por Ángeles Carretero | Jun 30, 2018 | Artículo
Todos buscamos ese remanso de paz, ese nido de ternura donde nuestras almas heridas puedan descansar, curarse y echarse de nuevo a volar; algunos lo encuentran, otros lo buscan toda la vida.
Al estar sumergidos en la lucha diaria de la vida, olvidamos lo que es la felicidad —el anuncio de que el rey del corazón es el amor—. El amor se encuentra en las cosas sencillas y verdaderas, produciéndonos una alegría serena y un bienestar en el alma: una amistad leal, una caricia de ternura, una sonrisa del alma, la fragancia de una flor, el canto de un pájaro…, delicias que hacen que nuestra vida se llene de ternura y gozo.
Tenemos muchos desafíos en la vida, lo importante es tener fuerzas para levantarnos en cada caída. No hay otra opción. Nuestras acciones tienen repercusiones que nosotros mismos no podemos siquiera imaginar. La intuición desarrolla nuestra percepción porque estamos unidos a la conciencia colectiva de la tierra y de la humanidad a través de las memorias que son nuestras vivencias, y aunque huyamos o no queramos aceptarlas, siempre nos atrapan porque forman parte de nuestra historia; también, la intuición nos proporciona información sobre nosotros u otras personas, para que las situaciones provocadas tengan un impacto menor o diferente, aunque, muchas veces, la ignoramos por miedos o dudas. Para romper esas cadenas de miedos y dudas, necesitamos confianza en nosotros mismos y en nuestras percepciones e intuiciones.
Muchas veces hacemos sonar una campana que luego no podemos parar, incluso su vibración perdura durante un tiempo en el aire. Nuestras acciones tienen repercusiones y cuando somos conscientes del daño que hemos provocado, nos aferramos a una esperanza compartida, o, a un dolor aliviado para mitigar nuestra culpabilidad. Es importante que, antes de lanzar palabras hirientes o acciones violentas, reflexionemos para evitar un dolor gratuito a los demás que más tarde nos alcanzará a nosotros mismos por medio de la culpabilidad, siendo nosotros los responsables de su impacto.
La intuición es un don maravilloso que nos permite prever las consecuencias de nuestras acciones y solucionar problemas antes de que surjan, fortaleciéndonos en nuestra confianza. La confianza nos proporciona paz y solo en la paz las heridas pueden sanar.
por Ángeles Carretero | Jun 16, 2018 | Artículo
Conciencias dormidas que viven bajo el imperio del ego, provocando intolerancia, abusos e incluso guerras. Esas conciencias han creado una espiral que nos dirige hacia el temor, la penuria y el sufrimiento. Su letargo les hace creer que su mundo es intocable. Se sienten soberanos de las vidas de millones de personas, organizan, ordenan y mandan, gritando y ejecutando sus deseos, no importa el medio a utilizar, solo el resultado.
El resto de los humanos, para ellos, son muñecos de cerámica que cuando los tiran al suelo se rompen en mil pedazos. Esas conciencias dormidas no aceptan o no quieren ver que esos muñecos de cerámicas tienen alma y conciencia y que están asqueados y hartos de sufrir la ignominia y el desprecio que sobre ellos se vierten, que están cansados de los abusos e injusticias, de la opresión inhumana e inmoral a la que están sometidos.
Cuando llega la primavera, el tiempo de hibernación ha pasado, —las flores nacen por doquier, impregnando el aire con su fragancia de paz; el agua corre y fluye libre, sin parar; la música del renacimiento eleva las notas hacia el cielo, notas de libertad y sueños—. Ha llegado el momento de despertar de ese profundo letargo, de abrir los ojos y aceptar que el mundo está cambiando y las huestes de la Humanidad se han levantado al oír el gong porque el temor se ha disipado como la niebla.
Esas notas que dibujan en el aire palabras de paz, igualdad, respeto, justicia, libertad y unidad, se entrelazan para formar la nueva bandera del mundo. El bien y el amor, impulsos nobles de millones de corazones, se unen en un abrazo único y emotivo de amor y gratitud, cuya fuerza y latido rompen la cadena de la opresión de millones de personas que viven en lugares sombríos y húmedos, llenos de moho y miseria que el letargo ha creado, llenándolos de luz y calor para que la vida vuelva a brillar en todo su esplendor.
“No puedes separar la paz de la libertad, porque nadie puede estar en paz, a no ser que tenga su libertad”. (Malcolm X)
“No busquemos solemnes definiciones de la libertad. Ella es solo esto: Responsabilidad”. (George. B. Shaw)
por Ángeles Carretero | May 26, 2018 | Artículo
Los seres humanos nos olvidamos, muy frecuentemente, de que también somos Naturaleza, nacemos, vivimos y morimos en ella; somos hijos de la Historia de la Naturaleza y debemos volver a la sabiduría de nuestros antepasados: “vivir en armonía es vivir en serenidad, en unión y fraternidad”. Sus voces se vuelve a oír: “la violencia solo trae guerras, odio, racismo, borrando los derechos humanos”.
Ha habido grandes catástrofes en la Madre Tierra y en la Humanidad como la bomba de Hiroshima y Nagasaki en 1945, desastres radiactivos como el de Chernóbil 1986, Fukushima 2011… y algunos siguen protagonizando un pulso de fuerza con pruebas nucleares… No sé cuál es el objetivo, ya que, si destruimos nuestro medioambiente, nos destruimos a nosotros mismos.
La Madre Tierra no sabe de fronteras, el viento pasea una y mil veces todas esas partículas radiactivas a través del planeta, impregnándolo todo, tierra, árboles, cosechas, agua, de ahí que haya nuevas enfermedades tanto físicas como psíquicas; además, el cambio climático se afirma cada día más: grandes sequías, lluvias torrenciales, huracanes… No podemos seguir sin aceptar que “somos parte del planeta” y que depende de nuestra responsabilidad, su cuidado y protección.
La historia de nuestros antepasados se repite, aniquilamos a nuestros hermanos bajo la etiqueta que más nos conviene: religión, poder, diamantes, ideologías, colores… El panorama que tenemos es desolador, el mundo se derrumba y observamos esa catástrofe como simples observadores sin hacer nada. Olvidamos que el daño que hacemos a una persona nos lo hacemos a nosotros mismos, con gravísimas consecuencias para la Madre Tierra y la Humanidad.
La Humanidad debe elegir y debe rendir homenaje a la Naturaleza con respeto y luchar por un mundo mejor. Somos Naturaleza y pertenecemos a ella, nacemos, vivimos y morimos en ella. Seamos humildes ante su grandeza y fuerza para que podamos vivir en paz y disfrutemos de la Vida, nuestro don más sagrado.
Como decía Pitágoras: “Vivir según la Naturaleza es vivir según los dioses”.
Madre Tierra se dirige hacia dónde nosotros la llevamos.
por Ángeles Carretero | May 5, 2018 | Artículo
Caminar de la mano de la Paz es caminar por un lugar sagrado llamado Vida, en el que no tiene cabida la violencia ni la mentira.
Nuestro compromiso para caminar por el sendero de la paz debe ser sincero, humilde, sin pretensiones, solo guiado por el amor y el respeto a la tribu milenaria llamada Humanidad. Vivimos en un lugar sagrado llamado Madre Tierra, donde los pájaros cantan sin ser racistas, el sol irradia sus rayos a todas las culturas y religiones; el agua baña a todos los continentes, el aire no conoce fronteras y la tierra acoge a todos los seres vivos del planeta.
¿Qué significa comprometerse?
Comprometerse es cuando suena la trompeta, lanzando su llamada al silencio de nuestra alma, para que despertemos del letargo de nuestro confort y nos preparemos para tomar la responsabilidad de nuestra vida. Significa asumir las consecuencias de nuestros actos hacia nosotros mismos y hacia los demás. No es cuestión de grandes palabras ni de grandes hazañas, sino llevar la acción serena a nuestra vida cotidiana sin permitir la violencia en ningún momento.
Todos llevamos un arcoíris en nuestro interior que nos aporta espiritualidad, siendo el puente entre el cielo y la tierra cuyo símbolo es la vida. Haciendo el silencio en nuestra alma, oiremos sus palabras reconfortantes en cada momento.
En la actualidad, con la globalización todo parece más fácil, pero no lo es. Lo que pasa en el otro extremo del mundo nos afecta a todos, su sufrimiento es el nuestro y todos sufrimos las consecuencias. Nos perdemos en las redes sociales que nos alimentan con noticias reales o falsas; necesitamos aparentar para existir y esto trae mucho resentimiento y rabia que termina en violencia verbal o física. Los compromisos necesitan fuerza, voluntad y disciplina para que cuando vengan esas tormentas de arena, que vendrán, nos podamos cobijar en nuestro interior. Muchas veces estamos tan confusos que nos sentimos como David delante de un millar de gigantes, sintiéndonos derrotados por esas personas que destilan emociones de odio y resentimiento por sus poros y nos hacen perder el equilibrio. Aunque estemos confundidos y tristes, debemos mantener la calma en nuestra alma, así la confusión y la tristeza pasarán rápidamente.
La tasa de violencia en el mundo se ha disparado. La violencia es la desesperanza muda de los débiles que actúan como marionetas de sus propios egos, son aves rapaces del desierto que salen de noche para cazar, porque temen la luz del sol al haber perdido el sentido de ser humanos.
La paz es la fuerza que nos enseña a amar y a vivir con responsabilidad en nuestras acciones cotidianas. Hay que aprender a jugar con los vientos y a utilizar las herramientas necesarias para balancearnos o protegernos ante un tornado o una tormenta de arena, como lo hacen las espigas cuando sopla el viento fuerte se balancean para no romperse.
La paz aporta un nuevo espíritu a nuestra vida, nos sentimos vivos y observamos la belleza y la grandeza que nos rodea: una mirada cálida, una sonrisa de corazón, una caricia de amor, un amanecer o un atardecer, una flor, una montaña… El compromiso de la paz no es una panacea de color de rosa, pero sí es una actitud ante la vida y sus vicisitudes que nos proporciona la fuerza humilde necesaria para luchar y avanzar porque caminamos en el sendero sagrado de la Vida.
por Ángeles Carretero | Abr 8, 2018 | Artículo
Tú y yo, hombre y mujer, somos un torbellino de ideas vivas, lo que nos hace ser únicos y maravillosos con nuestros miedos y sufrimientos, fuerzas y alegrías. Todos somos caminantes en este planeta llamado Tierra aunque caminemos en diferentes direcciones; algunos han olvidado el significado de los valores de ser un humano: respeto, justicia, dignidad, generosidad lo que conlleva a ayudar, a compartir, a amar, a escuchar, a dialogar, a no juzgar y sobre todo a perdonar… Este olvido ha generado y genera -a lo largo de los diferentes caminos- sequía en esas almas que rompen la tierra cuya vida ha dejado de circular por sus venas ocasionando hambrunas y muertes.
Las leyes universales de respeto y dignidad llevan a la libertad del ser humano y son las claves para una convivencia pacífica; además, existen normas y leyes específicas a cada país para crear un bienestar social que lleve a la paz, “paz = ausencia de conflicto, -actitud serena ante la vida-”. La democracia es la mejor forma de gobierno para cualquier sociedad, y, debe aspirar a la libertad, a la paz, a la seguridad y a la igualdad de los ciudadanos; si no se respetan estos principios la sociedad se desarrollará en la frustración y resentimiento provocando conflictos y creando grandes abismos con consecuencias muy graves para todos.
Los principios de las leyes universales, no se ven, pero son un reflejo de nuestra vida y de nuestro comportamiento; si respetamos estos principios nuestra sociedad avanzará pacíficamente, tendiendo puentes, incluso, en espacios inexplorados sin importar los obstáculos; en caso contrario, nuestra sociedad agonizará por la tiranía de la injusticia, levantando muros para mantener prisioneros a los ciudadanos impidiendo que no ejerzan sus derechos humanos a pensar, elegir y vivir, pues quedan a la merced de dirigentes que suprimen las libertades sociales, políticas e individuales, creando la autocracia -régimen autoritario que mantiene al pueblo en la miseria y los controla por medio del miedo- y es adversaria de la democracia.
La Humanidad y el Planeta necesitan la ayuda de todos nosotros para volver a regenerarse y así todos poder beneficiarse de su diversidad y riqueza. Es inaceptable que unos cuantos busquen sus propios beneficios y rompan compromisos que atañen a todos los ciudadanos del mundo, sin importarles las consecuencias que sufrirán la Humanidad y el Planeta. Para restablecer los compromisos entre países es fundamental que se piense de modo global, Unidad, Humanidad, Planeta, y, para ello, es necesario el respeto a las ideas, creencias, modos de vida y costumbres de cada uno de sus componentes, siendo fundamental la educación y la cultura. Educación para saber y poder elegir; cultura que, además de conocimientos humanos, significa “culto a uno mismo” -no en sentido egocéntrico- sino el de llegar a conocernos a nosotros mismos para desarrollar la empatía hacia los demás y mejorar nuestra convivencia.
Los gobiernos lo componen seres humanos -como tú y yo- con sus fuerzas y debilidades. Como ciudadanos que todos somos, debemos aprender a respetar a nosotros mismos y a los demás, luchar para que los valores morales y éticos de las leyes universales marquen nuestra conducta y así asegurar la libertad, la seguridad y la paz de la sociedad; los políticos no deberían aferrarse al sillón del poder porque el poder si no es bien comprendido y utilizado en su forma correcta -crear un bienestar mayor y común-, incrementa el ego y apego de sus usuarios creando un virus de terror que se expande como una pandemia infectando a todos los ciudadanos y llevando al país al abismo.
Todos somos responsables de nuestros actos y sus consecuencias buenas o malas tocan al conjunto de la Humanidad; matar a un individuo es matar a la Humanidad, salvar a un individuo es salvar a la Humanidad.
La vida es como una partida de ajedrez, tenemos que aprender a jugar y a reflexionar antes de cada jugada, no debería existir “jaque mate” en la democracia; solo jugadas reflexivas para mejorar la sociedad y así evitar la tiranía de la injusticia.
(foto de la red)
por Ángeles Carretero | Mar 29, 2018 | Artículo, Pensamientos
Cuenta la leyenda que cuando aparece un cisne negro nada será como antes, pues marca un punto de inflexión.
Ese punto de inflexión es la siembra en los campos; semillas de libertad o violencia, todo depende de nuestra elección.
A muchas personas les gusta preservar bien su coto de caza, cultivando campos de violencia, creando armas cada vez más sofisticadas, estado a la merced de cualquier persona y pudiéndose adquirir desde una edad temprana con consecuencias terribles no solo para sus familiares y amigos, sino para la toda la Humanidad al sentir impotencia ante tal horror, crueldad e irresponsabilidad. Todas las víctimas tenían un futuro que deseaban vivir y un destino por el que luchaban para ir a su encuentro, pero la maldad de algunos lo han impedido. Con sus actos y decisiones han destruido a muchas personas, dejándolas como animales heridos, sin saber cómo pueden salir de ese voraz dolor y de esas heridas en el alma.
Los campos sembrados de libertad son campos abiertos cuyas simientes hacen crecer la paz, la seguridad y la igualdad de todos los seres humanos, estando simbolizada por la democracia y siendo contraria a la autocracia. Si no se respeta la libertad —entiéndase por libertad, respeto, justicia, derechos y obligaciones de todos—, la sociedad se divide y empieza a buscar otros caminos, entre ellos la violencia cuya furia subyacente emergerá cuando menos se espere, causando un daño irreparable.
La vida es un río donde el agua fluye sin cesar, el agua estancada crea moho y malos olores. Los dirigentes deben ser como ríos, fluir en la dirección del agua, de la vida e ir cambiando para aportar nuevos nutrientes de libertad a la sociedad.
Todos, ciudadanos y gobernantes, debemos tener el mismo objetivo: la libertad, que como la primavera eclosiona en colores y flores de paz, respeto, justicia, igualdad… trayendo fragancias y nueva vida. Todos somos seres humanos, con nuestras fuerzas y debilidades, y, todos debemos aprender a respetarnos a nosotros mismos y a los demás; a luchar con valores morales y éticos para poder asegurar la libertad en la sociedad; en caso contrario, degeneraríamos en una autocracia donde germina el virus del miedo y de la corrupción que se expande como una pandemia por todo el planeta infectando a toda la Humanidad. Todos somos responsables de nuestros actos y las consecuencias buenas o malas tocan al conjunto de la Humanidad. Matar a un individuo es matar a la Humanidad, salvar a un individuo es salvar a la Humanidad.
La Humanidad es un torbellino de vida, de proyectos, de relaciones, de culturas, de ideas vivas, por lo que hay que construir puentes para comunicarse y unirse. Los campos de violencia deben desaparecer para ser sembrados con semillas de paz y evitar más matanzas. Nadie puede saber cómo va a ser la vida de otro, sus decisiones y su tiempo le pertenecen; nadie debe terminar con la vida de otra persona, esto es, ir contra natura.
Los vientos del destino hacen que el cisne negro retome su camino, su marcha nos deja una estela de pensamientos y reflexiones para evitar que se disparen flechas que solo traen guerra a la vida y un sufrimiento voraz que nos destruye. Hay que dejar de ser destructores de la Humanidad y crear campos de cultivo, de libertad para recoger paz, seguridad, igualdad, respeto, justicia… “La no violencia es un principio de vida para crear un mundo mejor”.
El cisne negro nos ha dejado una pluma que lanzo al viento para que se convierta en ala y llegue al corazón de la Humanidad, donde la flor de la armonía se abre en esta primavera.