de personas y dejando a un lado las impertinencias y las opiniones sin sentido. Leyendo el libro de la vida, aprendemos la comprensión básica de la realidad, el papel del ser humano, de la naturaleza y del cosmos, aprendemos los valores morales y espirituales, aceptando la pluralidad y las diferencias, aprendemos a ser los artesanos de la justicia, fortaleciéndonos ante las tragedias cotidianas y protegiéndonos de los tifones que solo traen discordias y conflictos, la humanidad está desorientada, necesita alimentos de serenidad, de coherencia, de respeto y de dignidad.
Estamos en el punto de no retorno y de ahora en adelante la Humanidad debe unir todos sus eslabones perdidos de esa gran cadena de oro que une el cielo y la tierra con esperanza, fuerza, coherencia y estabilidad.
(Dibujo: Lorena Ursell. «La Naturaleza sagrada del ser humano»).
por Ángeles Carretero | Ago 13, 2017 | Pensamientos
Querido ser humano:
Esta carta va dirigida a ti que eres fuerte y libre; a ti que te condenan por tus ideas y permaneces encarcelado; a ti que huyes de las violaciones de tus derechos, de la injusticia y de la guerra; a ti que sufres las consecuencias del dolor de la tierra; a ti que gobiernas y no cumples con tu responsabilidad; a ti que matas por matar, por odio y por dolor; a ti y a todos los seres humanos que sufren y luchan en silencio, por la Paz y por la Madre Tierra, para que la vida pueda continuar en ese vaivén de nuestra existencia.
Vivimos un periodo de sombras donde las decisiones de algunos causan graves situaciones a muchos seres humanos que guardan en sus cuerpos sufrimiento y dolor, miedo y temor. Nuestra vida se ha convertido en un sinsentido y este sinsentido nos lleva a buscar el sentido de nuestra existencia para ennoblecerla y poder ser soberanos de nuestras vidas.
El orgullo y el ego, la avaricia y el egoísmo, la intolerancia e injusticia nos conducen a un paupérrimo nivel de conciencia, a actuar con los demás —en todas las situaciones— con despotismo, velando lo mejor de nosotros mismos, haciéndonos caer en nuestra propia trampa, hiriendo a los demás y a nosotros mismos; produciendo un sufrimiento innecesario. La gran mayoría de los seres humanos buscamos serenidad y alegría en nuestras vidas y para ello debemos vestirnos de humildad y responsabilidad hacia nosotros mismos y hacia los demás.
Hay muchas formas de vivir, huyendo y sobreviviendo con pensamientos parásitos y negativos, con consecuencias desastrosas, o, en armonía y en serenidad, cada vez que crecemos y progresamos salimos victoriosos de nuestras pruebas, sintiéndonos más fuertes y seguros. La elección, una vez más, nos pertenece.
Muchas veces, nuestra vida es una grotesca caricatura cuando vivimos nuestra realidad en el desván. Hay que aprender a ser uno mismo, a ser los protagonistas de nuestras vidas, y no simples espectadores intentando comprender el espectáculo entre bastidores.
No podemos seguir caminando con las manos manchadas de sangre ni con botas de acero. Es hora de hacer el camino con las manos limpias y los pies ligeros para unirnos a esa danza de hojas y lluvias que se entrelazan a través del aire. La Humanidad y la Madre Tierra están unidas a través de un vínculo sagrado en el corazón espiritual de cada uno de nosotros, haciéndonos sentir que no estamos solos.
La motivación para luchar por la justicia, la libertad, los derechos humanos y el respeto debe emerger de nuestro corazón profundo donde reside la esperanza, simple palabra que crea lazos dorados a través del planeta y de la Humanidad entera. Es la hora de la acción, de vivir en la paz, por ello no podemos desfallecer ni compadecernos. El sentido de nuestra vida es luchar por ser felices y vivir con dignidad, con respeto y en libertad, cada uno de nosotros en nuestro lugar de residencia, con nuestras costumbres y creencias.
Deseo que estas palabras de esperanza, de apoyo y consuelo nos unan a todos para llegar a tener una existencia digna y pacífica.
Un abrazo,
AHIMSA ES VIDA
(Dibujo Lorena Ursell, «La Naturaleza Sagrada del Ser Humano»).
por Ángeles Carretero | Ago 7, 2017 | Relatos
Las aguas del río fluyen formando parte de un todo, cataratas, lagos, mares…, nos hablan y nos cuentan bonitas historias si sabemos escuchar.
Esta es la historia de un hombre que vivía en la ribera de un río, rodeado de altas montañas de cumbres nevadas. Su cara estaba bronceada por el sol, marcada por arrugas de felicidad y sabiduría, y sus ojos brillaban con mirada clara y serena.
Lo conocían como el “barquero del silencio” por sus parcas palabras, ya que prefería escuchar a hablar, pero sus ojos reían cuando contemplaban a las personas que buscaban su compañía para que las llevase a la otra orilla. Personas variopintas y cada una de ellas con historias singulares, con sueños por realizar o desengaños guardados en el corazón de la tristeza.
El barquero se sentía libre como el viento y amaba ese río; en sus aguas podía oír esa risa que le devolvía momentos felices de amor y ternura compartidos con su amada que aunque se había ido, su risa quedó reflejada en el agua, dibujando para siempre esa sonrisa en su cara arrugada y en sus ojos de mirada clara.
Como era habitual, el barquero estaba sentado en la orilla del río. “Hoy va a caer una gran tromba de agua” pensaba mientras miraba al cielo cubierto de negros nubarrones. En ese momento apareció un hombre de mirada altiva. Pidió al barquero que lo llevara a la otra orilla. El barquero le dijo que era mejor esperar, ya que la tormenta estaba a punto de descargar; pero el hombre dijo que no quería esperar. Salieron en la barca, pero la tromba de agua cayó con tal fuerza que tuvieron que regresar. El barquero le ofreció su humilde cabaña hasta que escampara. El señor aceptó con mala cara y el barquero sonriendo le condujo a su humilde morada.
Choza austera, pulcra y ordenada. Mientras tomaban café, el hombre le contó su maravillosa vida, de viajes a través del mundo, de reuniones y de hoteles de lujo. En un silencio entre las frases dichas, pensó: pobre hombre, vaya vida más triste y solitaria. El barquero lo escuchaba con atención, con ojos serenos y sonrientes.
El hombre siguió con su monólogo y cada vez se sentía más orgulloso de su vida, cuando de pronto, el barquero le preguntó para iniciar una conversación: ¿tienes familia? No tengo tiempo, respondió; ¿tienes amigos? Tengo muchos clientes; ¿qué haces en tus ratos libres? Soy un hombre de negocios muy ocupado, no tengo tiempo ratos libres. Mi vida es el trabajo. Su cara transmitía la extrañeza por estas preguntas y ante el silencio del barquero, se puso a observar la pequeña choza pulcra y ordenada y, entonces, oyó el canto de la lluvia al caer; por primera vez en su vida, sintió recogimiento y deleite ante tal armonía y belleza.
El barquero le comentó: “tienes una vida ajetreada que conlleva una soledad impuesta. Tanta gente anónima a tu alrededor que como fantasmas van y vienen sin dejar huella. Es triste que te pierdas el amor, que no puedas sentir el abrazo cálido, que no puedas oír la risa o compartir momentos dulces e íntimos con un ser amado”. El hombre lo miró con cara de perplejidad, “este barquero no comprende nada… mi vida es maravillosa…”
El barquero sonriendo le dijo: “no todo es trabajo y huida, debes conocerte y así encontrarás el camino de tu vida”.
Escampó y el barquero lo llevó a la otra orilla, allí se despidieron con un adiós.
Un año más tarde, mientras que el barquero estaba en la orilla del río oyendo la risa de su amada en el agua, apareció el hombre de mirada altiva, esta vez, acompañado de una mujer a la que adoraba. “Solo he venido a darte las gracias por aquella taza de café que cambió mi vida”.
La vida no es lo que tenemos, la vida es lo sentimos, si buscamos la paz y la verdad la encontraremos, si buscamos el egoísmo y la violencia lo encontraremos. Solo de nosotros depende la elección. Todos llevamos el universo en nuestro corazón.
(Imagen Libro “La Naturaleza Sagrada del Ser Humano”. Dibujo Lorena Ursell)