Ser diferente

Ser diferente

¿Qué significa ser “diferente”? Ser diferente, implica avanzar por caminos donde los corazones débiles temen ir, escalar alturas, hacer saltos en terrenos vírgenes, ir a las profundidades del abismo. Ser diferente es trascender la costumbre, los hábitos e ir más allá del horizonte para visitar nuevos universos. Nos encanta ver la belleza de la mariposa, pero tememos a los diferentes cambios que hay que pasar para llegar a su belleza.

Sabemos que todos somos diferentes porque todos guardamos en nuestra conciencia la única llave que abre nuestra vida y nos enseña el camino; nos descubre nuestras pasiones, nos hace degustar nuestros sueños, nos hace sentir ilusión y entusiasmo —ambos necesarios para lograr nuestros objetivos—, pero muchas veces tememos a la diferencia porque tememos al cambio y nos asusta enfrentarnos con la sociedad. La diferencia es la cualidad que distingue a una persona de otra y lleva consigo reconocimiento y alegría, envidia y discordia.

Ha habido, hay y habrá muchas “personas diferentes” en el mundo, marcando ese punto de inflexión donde todo cambia, tanto en la vida como en la sociedad; personas valientes, audaces, atrevidas que han luchado y luchan para que el mundo sea un lugar mejor. La “diferencia” abarca todas las disciplinas ciencia, medicina, arte, literatura, filosofía, religión. Desde el principio de los tiempos esas personas han roto moldes y cadenas de normas establecidas y obsoletas que solo beneficiaban o benefician a unos cuantos y no al mundo, enfrentándose a la incomprensión de la sociedad que los ha criticado sin piedad.

¿Qué es lo que nos hace diferentes?, nuestra personalidad – genialidad, coraje, confianza—, corazón y esencia. La esencia de una flor ya existe en sus células y es la que la define. La esencia de cada ser humano está en su corazón y es la que lo define. Hay que aceptar lo que somos para aceptar la “diferencia”.

La “diferencia” es la que nos hace únicos en nuestro género, la que nos hace avanzar y hace que el mundo progrese. Los genios son escasos, se cuestionan constantemente y buscan respuestas a otras respuestas; no están a gusto, no están de acuerdo con las leyes que rigen el mundo porque ven su injusticia y miseria y luchan por el cambio y esto molesta a esa multitud de líderes que ostentan el poder político, financiero y religioso porque quieren seguir exhibiendo su poder.

La “diferencia” está en lo más profundo de nuestro ser, en nuestros deseos más recónditos e íntimos. La “diferencia” nos hace luchadores, fuertes y nos ayuda a avanzar para lograr nuestros sueños, todos somos diferentes en nuestro interior; pero la gran mayoría de las veces lo escondemos porque nos da vergüenza o no tenemos el coraje de enfrentarnos a nosotros mismos o a los demás.

La “diferencia” es un don, hay que aceptarla con fuerza humilde y ánimo decidido, con lucidez mental, coraje y alegría para avanzar.  Hay que aceptar y respetar a las personas valientes que luchan por encontrar nuevos universos.

 

El día después

El día después

Desde 1975 la ONU instauró el 8 de marzo como “el Día Internacional de la Mujer”.  El 8 de marzo es un día de reivindicación de los derechos de la Mujer con respecto a la igualdad, la libertad y la justicia del hombre.  Cada año se unen a esta lucha más hombres porque comprenden que la Mujer es su otro igual. Aunque se han dado pasos, aún queda mucho camino por hacer, sigue habiendo demasiada desigualdad, injusticia, así como menosprecio a un ser humano llamado Mujer, que no olvidemos, es el 50 % de la Humanidad.

Cuando una Mujer o un Hombre está en inferioridad de condiciones, el otro propicia la violencia y la sumisión a través de su superioridad. Si miramos a través de la Historia vemos que la Mujer ha estado sometida al hombre y limitada en sus sueños y educación, estando, pocas veces, su labor reconocida. Hay muchos aspectos hoy en día, donde aún sigue habiendo esa desigualdad, por ejemplo, en el campo religioso, la Mujer, aún no puede llegar a ser su máximo representante, ya que solo el hombre puede ostentar dicho poder. En el campo político, pocas veces, se ve a una Mujer presidenta, aunque empieza en algunos países a hacerse notar su presencia en el gobierno, pese a que en otros países es prácticamente nula. En el campo profesional siguen habiendo grandes diferencias en todos los países del mundo, incluso en occidente, que tanto nos vanagloriamos de nuestra libertad e igualdad. El ser humano Mujer durante años ha tenido que competir y sigue compitiendo para demostrar que es capaz de hacer igual de bien las mismas cosas que un ser humano Hombre, como por ejemplo acceder a un puesto de trabajo y, en igualdad de condiciones, no le queda otra opción que aceptar un salario más bajo.  En el campo deportivo, hasta hace muy poco tiempo los equipos femeninos estaban relegados a un segundo plano… Esta desigualdad e injusticia debe terminar. Los seres humanos, Mujer y Hombre, son iguales, pero con diferentes trajes corporales. No hay razón para seguir con esa lucha de desigualdad, creer en la superioridad implica que existe inferioridad en la otra parte. La balanza de la Justicia es igual —o debería serlo – para todos, el equilibrio de la balanza debe ser perfecto, sin inclinaciones hacia ningún lado.

Con mucho coraje, fuerza y valor se han ido dando pasos para ir reconociendo a esa otra mitad de la Humanidad, la Mujer. El ser humano Hombre va comprendiendo y aceptando que el ser humano Mujer merece respeto e igualdad por ser una persona igual que él, incluso en los países donde está relegada a un plano casi inexistente. La violación, la violencia, el acoso, la injusticia están en nuestra mesa cada día, también en occidente que tanto alardeamos de derechos humanos y libertad.

En este escenario de injusticia y desigualdad debemos luchar por una justicia igual para todos. No podemos seguir ocultando atrocidades bajo la etiqueta de cultura, tradición o creencia y que la Mujer siga siendo objeto de cambio, de placer o mercancía, de compra-venta, es inaceptable. Los violadores y maltratadores, ya sea física o psíquicamente, deben ser juzgados, sin excusas, como criminales, porque en realidad lo son, matan una parte importante de la persona a la que someten. Las Leyes de igualdad y justicia deben promulgarse inmediatamente para evitar más muertes e injusticias.

En pleno s. XXI me pregunto: ¿por qué se sigue temiendo a la Mujer? Los hombres que así lo sientan deben replantearse dicha pregunta y en lugar de encontrar un muro ante ella, deben ver un puente cuyo desafío es sobre ellos mismos, así se irá creciendo como personas.

El grito “¡BASTA YA DE VIOLENCIA Y DE INJUSTICIA!”, es unánime y se oye cada día en el planeta entero. Es responsabilidad de todos luchar por los derechos del ser humano, Mujer empezando en casa con la educación igualitaria, dejando a un lado la diferencia entre machotes y muñecas y continuando en la escuela, universidad, trabajo, sociedad, recordando que solo somos diferentes físicamente. El día de los derechos de la Mujer no se limita al 8 de marzo, siempre está el día después.

Muchos hombres y mujeres desean crear universos donde se pueda vivir en equilibrio, serenidad y armonía y no en luchas constantes como se vive en la actualidad. Ha llegado el momento de que los conceptos erróneos y la división de bandos masculinos y femeninos se barran de las conciencias de los seres humanos. Es hora de unirnos bajo la bandera de la HUMANIDAD, donde está impreso la Mujer y el Hombre por igual.

 

 

 

 

La barca del amor y del valor

La barca del amor y del valor

Nos hemos acostumbrado a oír en las noticias que miles de emigrantes entran por mar o por tierra en muchos países del mundo después de largas, duras e incluso brutales travesías donde muchos de ellos pierden la vida. Cuando llegan a tierra se encuentran que muchos dirigentes no les permiten la entrada a todos porque se encuentran muy ocupados en disputas de porcentajes. Mientras que se toman decisiones sobre su futuro, esas personas que todo han perdido y han dejado atrás familia, amigos, buscando paz, libertad y dignidad, viven en campos olvidados donde sus derechos son y han sido violados.

Este relato es la historia de todas esas personas, de por qué han tenido que huir y buscar un poco de esperanza en la desesperación del horror de un escenario de guerra y devastación que han creado países con la venta de armas, aunque proclaman a pleno pulmón la paz y libertad.

“Anani, joven de 20 años que vivía en un país donde la vida no vale ni un suspiro, donde el pan de cada día era la violencia y la violación, productos de la guerra y de la crueldad de algunos hombres. Ver tantas violaciones en su familia fue caer en un abismo de locura. Cuando ella fue violada y maltratada, ni siquiera la idea de volar le daba reposo a su alma ensangrentada.  Fruto de una violación nació Adamar, que en lugar de rechazarlo y desde el momento en que lo sintió en el vientre lo amó con todo su corazón, sintió vida y amor y una esperanza renació en su corazón. Cuando vio sus ojos negros y cogió sus manitas, supo que tenía que salir de ese infierno para que Adamar pudiera vivir en un lugar de paz y libertad. Anani luchó con todas sus fuerzas para reunir dinero y poder echarse a la mar. Sabía que corrían un grave peligro, pero no tenían nada que perder y, tal vez, sí, algo que ganar.

Se embarcaron en una lancha con otras personas con igual historia, incluso peores, que buscaban un destino mejor. Se sentía en el aire el amor y la tristeza de los padres, que ayudaban a sus hijos en ese viaje para brindarles una oportunidad. Sabían que, tal vez, morirían en ese mar teñido de rojo y agitado por llantos, sollozos, arrepentimiento y miedo. Todos llevaban como equipaje la esperanza de llegar a ese lugar donde serían tratados por igual, pero al llegar se encontraron con un muro que no les dejaba pasar.

Los metieron en un campo donde la escasez del calor humano, el hambre y el frío hicieron que comprendieran que la violencia y el caos tienen varios escenarios y varios nombres disfrazados de bondad. Todos lucharon con sus vidas para encontrar igualdad, trabajo, paz y su dignidad, pero ese no era el lugar soñado.

Anani logró escapar, sentía la fortaleza del amor de Adamar y su único deseo era la libertad. Se hicieron fugitivos, sin techo ni papeles. Anani comprendió que esa no era la vida que había soñado. Su triste realidad la llevó a tomar la decisión de darle en adopción, ¡triste conclusión! Logró que Adamar fuera adoptado y ella fue encontrada y deportada a su país, la muerte. Su alma dejó de sufrir, pensando que Adamar era libre y querido, esperando que la huella del dolor en su pequeño cuerpo pudiera sanar y olvidar”.

Todos los seres humanos debemos recordar y tener muy presente que la violencia crea muerte y la paz, vida. El éxodo de personas ha formado parte de la historia de la Humanidad. Todos los países del mundo han crecido con emigrantes; generaciones anteriores que huyeron del caos, pasando hambre y miseria, luchando hasta no tener más fuerzas para que sus hijos tuvieran un lugar mejor donde vivir y oportunidades de salir adelante con dignidad y respeto. Esos primeros emigrantes son los antepasados de las actuales generaciones de ciudadanos de los países que ahora rechazan a otros emigrantes con sus mismos problemas.

Los emigrantes —seres humanos que buscan paz, libertad, dignidad— no se echan al mar o cruzan caminos porque les apetece caminar o dar un paseo en barco. Saben que su vida y la de sus seres queridos está en manos del mar, la tierra, de gobernantes o de cualquier depredador; se enfrentan al hambre, la penuria, la soledad, la violencia, la violación de sus derechos o la muerte, aun así, prefieren morir a vivir en el horror de la crueldad sin ninguna oportunidad. Si tuvieran elección, estoy segura, de que ellos preferirían quedarse y vivir en sus propios países, con sus culturas, costumbres, creencias, tradiciones, idioma, que ir a otro país desconocido, dejando atrás su vida, familia, trabajo e identidad; cuando se echan a la mar ya no tienen nada que perder, pero sí, tal vez, algo que ganar si logran que los países de acogida los reciba y los trate como a un igual.

Para evitar el éxodo hay que poner fin a las guerras, al abuso de poder, a la corrupción, a violación de derechos humanos, al hambre, a pensar que somos dioses y tenemos la potestad sobre la vida de otro ser humano… ¡No somos dioses!, todos somos seres humanos. Los dirigentes que buscan poder y dinero siguen vendiendo armas para crear más guerras, obteniendo beneficios para unos pocos, quitando la vida de muchos miles de personas.

El objetivo de cualquier ser humano es ayudar a los demás, cada uno según sus posibilidades. Creo firmemente que si cambiamos la guerra por la paz, el odio por el amor, caminaremos por nuestros caminos hacia un futuro mejor donde todos los seres humanos podremos reunirnos, aprender, intercambiar, compartir unos con otros. Todos somos diferentes, todos estamos de paso en esta vida y nuestro objetivo como seres humanos es de ayudarnos.

El barco del amor y del valor es la esperanza que tienen los seres humanos que huyen del infierno, de la desesperación y se arriesgan a atravesar mares o tierras en busca de la oportunidad de libertad, dignidad, igualdad. Solo piden ayuda y que se les trate como a un igual, con respeto y ese es su derecho.

El bosque mágico de la Humanidad

El bosque mágico de la Humanidad

El ser humano y la naturaleza forman una unidad indisoluble. En la antigüedad el árbol era el símbolo de la Mujer por su firmeza, protección y fertilidad. Durante mucho tiempo esto ha caído en el olvido, pero hoy en día, el árbol y su simbología ha vuelto a resurgir y muchos buscamos su abrazo para que nos transmita su poder, fuerza y serenidad.

Cada árbol, cuando llega a su madurez, a su esplendor, entrega su simiente a la Madre Tierra para volver a crear vida.  En el vientre de la Madre Tierra, sus raíces han sido fecundadas por la simiente del amor, engendrando una nueva vida y así ha sido desde el principio y será hasta el final de los tiempos, creando el bosque encantado y mágico de la Humanidad siendo el amor su fuerza creadora.

La Madre Tierra solo conoce la esencia del Amor que nada sabe de diferencias ni de supremacías. La esencia del Amor es la creadora de la Humanidad, unión del espíritu del Hombre y de la Mujer, qué juntos obran el milagro más grande de la creación, “una vida humana”.

Muchos hombres y mujeres a través de la historia han luchado para obtener la igualdad entre el Hombre y la Mujer, pero han fracasado porque la sociedad ha constituido la supremacía del Hombre, lo que implica, la inferioridad de la Mujer. En pleno siglo XXI, con gran tristeza, tenemos que decir que aun la Mujer sigue padeciendo vejaciones por ser Mujer. En muchos países, está arrinconada, ignorada, excepto, para dar placer o engendrar vida; vive sumisa al hombre por el miedo, es muda y sorda para poder sobrevivir, a veces, incluso es vendida como mercancía de cambio o entregada en matrimonio sin amor, aun siendo una niña y forzada a casarse con ancianos. Sus derechos a la educación, a vivir, a ser Mujer y persona, simplemente, no existen. A través de la Historia, la Mujer ha luchado por sus derechos, con algunas victorias y otras derrotas, no hace falta trasladarse a siglos pasados, sino a solo unos cuantos años para ver cómo era la vida de una Mujer y hoy, sigue sin haber igualdad y respeto.

Se ha luchado y se sigue luchando por los derechos de igualdad entre el Hombre y la Mujer, pero aún queda un largo camino por recorrer. Uno de los principales escollos del Hombre es el miedo que tiene a perder el poder, el miedo al reto que debe afrontar y aceptar que la inteligencia femenina es igual que la masculina. Hay que anotar y destacar que la Mujer lucha por su igualdad y respeto desde hace cientos de años y eso debe acabar porque es inaceptable. El Hombre y la Mujer son espíritus iguales, con los mismos derechos y responsabilidades, con cuerpos diferentes para que su unión produzca el milagro de una nueva vida. Ambos deben fusionarse en el respeto, la igualdad y la libertad, solo así la Humanidad tendrá futuro.

Es hora de suprimir la supremacía del Hombre porque implica la inferioridad de la Mujer y esto es vejatorio e insultante para la mitad de la Humanidad. Tanto el Hombre como la Mujer, mediante un proceso de transformación individual y social, deben aceptar sus propias diferencias, descubrir y respetar su propio derecho a la libertad, al amor y a la felicidad.

Este bosque mágico que simboliza el Amor a través de la Naturaleza, engendrando vida es el símbolo de la esencia del Amor entre el Hombre y la Mujer como seres supremos hechos a la imagen de Dios, por lo tanto, sin diferencias.

(Dibujo de Ángeles Carretero)

Vivir es todo un arte

Vivir es todo un arte

Las palabras deben ir acompañadas por acciones para que causen una mutación en nosotros. Todos creamos una obra de arte con nuestra vida, hay excepciones en la que la obra es un lienzo donde el abismo se asoma. Todos creamos según los pensamientos, sentimientos, emociones, acciones y reacciones intrínsecos a nuestra persona.

Estamos casi siempre en experiencias sensoriales y no vemos lo que hay detrás de ellas, no generemos en la parte no perceptible de nosotros. Cada uno vivimos la vida de diferente manera, compartiendo lo que somos y lo que sentimos. Todos somos individuales y únicos.

Nuestro cuerpo mental es un laboratorio de pensamientos en el que todos construimos nuestra vida a través de nuestras elecciones, unas mejores que otras, cuyas consecuencias las vivimos a través de las emociones y acciones. Si nuestros pensamientos y emociones están en armonía, nuestra vivencia se consolidará de verdades como el respeto y la libertad, en cambio, si están desequilibrados, nuestra vida se construirá sobre arenas movedizas de sufriendo, angustia y desesperación.

Cada sol tiene su ocaso. Nos encerramos en aburridas rutinas viendo pasar el tren de la vida porque presuponemos e imaginamos un futuro que nunca llegará; las ideas y pensamientos que únicamente bailan en la mente provocan adrenalina momentáneamente, pero no se realizarán porque se pierden en el éter. Todos debemos poner en marcha la acción de nuestros pensamientos para generar un mayor bienestar individual y social.

Tenemos miedo de perder lo que imaginamos poseer, sin embargo, perdemos todo, incluso el instante en que vivimos cuando dejamos escapar el día mediante un suspiro. Saber vivir es todo un arte, la simplicidad es su componente principal y nos enseña a degustar el presente cuyo sabor dicta las normas de nuestra vida. Todos hemos pasado por situaciones de alegría y reconocimiento y otras en las que el dolor y la indiferencia han sido los ingredientes principales en nuestro día a día. Todos hemos hecho planes que han caído en el olvido por miedo a perder lo que imaginamos poseer.

En nuestra imaginación, damos por hechas muchas cosas, otras las   suponemos, pero pocas veces vemos y aceptamos la realidad. Nosotros aprendemos de nuestras experiencias personales y si no somos conscientes de nuestra vida, nuestro discurso se perderá en la bruma sugiriendo lo que queremos decir y su contrario. Quien no ha dicho “lo que quiero decir es…, lo que quise decir fue…, los has entendido mal…”, estas palabras tan corrientes causan muchos malentendidos porque la ambigüedad esconde la incertidumbre del pensamiento e incita al equívoco.

Para evitar la ambigüedad hay que ser sinceros y concisos, tanto en el lenguaje hablado como en nuestro comportamiento, lo que nos permite vivir de una manera simple y hermosa, sin bagajes ni equívocos, ingredientes para una convivencia sencilla y lograr esto es todo un arte porque es aceptar la realidad de nuestra vida tal y como es; es haber aprendido el arte de no juzgar, de saber quiénes somos, de dialogar con nosotros mismos en el silencio del alma, de escudriñar en nuestro corazón lo que nos ahoga y liberarlo.

El arte de vivir es aprender a reflexionar y a observar, para compartir y no para informar de una situación o de un sentimiento, muchas veces la vida decide por aquellos que dudan presentando escenarios de tragicomedias.  Somos el director, el actor principal, el secundario, el decorador, el tramoyista, el público de nuestra vida, somos un conjunto complejo e individual y actuamos según el guion y la puesta en escena. Muchos dramas se han jugado en el silencio de nuestro teatro interior. El malestar de cada uno de nosotros lo volcamos en los demás, impidiendo muchas veces reconciliarnos. En muchas ocasiones nos enrolamos en historias que sabemos de antemano que no van a funcionar, pero el orgullo, la relación de fuerza, la soledad, el dinero…, hacen que nos echemos al mar y, como es de esperar, las tormentas siempre llegan. Todas las decisiones tienen consecuencias.

No solo basta con desear una situación, hay que actuar. En la acción es cuando la vida cobra sentido, se simplifica y empezamos a realizar que muchos de esos comportamientos son erróneos e innecesarios. La vida es simple y no un campo de batalla, aunque lo parezca. Somos fragmentos de nuestro pasado y debemos aprender a recomponernos para ser nosotros mismos.  Disfrutando de las cosas cotidianas y siendo agradecidos, sentiremos y compartiremos pequeñas sensaciones que transportarán nuestros sentidos hacia la serenidad y alegría. Todos somos en buena parte lo que fuimos, lo que sentimos y vivimos.

Simplificar la vida es no atarse a necesidades innecesarias que otros necesitan; es no vivir la vida de los demás, es sencillamente vivir nuestra historia sin ambigüedades ni suposiciones, viendo la realidad, rectificando nuestros errores y caminando paso a paso, sin prisas y sin pausas. Nuestra vida debe crearse sobre las cenizas de nuestra antigua existencia.

Vivir para crear, ¡vivir es todo un arte!

 

 

Tsunami de nuevas conciencias

Tsunami de nuevas conciencias

“Las cosas no valen por el tiempo que duran, sino por las huellas que dejan”, (proverbio árabe).

En este mundo global donde todo gira alrededor del dinero, del poder, de la ambición, de la posesión, donde el progreso científico e industrial nos ofrece recursos materiales y una vida más larga, donde la riqueza y la pobreza están marcadas por índices sobrecogedores con grandes diferencias, donde las distancias no existen y la comunicación es instantánea…, nos hemos olvidado, una vez más, de lo más importante, el factor humano.

Vivimos años de pasividad por parte de políticos, dirigentes, líderes que no cumplen los compromisos adquiridos para el bienestar de los ciudadanos, dejando a millones de personas abandonadas a su suerte. Sus palabras vacías se evaporan en el éter de nuestra atmósfera; sin hechos no hay resultados. Frente a esa desidia nace un Tsunami de ideas justas, de compromisos, de luchas por la paz y la igualdad, por el respeto entre todos los miembros de la Humanidad.

Nos gusta oír y decir que hay que cambiar el mundo, nos gustan las palabras bonitas que nos hacen sentir bien por un instante, pero no hacemos nada al respecto porque eso implica responsabilidad y esfuerzo, y esto, aún, no estamos dispuestos a hacerlo. Estamos inmersos en nuestros problemas cotidianos tratando de salir de esas arenas movedizas de necesidades innecesarias; de esos campos estériles sembrados de avaricia por la posesión de bienes materiales; de huracanes de competición que nos dividen…; estamos en tantos frentes que nos hemos olvidado de los valores que nos definen como seres humanos, valoramos a las personas por lo que tienen no por lo que son.

Sabemos que para que una persona pueda vivir sosegadamente necesita tener sus necesidades básicas cubiertas: hogar, seguridad, educación, sanidad y trabajo; esta es la base para que cualquier ser humano pueda florecer en una sociedad. Los dirigentes de los países son los que deben procurar esa base firme y sólida a todos los ciudadanos. Es inaceptable seguir destruyéndonos y seguir persiguiendo sueños de papel mojado. Todos nosotros tenemos que tomar consciencia y ser responsables de que no habrá futuro para nadie si seguimos ignorando y causando tanto daño a la Humanidad y al Planeta.

Nuestro legado a la Humanidad empieza por nosotros mismos como entes individuales y se extiende a la familia, colegio, universidad, trabajo, sociedad… La educación es la base para aprender, comprender y poder elegir lo que deseamos hacer; la educación empieza en casa y es responsabilidad de los padres o tutores, fomentando los valores humanos que son los que hacen florecer a nuestros hijos, creando ambientes y ciudades de progreso y paz.

Donde hay paz y progreso, hay vida, las personas se unen para compartir un momento de dicha; donde hay violencia, hay muerte y desesperación, las personas se unen para llorar sus pérdidas y heridas profundas del alma difíciles de sanar. Es el momento de reflexionar y decidir qué podemos hacer para comprometernos con nosotros y con los demás, todos necesitamos de todos; el boomerang de la vida nos devuelve todas nuestras confrontaciones y decisiones cuyas repercusiones no estén tapizadas de pétalos de flores.

Al igual que la flecha que una vez disparada va hacia su objetivo, no podemos dar marcha atrás en la vida. Los jóvenes —el futuro de nuestra Humanidad— forman parte del Tsunami de las conciencias despiertas porque tienen consciencia de la situación del Planeta. Saben que su porvenir será más fácil y fructífero si hay paz, respeto y libertad. Este Tsunami trae una nueva era de prioridades, la no violencia y la evolución como seres humanos. No son los países, ni las culturas, ni las religiones los que causan tanto sufrimiento y destrozo, los causantes somos los seres humanos. Los jóvenes se preparan para sembrar esos campos áridos de corazones secos con simientes de respeto, justicia y dignidad.

En el horizonte se ve cómo se acerca el Tsunami de nuevas ideas y conciencias que sacudirá al planeta para despertarnos del letargo donde nos encontramos.  Este Tsunami de amor y paz está tejido por lazos de amistad y respeto que al igual que las olas en el mar se levantan en una danza sin igual de risas y alegrías, el Tsunami traerá cantos y abrazos por la fraternidad de la Humanidad, siendo la no violencia y la justicia las nuevas Leyes de la Vida.

Siendo valientes y sinceros daremos el primer paso para crear un cambio en el mundo. De nuestros fragmentos del pasado construimos nuestro presente y futuro renaciendo de nuestras cenizas.